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El puente cruje

Los primeros pasos de Javier Milei en la Presidencia, y en especial el DNU anunciado el miércoles, acentuaron las tensiones entre el actual oficialismo y el peronismo, de algún modo reunificado tras la derrota electoral.

Como si se tratara de la combinación de masas diferentes de aire que dan origen a un huracán, las concepciones políticas totalmente distintas de libertarios y la principal franja opositora también instalaron una tensión que no tiene antecedentes en estos cuarenta años de democracia. Algo parecido sucedió en 2008, con el enfrentamiento entre el gobierno de Cristina Kirchner y el ruralismo por las retenciones a las exportaciones del agro, pero aun aquello no alcanzó a los niveles de virulencia que vemos en la confrontación del presente. En parte por la manera en que el tornado actual involucra a toda la sociedad, en parte porque ahora el clima social suma un recalentamiento feroz a raíz de la crisis y el estallido inflacionario. 

El ciudadano independiente, ese que definió el partido entre La Libertad Avanza y Unión por la Patria en el balotaje presidencial, se siente -cada vez más- parado en una zona que está encerrada entre las dos líneas de fuego. Los contendientes juegan con la salud mental de esa gente. Unos le dicen que el sufrimiento permitirá llegar al comienzo de un camino de restauración; los otros le aseguran que el sacrificio es absolutamente inútil y está pensado para los grupos que nunca resultan afectados cuando la Argentina explota. ¿A quién creerle? 


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Uno de los símbolos del agravamiento veloz de la inflación y el empobrecimiento: las remarcaciones brutales de los precios de los combustibles.

EL PEOR MES

Hay un factor menor, pero no tanto, que añade una complicación. Es la desgracia de que los recambios gubernamentales en nuestro país se realicen en diciembre (excepto, en su momento, las asunciones, en situaciones institucionales excepcionales, de Carlos Menem y Néstor Kirchner). La maldición alcanza a cada tanda de nuevos gobernadores. Casi invariablemente asumen en condiciones desfavorables, se encuentran con herencias llenas de filos cortantes y deben evitar que las cosas empeoren en un mes en el que lo bueno y lo malo se potencian. Si hay alegría, diciembre es todavía más alegre. Si hay frustración, diciembre vuelve todo aún más frustrante. Hay más ansiedad, más vértigo, más melancolía, más demandas de todo. Hay que pagar aguinaldos. En diciembre hasta el más amargo exige ser feliz. Eso, en las condiciones presentes, es una mezcla inflamable.

No quita que, de todos modos, lo que está pasando en los hogares y en las calles sería durísimo en cualquier punto del calendario. Pero lo torna peor.

También lo empeora la falta de autocrítica de quienes gobernaron hasta hace dos semanas. Hablan de ajuste, inflación y pobreza como si todo eso hubiera comenzado el 10 de diciembre. Pero sobre todo, no asumen el fracaso. Y, como bonus track, envenenan el ánimo de una sociedad sometida a cirugía mayor sin anestesia.

ABANDERADOS DE SÍ MISMOS

Hay algo más, y es la hipocresía. Ahora que las calles y las redes se llenan de llamados grandilocuentes a defender "la Patria", deberían tener la sinceridad de decir desde dónde lo plantean. En la inmensa mayoría de los casos, son dirigentes, militantes, intelectuales, periodistas, opinadores, que se beneficiaron de manera directa con el manejo discrecional e irresponsable de los recursos públicos en los últimos años. Es fácil defender un modelo que les permitió convertirse -sin méritos verificados, sin examen de ingreso, por la sola vinculación política o familiar con algún referente o mediante convocatorias amañadas- en personal del Estado o en beneficiarios de contrataciones y adjudicaciones obtenidas del mismo modo. Son los que hablan de "caza de brujas". Ingresaron por mera pertenencia partidaria a sus lugares, se rehúsan a irse por el mismo motivo. Y usan como escudos humanos a los precarizados que sí se merecen la estabilidad laboral.

Es verdad, como se dice desde hace bastante, que lo que se abre es una batalla cultural. Hay cosas que están mal en cualquier lado, pero que aquí son discutibles. Uno de los grandes debates nacionales es si los cortes de calles y rutas deben ser tolerados o no. ¿No es loco que todavía lo debamos discutir? Se plantea que es inadmisible que el Estado revise si todas las personas a las que asiste con programas para desempleados reúnen los requisitos para percibirlos. ¿Por qué no? ¿Qué hace pensar que una persona de 30 años, sana, que lleva una década cobrando uno de esos beneficios, no puede procurarse por sí mismo su medio de vida? Se considera persecución que se pretenda quitar de en medio de la asistencia social a los dirigentes de las organizaciones piqueteras. ¿Cómo puede ser que un dirigente cualquiera pueda, sin control alguno, asignar miles de "becas" sostenidas con fondos públicos? En otros tiempos quienes aspiraban a una ayuda semejante eran estudiantes que solicitaban esos aportes y acreditaban sus méritos escolares para recibirlos y mantenerlos, así como la precariedad económica de sus hogares para justificar la solicitud. ¿Qué estaba mal en hacerlo de ese modo? 

ZONA DE RIESGO

El nuevo gobierno sacudió el castillo con un decreto de necesidad y urgencia que eclipsó por completo los escasos anuncios que la semana anterior había presentado el ministro Caputo. El mensaje de Javier Milei plantea una patada a casi todo lo que vino siendo el paradigma del último cuarto de siglo. Tiene semejanzas con el ajuste y las reformas instrumentadas por Carlos Menem en los ’90, con la diferencia de que el riojano hizo campaña con todas esas cartas guardadas en la manga y prometiendo un programa de gobierno clásicamente peronista. Luego se excusó tenuemente: "Si hubiera dicho lo que pensaba hacer, no me hubiera votado nadie". Milei, en cambio, modificó algunas cosas (bajó o acomodó en algún punto impreciso del futuro sus ideas más extremas, como la dolarización o el cierre del Banco Central), pero nunca dejó de transmitir que llegaba para talar el gasto público y todo lo que se le pusiera en el camino. También había avisado que no habría gradualismo: la motosierra en una mano, el hacha en la otra.

Por supuesto que para quien lo escuchó -y votó- una cosa es estar avisado y otra muy distinta vivir el día a día de lo anticipado. El día de la asunción presidencial, en la plaza de Mayo la gente coreó el ajuste sin haber probado ni un bocado de él. Ahora el plato va a aterrizando sobre las mesas. Lo que se vio hasta ahora es solo el comienzo. Luego comenzarán a llegar las facturas de servicios sin subsidios, las nuevas cuotas de los colegios privados y la medicina prepaga, las remarcaciones que seguirán en los supermercados y las estaciones de servicio, más numerosos etcéteras. Será el momento de la verdad para el crédito político del nuevo gobierno. 

Mientras tanto, la mayor fuente de apoyos para Milei parece estar en lo disruptivo de sus políticas. Todo es diferente a lo anterior, y lo anterior tuvo resultados tan malos que para los votantes del La Libertad Avanza la ecuación es simple: es diferente, es mejor. En realidad, quizá solo es otra manera de estar mal. El tiempo dirá si era una cosa o la otra. 

Lo que sí ya puede verse es que el endurecimiento de una situación económica que ya venía siendo demoledora pone todo a crujir. Milei pide cruzar un puente de sufrimientos y asegura que del otro lado está la salvación. ¿Pero será soportable el trayecto? ¿O el cruce es simplemente imposible para millones de personas? Es el mayor riesgo de la apuesta presidencial a todo o nada. Porque lo que no se ve hasta aquí es cuáles serán las mallas de contención, los salvavidas que piensa repartir el gobierno para "asistir a los caídos", el eufemismo que eligió Milei antes de asumir. ¿Qué pasará con las jubilaciones, que hoy en promedio no alcanzan a solventar gastos de siquiera una quincena de subsistencia? ¿Qué con los salarios? ¿Qué con los miles de trabajadores que desde hace meses se están quedando sin empleo y que crecerán rápidamente en número? ¿Qué con los millones de auxiliados por el Estado a los que el kirchnerismo ayudó a ser pobres crónicos porque jamás se interesó en hacer coexistir el pago de esos programas con un sistema de capacitación laboral que diera herramientas con las cuales romper la dependencia total del asistencialismo?

Demasiadas preguntas abiertas para un tiempo en el que todo quema.

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