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Atravesar el desierto

En los textos bíblicos la idea de atravesar el desierto hace referencia a la experiencia de vivir momentos difíciles con la promesa de llegar a la tierra prometida. El concepto se ajusta a la perfección a lo vendrá en los próximos meses, cuando los efectos de la fuerte devaluación en las tarifas de los servicios públicos, el precio de los combustibles y de los alimentos se sientan en los bolsillos.

El impacto de la inflación de los próximos meses será brutal, avisan economistas que se posicionan a ambos lados de la línea divisoria que caracteriza a la sociedad argentina en casi todos los temas. También advierten que no hay que confundir un plan de ajuste con lo que significa un verdadero programa de estabilización, que requiere mucho más que la fuerte pérdida de valor del peso anunciada por el ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, la semana pasada. Un repaso por la historia de la economía argentina de las últimas décadas muestra que la reducción del déficit en cinco puntos, como se propone el gobierno nacional, se traducirá necesariamente en una fuerte contracción de la actividad económica, lo que obligará a buscar alternativas viables para que ese efecto no conspire contra la estabilización que toda la sociedad espera. El giro pragmático que muestra la gestión Milei así lo confirma, sobre todo en lo que hace a las decisiones que tomó para cubrir casilleros en lugares clave de la administración que no podían completarse con militantes de su partido, ya que se trata de una fuerza política casi sin trayectoria.

Pero nada de eso defrauda a los fieles creyentes de las propuestas libertarias, para quienes el desierto es una oportunidad para confiar y fortalecer el espíritu en medio de la adversidad. Algo de eso hay en el electorado variopinto de La Libertad Avanza que, ante la realidad que se impone, repite casi como un mantra: hay que tener fe. Sin embargo, una administración que necesita tener margen de maniobra requiere una base más amplia que otorgue crédito social, aunque sea en el corto plazo. Y es aquí donde surgen nuevos interrogantes: ¿Qué porción de la población está dispuesta a hacer el sacrificio? Un trabajo de investigación realizado por un equipo multidisciplinario coordinado por las consultoras Trespuntozero y La Sastrería preguntó (solo entre ciudadanos que están de acuerdo con las medidas de ajuste) si los recortes deberían afectar a su bolsillo. El 65,5 % marcó la opción "no, no debería afectar a personas como yo"; mientras que el 26,1% de los consultados dijo que "sí, debería afectar a personas como yo". El 8,4% dijo que no sabía qué responder. En otras palabras, la mayoría de los consultados está de acuerdo con ajustar siempre y cuando el cinturón sea del otro. Según las encuestas, el gobierno nacional tiene, como todas las administraciones que recién se ponen en marcha, una imagen positiva que le permite sortear las primeras dificultades. Sin embargo, los analistas de opinión pública advierten que esos períodos no suelen ser, por lo general, muy extensos ya que la ciudadanía espera resultados en el corto plazo, especialmente cuando se generan grandes expectativas con las promesas que se realizan en las campañas electorales. Queda por ver cómo sobrellevará la población, especialmente los sectores medios, los efectos de la devaluación en los precios de los servicios, la cuota de los colegios privados, los combustibles, alquileres y una larga lista de variables que marcarán los límites y posibilidades de una nueva realidad para muchas familias.

En ese contexto, la metáfora del desierto será mucho más que una metáfora para los chaqueños, que deberán atravesar las dificultades en medio de jornadas con altas temperaturas. Lo mismo puede decirse para casi la mitad del país que, según los pronósticos del Servicio Meteorológico Nacional, podría enfrentar este verano temperaturas promedio superiores a las registradas en los últimos años. Para colmo, acceder a un equipo de aire acondicionado será cada vez más difícil. El diciembre de 2022 un aparato nuevo de 3000 frigorías tenía un valor cercano a los $120.000, mientras que hoy cuesta casi $600.000.

En marzo de 1984, con la democracia en pañales, Raúl Alfonsín celebró sus primeros 100 días de gobierno frente a una multitud que colmó la Plaza de Mayo para escuchar su discurso. Hoy la realidad es otra, muy diferente. Hay quienes aseguran que la luna de miel de los gobernantes con sus gobernados ahora es mucho más breve.

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