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REAL HISTORIA DE INDIOS

Balbín-Perón un solo corazón y la Democracia actual

Respirar Democracia en el presente, tiene que ver con el acuerdo de los dos líderes de la década de los 70. Se limaron asperezas políticas después de confrontar por varios años. Ninguno fue reticente para el pacto en favor de los argentinos y el País. Se olvidaron de la cárcel y de los fusilamientos.

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La carta de Perón a Balbín

Madrid 25 de septiembre de 1970, señor doctor D. Ricardo Balbín, Buenos Aires. Estimado compatriota: El señor Secretario General del Movimiento Nacional Justicialista, don Jorge Daniel Paladino, me ha enterado de la conversación que ha mantenido con usted y de las ideas por usted sustentadas con referencia a la situación que vive el país y deseo manifestarle que las comparto totalmente.

Tanto la Unión Cívica Radical del Pueblo como el Movimiento Nacional Justicialista son fuerzas populares en acción política. Sus ideologías y doctrinas son similares y debían haber actuado solidariamente en sus comunes objetivos. Nosotros, los dirigentes somos probablemente los culpables de que no haya ido así. No cometamos el error de hacer persistir un desencuentro injustificado. 

Tanto Usted como yo "estamos ya amortizados", casi "desencarnados". Ello nos da la oportunidad de servir a la Patria en los momentos actuales, ofreciendo una comprensión que nos haga fuerte para enfrentar, precisamente, la arbitrariedad de los que esgrimen la fuerza como única razón de su contumacia. 

Como hemos sido víctimas ya de los intentos de disociación por la descomposición de algunos de nuestros dirigentes, tentados por la dictadura militar en diálogo no confesables, no queremos que Ustedes lleguen a pensar lo mismo de nosotros. Tenemos vinculaciones con radicales del Pueblo pero, tratándose de llegar a acuerdos solidarios entre nuestras fuerzas, no hemos de recurrir sino a las autoridades naturales del partido, personificadas en Usted. 

Separados podríamos ser instrumento, juntos y solidariamente unidos, no habrá fuerza política en el país que pueda con nosotros y, ya que los demás no parecen inclinados a dar soluciones, busquémoslas entre nosotros, ya que ello sería una solución para la Patria y para el Pueblo Argentino. Es nuestro deber de argentinos y, frente a ello, nada puede ser superior a la grandeza que debemos poner en juego para cumplirlo. 

El compañero Paladino, podrá ampliarle mis pensamientos al respecto. Le ruego que, con mis saludos de compatriota, quiera aceptar mis mejores deseos. Juan Domingo Perón. 

De Balbín a Perón

La Plata, Abril 7 de 1971 - Al señor general Don Juan Domingo Perón. Madrid. Estimado compatriota: Contesto con agrado su amable carta y lo hago en momentos en que actos positivos acreditan la voluntad común de servir lealmente la legítima causa de nuestro pueblo.- Estoy muy persuadido que la unión de los argentinos en la tarea más importante que nos toca realizar.

Muchos años de desencuentros y luchas entre nosotros, cualquiera fuera la legitimidad de nuestras respectivas causas, han dado como consecuencia la vulnerabilidad de nuestro país ante los enemigos externos y el estancamiento en nuestro desarrollo interno.

Por eso estoy convencido de que todos los esfuerzos que hagamos para superar el pasado y construir el futuro sin resentimientos, están encaminados al triunfo. "La Hora del Pueblo" recibida con escepticismo se ha convertido en el hecho político más importante de nuestro tiempo y ha provocado en el régimen la necesidad de buscar una salida más o menos rápida con una retirada decorosa.

Para ello ha contribuido en mucho el apoyo que Ud. le ha prestado y la capacidad, paciencia y tacto con que se ha manejado el Secretario General del Movimiento Justicialista Señor Paladino.

Ahora nadie podrá basarse en las "antinomias" como pretexto para continuar gobernando al país como una factoría.- Pero falta mucho camino todavía, en el que debemos fortalecer esta comprensión llevándola a las bases para que ellos con su fuerza incontrastable aseguren la institucionalización del país y un porvenir estable.

Desde la altura a la que nuestras vidas han llegado solo puede movernos el interés de la Patria y nadie osará atribuirnos propósitos personales, por lo que creo firmemente que la continuidad de nuestro trabajo por la unión de los argentinos será coronada por el éxito. Saludo a usted cordialmente Ricardo Balbín. 

Ricardo Balbín en las exequias de Perón


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1 de julio de 1974, Olivos. Llego a este importante y trascendente lugar, trayendo la palabra de la Unión Cívica Radical y la representación de los partidos políticos que, en estos tiempos, conjugaron un importante esfuerzo al servicio de la unidad nacional: el esfuerzo de recuperar las instituciones argentinas y que, en estos últimos días, definieron con fuerza y con vigor su decisión de mantener el sistema institucional de los argentinos. 

En nombre de todo ello, vengo a despedir los restos del señor Presidente de la República de los argentinos, que también con su presencia puso el sello a esta ambición nacional del encuentro definitivo, en una conciencia nueva, que nos pusiera a todos en la tarea desinteresada de servir la causa común de los argentinos. 

No sería leal, si no dijera también que vengo en nombre de mis viejas luchas; que por haber sido claras, sinceras y evidentes, permitieron en estos últimos tiempos la comprensión final, y por haber sido leal en la causa de la vieja lucha, fui recibido con confianza en la escena oficial que presidía el Presidente muerto. 

Ahí nace una relación nueva, inesperada, pero para mí fundamental, porque fue posible ahí comprender, él su lucha, nosotros nuestra lucha y, a través del tiempo y las distancias andadas, conjugar los verbos comunes de la comprensión de los argentinos. Pero guardé yo, en lo íntimo de mi ser, un secreto que tengo la obligación de exhibirlo frente al muerto. 

Ese diálogo amable que me honró, me permitió saber que él sabía que venía a morir a la Argentina, y antes de hacerlo me dijo: "Quiero dejar por sobre todo el pasado, este nuevo símbolo integral de decir definitivamente, para los tiempos que vienen, que quedaron atrás las divergencias para comprender el mensaje nuevo de la paz de los argentinos, del encuentro en las realizaciones, de la convivencia en la discrepancia útil, pero todos enarbolando con fuerza y con vigor el sentido profundo de una Argentina postergada".

Por sobre los matices distintos de las comprensiones, tenemos todos hoy aquí en este recinto que tiene el acento profundo de los grandes compromisos, que decirle al país que sufre, al pueblo que ha llenado las calles de esta ciudad sin distinción de banderías, cada uno saludando al muerto de acuerdo a sus íntimas convicciones, los que lo siguieron, con dolor; los que lo habían combatido, con compresión, que todos hemos recogido su último mensaje:  "He venido a morir en la Argentina, pero a dejar para los tiempos el signo de paz entre los argentinos". Frente a los grandes muertos... frente a los grandes muertos tenemos que olvidar todo lo que fue el error, todo cuanto en otras épocas pudo ponernos en las divergencias; pero cuando están los argentinos frente a un muerto ilustre, tiene que estar alejada la hipocresía y la especulación para decir en profundidad lo que sentimos y lo que tenemos". 

Los grandes muertos dejan siempre el mensaje. Sabrán disculparme que recuerde, en esta instancia de la historia de los argentinos, que precisamente en estos días de julio, hace cuarenta y un años el país enterraba a otro gran presidente: el doctor Hipólito Irigoyen. 

Lo acompañó su pueblo con fuerza y con vigor, pero las importantes divergencias de entonces colocaron al país en largas y tremendas discrepancias, y como un símbolo de la historia como un ejemplo de los tiempos, como una lección para el futuro, a los cuarenta y un años, el país entierra a otro gran presidente. 


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Pero la Fuerza de la República, la comprensión del país, pone una escena distinta, todos sumados acompañándolo y todos sumados en el esfuerzo común de salvar para todos los tiempos la paz de los argentinos. 

Este viejo adversario despide a un amigo. Y ahora, frente a los compromisos que tienen que contraerse para el futuro, porque quería el futuro, porque vino a morir para el futuro, yo le digo Señora Presidente de la República (Isabel Martínez): los partidos políticos argentinos estarán a su lado en nombre de su esposo muerto, para servir a la permanencia de las instituciones argentinas, que usted simboliza en esta hora. 

Ricardo Balbín falleció en La Plata el 9 de septiembre de 1981 a los 77 años. La muerte del dirigente radical fue un nuevo factor de incertidumbre para el futuro político de Argentina.

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