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La hazaña del funambulista

En la mañana del 7 de agosto de 1974, el equilibrista francés Philippe Petit cruzó caminando sobre un cable que unía las terrazas de las Torres Gemelas, en Nueva York.

Ese día, las personas que caminaban por las calles de Manhattan contuvieron la respiración hasta que el funambulista logró su cometido: completar el trayecto a más de 400 metros de altura.

En nuestro país nunca se vivió un espectáculo similar. Sin embargo, desde el regreso de la democracia la ciudadanía elige periódicamente a una persona para ocupar el sillón de Rivadavia y llevar adelante una tarea que, por la magnitud de los desafíos, obliga, como mínimo, tener la misma capacidad de los mejores funambulistas: llegar a la meta haciendo un fino equilibrio. Como todos sabemos, los últimos intentos de atravesar ese alambre tensado que es la siempre compleja y difícil realidad argentina sumaron más tribulaciones que seguridades. A tal punto que hoy muchos se preguntan dónde estamos parados.

El domingo pasado el electorado eligió, por mayoría, a la persona que tendrá la tarea de caminar sobre la cuerda. Será el economista Javier Milei, cuyas audaces y controvertidas propuestas de campaña electoral convencieron a poco más de 14 millones de votantes de que es la persona más adecuada para emprender acciones poco comunes sin temer las dificultades o el riesgo que implican. Los primeros pasos formales de la travesía se darán el 10 de diciembre próximo. Y en el camino, deberá llevar una mochila con mucho peso: economía en recesión, altos índices de pobreza (por arriba del 40%), brecha cambiaria, inflación de casi 140% anual y salarios con caídas estimadas que van desde un 5% a un 10% sólo en el último año. Hay quienes aseguran que la gestión del nuevo presidente se ajustará a lo que plantea el llamado Teorema de Baglini, que tomó ese nombre del entonces diputado nacional por la Unión Cívica Radical, Raúl Baglini, que en formuló el famoso enunciado en una reunión de la Comisión Bicameral en la que se trataba otro asunto espinoso en el debate público: la deuda externa. Palabras más, palabras menos, lo que observó el legislador radical es que cuanto más lejos se está del poder, menos responsables son los enunciados políticos. En cambio, cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven. Traducido a estos tiempos, eso significa que la propuesta de Milei para dolarizar la economía fue en cierto punto una muy buena estrategia para su campaña, pero en la práctica, al parecer, no resulta viable. Economistas de distintas consultoras coinciden en señalar que las primeras medidas que adopte el nuevo presidente deberán estar enmarcadas en un plan de estabilización. También admiten que la situación actual, en materia económica, no ofrece mucho margen para actuar en forma gradual y que la herencia que recibe dista mucho de ser la mejor, ya que faltan dólares en las reservas del Banco Central y hay una fuerte distorsión de precios relativos. Pero eso no es todo. En el sector empresario se observa una gran incertidumbre por los costos de reposición. En la edición de ayer de NORTE se informó que a nivel local se registraron aumentos de hasta un 40% en las listas de precios recibidas por mayoristas. Por otra parte, los gobernadores no ocultan su preocupación por el futuro de las transferencias de fondos discrecionales desde Nación a las provincias y todo hace prever que habrá arduas negociaciones para lograr quedarse con al menos una pequeña porción de una frazada que no alcanza para tapar a todos. Además, a diferencia de 2015 cuando asumió Mauricio Macri asumió el Ejecutivo nacional, hoy el gobierno argentino no dispone de crédito para recomponer las reservas. Durante la campaña, Milei dijo que iba a modificar el modelo de transferencias de la Nación a las provincias, pero ahora queda por ver si hay margen para avanzar con esa medida o si, como advierten algunos, esa idea también se enmarcará dentro del llamado Teorema de Baglini. Para bien de todos, es de esperar que logre emular la hazaña del equilibrista francés que evocamos al comienzo de esta columna, es decir, que complete su mandato con una economía estabilizada y con el menor costo posible para los sectores más vulnerables.  

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