La ciencia no es cara. Cara es la ignorancia
Un investigador argentino descubrió una proteína clave del sistema inmunitario que sirve como base para tratamientos contra el cáncer y enfermedades autoinmunes.
Se trata del cordobés, Gabriel Adrián Rabinovich, cuyo hallazgo obtuvo el reconocimiento de la comunidad científica internacional. Explica, a quien quiera escucharlo, que la característica clave de un buen científico es la capacidad de sobreponerse a los fracasos. Y en estos tiempos en los que algunos siembran dudas sobre la conveniencia de la inversión pública en investigación, recuerda que la ciencia genera trabajo, lo que se traduce en desarrollo productivo para la Argentina.
En su cuenta de la red social X (antes Twitter) Rabinovich cita una frase del científico argentino Bernardo Houssey (Premio Nobel de Medicina de 1947): "Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico tecnológico. Y los países pobres lo seguirán siendo si no lo hacen. La ciencia no es cara. Cara es la ignorancia". Y en un artículo que Rabinovich escribió en colaboración con la investigadora, Ada G. Blidner, titulado "El discurso anti-ciencia y la lógica del Titanic", recuerda que luego de lanzar una compañía biotecnológica dedicada a la generación de productos para el tratamiento del cáncer y enfermedades inmunológicas; "hoy somos aceptados como científicos productivos". "Hace 30 años menos un mes podríamos haber sido considerados, según la lógica de Milei, ñoquis del Estado. El descubrimiento, los miles de experimentos, las hipótesis comprobadas una y otra vez que nos hicieron estar un paso más cerca de convertir las ideas en tratamientos y que fueron financiados por el Estado argentino y organizaciones sin fines de lucro, hubieran sido tomadas como pérdidas de tiempo", agrega.
Rabinovich publica trabajos en las revistas científicas más prestigiosas del mundo. En 2017 fue incorporado a la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos en reconocimiento a su trayectoria y, especialmente, al descubrimiento de la Galectina 1, una proteína que puede servir para combatir distintos tipos de cáncer y otras enfermedades autoinmunes. Algunos colegas ven en aquella incorporación un pergamino que lo asocia a otros científicos que ganaron Premios Nobel y que formaron y forman parte de esa academia. Pero no son sus únicos galardones. También fue distinguido como Investigador de la Nación, el premio máximo que se otorga a los científicos argentinos. Y hoy sigue empeñado en lograr que su descubrimiento sirva para ganar la batalla a muchas enfermedades. Al parecer, no falta mucho para que eso ocurra: actualmente 60 laboratorios de diferentes países llevan a cabo investigaciones a partir del hallazgo del científico argentino y, aunque las reservas y el bajo perfil caracterizan a las empresas del sector, hay quienes aseguran que el camino iniciado es muy prometedor y que se está cada vez más cerca de aplicar los conocimientos logrados en nuestro país para tratar pacientes de todo el mundo.
Rabinovich suele recordar que cuando detectó la Galectina 1, los investigadores ni siquiera sabían para qué servía. Pero lejos de estar perdiendo el tiempo, el empeño hizo posible describir un nuevo mecanismo que permite a los tumores evadir el ataque del sistema inmune. Sin proponérselo, abrieron las puertas al diseño de estrategias de inmunoterapia que permiten controlar el crecimiento de tumores y su capacidad de invadir nuevos tejidos, que es uno de los grandes retos de la medicina moderna. Es que el trabajo desarrollado en el campo de la inmunoterapia que aporta nuevas estrategias para combatir el cáncer revela cómo muchos de los proyectos de ciencia básica de largo plazo derivaron en aplicaciones concretas que pueden beneficiar a los pacientes. En ese sentido, el propio Rabinovich observa que todas las soluciones que se ofrecen en los consultorios comenzaron con el estudio de moléculas en el laboratorio. Nuestro país necesita políticas públicas que impulsen la investigación básica. Así lo propuso el propio Houssay al impulsar en la década del 50 la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Sobran ejemplos de investigaciones básicas que luego tuvieron un gran impacto en la sociedad: el desarrollo del Sistema de Posicionamiento Global, más conocido como GPS, o el surgimiento de la red internet, son algunos de ellos. Sería un error desplazar a la ciencia y a los investigadores a un segundo plano desfinanciando investigaciones.










