Somos mediocres, lo tenemos que admitir
Hay razones, diversas, por cierto, y tan arraigadas en el tiempo, que ha distorsionado la visión del hombre argentino. No es que no estemos viendo la realidad, se trata de que tenemos un problema de vista. Vemos todo confuso y a lo malo llamamos bueno.
En la Argentina donde se socavaron los valores de la ética y de la moral, vemos borroso el paisaje. Así, el que anda fuera de la ley, prospera económicamente y los organismos de contralor están para pescar en la pecera a los contribuyentes, y no a los evasores.

Los que apuestan e invierten aquí son objeto de una feroz carga tributaria. Nada se le escapa al sistema. Como un gran ojo del proyecto Gran Hermano, donde encerrados en una gran casa, hay cámaras que observan todo, inclusive en los baños.
En la Argentina, estamos cansados de criticar a los dirigentes. Pero obviamos preguntarnos: ¿de dónde vienen los dirigentes? Vienen de la gente, es decir, de nosotros, de la sociedad.
Eso implica que la sociedad tiene una visión borrosa de las cosas y hay quienes se mantienen del lado crítico, solo porque no han tenido la oportunidad de estar del otro lado. ¿Se entiende?
UNA SOCIEDAD DORMIDA
De manera clara e inequívoca, el sociólogo y médico italo-argentino José Ingenieros, dice que la mediocridad, es el estado de cosas por las cuales las sociedades corren peligro.
Es que los ideales han quedado sepultados por gobiernos, ideologías y éticas que se proclaman como «oficiales», arremetiendo contra todo aquello que señale una nueva manera de concebir la realidad.
Claro y contundente. En nuestra querida Argentina, por ejemplo, se enseña desde los gobiernos a que hay que depender todo del Estado; planes sociales con sus trampitas que permiten estadísticas engañosas de personas que con un certificado alegan tener enfermedades y cobran beneficios. En este país, por otro lado, los Javier Insaurralde están en todas partes. ¿o acaso no conocen algún caso de algún funcionario que haya llegado en bicicleta y luego de años en el poder cuenta con una fortuna, "son millonarios", dicen en las mesas de los bares.
SOMOS COMPLICES
Pero esa condición tiene como cómplice a gran parte de la sociedad, que no quiere mirar que le están sacando las obras para su barrio, que le hipotecan la educación y la salud de sus hijos y nietos y todos los etcéteras que se puedan imaginar.
Eso también es ser mediocres. Tenemos que admitir que si somos mediocres es porque tenemos un problema de carácter moral.
Somos los "pícaros" de siempre, como dice Iván Noble, somos los de la "ñapi por detrás". Por eso la misma dirigencia ningunea a los ciudadanos, a los votantes, porque los tiene encerrados en ese esquema donde la visión es distorsionada.
EN EL PAIS DE LOS CIEGOS
El escritor H.G.Wells cuanta en su libro que en Ecuador un gran volcán entró en erupción durante 17 días. La ciudad de Quito quedó en tinieblas, quedando aislada del mundo. Pero la oscuridad y las cenizas trajeron una extraña plaga: los niños nacían ciegos. Así pasaron las décadas y todos nacieron ciegos, por lo que tuvieron que desarrollar el tacto, para orientarse.
Años más tarde, un grupo de expedicionarios suizos, habían contratado a un joven de apellido Núñez para una travesía. Pero éste cayó en la montaña y accidentalmente fue a parar en ese lugar que en la leyenda llamaban "el país de los ciegos".
Cuando se recuperó de los golpes, caminando por el valle, alcanza a ver a niños y mayores como que dormían la siesta tirados en la hierba, y a tres hombres llevando cubos de agua.
Saluda, y uno le pregunta de dónde vino: "Vengo del otro lado de las montañas —dijo Núñez— del país que está más allá, donde los hombres pueden ver".
"¿Ver?", preguntó uno de ellos. Es que estas personas hacía catorce generaciones que eran ciegas y que estaban aisladas de todo el mundo visible.
Los tres hombres extendieron sus manos hacia el y lo agarraron, sujetándolo y le palparon por todas partes, y de repente alguien dijo: "¡Cuidado!", al tocarle los ojos a Nuñez.
Pensaban que aquel órgano con la agitación de sus párpados, resultaba una cosa extraña en él. Y lo tocaban varias veces.
Extraña criatura es esta, dijeron. ¿Han notado lo áspero que tiene el pelo? Es igual que el pelo de la llama. Llevémoslo a donde están los ancianos —propuso el ciego.
Todo era extraño. A la noche la llamaban día, y viceversa. El joven compareció ante el tribunal. Luego de extensas deliberaciones, a uno de los ancianos —el gran doctor— se le ocurrió una idea: curar a Núñez de sus peculiaridades.
"He reconocido a Núñez—dijo el brujo al que llamaban doctor— y su caso me parece muy claro: mi diagnóstico es que podría curarse: tiene una afección en el cerebro -. Los ancianos preguntaron: ¿Y cuál es esa afección? Esas cosas que él llama ojos, están tan enfermas y han afectado a su cerebro. Sus párpados se mueven y, por consiguiente, su cerebro se encuentra en constante estado de irritación y destrucción.
Creo que puedo decir con certeza que, a fin de curarle completamente, solo necesitamos una simple y fácil operación quirúrgica: extraerle estos cuerpos tan irritantes que él llama ojos.
¿Se volverá cuerdo?, preguntaron los demás ancianos. "Sí, será como nosotros", respondió el doctor, "y será un ciudadano admirable, ¡como nosotros!".
La conclusión de este relato, queda a cargo de usted, amigo lector.
Hay otro país
Ayer a la siesta, con 41 grados de calor en la zona de La Tigra, uno de los tantos productores agropecuarios chaqueños levantó el primer lote de girasol en el país. No importó el día ni el intenso calor, Raúl Ariel Petrunior salió a la trilla porque la ventana de cosecha es corta debido a las posibilidades de lluvias y sobre todo de tormentas que se puedan ocasionar en la zona.

A esa hora, en la zona sur de Hermoso Campo e Itín, había productores preparándose para sembrar algodón, y en zona de Pampa del Infierno, para sembrar maíz.
Hay otro país, sin dudas, y es el de los que producen la tierra, de los que apuestan por el trabajo, como las pymes, como los emprendedores, que necesitan un impulso y mejores condiciones para seguir desarrollándose y crecer, porque eso implica mayor mano de obra.










