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Transparencia del proceso electoral

No hay motivos serios para desconfiar del sistema electoral argentino. Sin embargo, en los últimos días se pudo observar una clara acción coordinada para instalar, a través de las redes sociales, la idea de un supuesto fraude en las urnas en los comicios del 22 de octubre. En respuesta a esos rumores, la Cámara Nacional Electoral rechazó las versiones que circularon en distintas plataformas digitales y recordó que el único escrutinio válido es el definitivo.

En nuestra provincia, la jueza federal con competencia electoral, Zunilda Niremperger, dijo que esas versiones se inscriben dentro del "juego político" propio de los tiempos electorales, ya que no hubo ninguna presentación formal ante las autoridades. Varias organizaciones de la sociedad civil también se expresaron en igual sentido, resaltando que el nivel de complejidad que tiene el sistema electoral hace imposible que se produzca un fraude de tal magnitud que permita alterar los resultados. En ese sentido, el Centro de Investigación para la Calidad Democrática (Cicad) publicó un completo informe en el que observa que todo el proceso electoral en nuestro país involucra a diferentes actores de la sociedad, desde el sorteo de quienes serán autoridades de mesa hasta la participación activa de los partidos políticos, el Poder Judicial, Justicia Nacional Electoral, el Correo, las Fuerzas de seguridad, el Poder Ejecutivo.

"Es una tarea colectiva que implica un trabajo de coordinación que comienza más de un año antes de celebrarse las elecciones nacionales que distribuyen el poder político en nuestro país", explica el documento titulado "El recorrido del voto en las elecciones argentinas" que puede leerse completo en internet. Allí se pregunta también si la existencia de telegramas en cero en algunas mesas, como se denunció en las redes sociales, son necesariamente un sinónimo de fraude. Para responder a este interrogante, dice el informe, corresponde explicar primero cómo se cuentan los votos y qué recorrido tiene cada sufragio una vez que lo emite cada ciudadano: cuando la última persona termina de votar, la urna se abre y el presidente de mesa, junto a su auxiliar y bajo la observación de los fiscales de cada fuerza política, cuentan todos los sobres que hay en la urna y se compara con la cantidad de personas que tenemos anotadas en el padrón que votaron. Luego, se cuentan los votos emitidos por cada agrupación política. Una vez que se tienen los resultados de la mesa, se confeccionan tres documentos. Uno es el acta de escrutinio, que el documento con el que se realiza el escrutinio definitivo.

Allí consta la cantidad de votantes, el resultado de la urna y cualquier observación que quisieran realizar las autoridades de mesa o los fiscales partidarios. Otro documento es el certificado de escrutinio, que se entrega a los fiscales para que lleven a los partidos. Luego, los partidos pueden realizar reclamos sobre la mesa a partir de este documento. Una copia adicional del certificado se deposita dentro de la urna antes de sellar, explica el Centro de Investigación para la Calidad Democrática. Luego, está también el telegrama, que es confeccionado por el presidente de mesa. Contiene todos los detalles de los votos contados en la mesa. Lleva la firma de los y las fiscales de las fuerzas políticas y de la autoridad de mesa. Cada telegrama se entrega al personal del Correo, que lo transmite a la Justicia Electoral y a la Dirección Nacional Electoral, para la totalización y difusión de los resultados provisorios de las elecciones. Estos resultados -aclara el documento- nunca cubren el total de las mesas: siempre hay una pequeña proporción de telegramas que no llegan a ser enviados, que tienen errores de confección o que quedan sin completar. El denominado escrutinio provisorio no tiene validez legal.

Por su parte, la directora ejecutiva del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, Gala Díaz Langlou, dijo que "no hay evidencia de fraude" para dudar de la integridad del sistema electoral argentino.

En 2020, el entonces presidente de EEUU, Donald Trump, también denunció fraude en las elecciones que perdió frente a Joe Biden. Nunca presentó una prueba. El año pasado en Brasil, el partido de Jair Bolsonaro hizo lo mismo, pidió que se anulen votos y que no se reconozca la victoria de Lula. En ambos casos, la sospecha sobre los sistemas electorales sirvió para alentar violentas manifestaciones. Es de esperar que la democracia argentina logre generar suficientes anticuerpos para que esa historia no se repita en nuestro país.

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