Kosrae Village: un paraíso ecoturístico inexplorado en medio del océano
A unos 2.800 kilómetros al noreste de Australia, inmersa en el océano Pacifico se encuentra la isla de Kosrae, un paraíso inexplorado con una pequeña villa ecoturística llamada Kosrae Village, concebida sosteniblemente desde su misma fundación.
La isla, con una superficie de 110 kilometros cuadrados y no más de 8.000 habitantes, se destaca por su naturaleza virgen, sus arrecifes de coral, hermosos manglares y por ser un lugar con poca actividad humana, permitiendo a la naturaleza permanecer inalterada en el tiempo.

Entre uno de los extensos manglares y la inmensidad del arrecife plano de coral se encuentra esta pequeña villa con 6 cabañas de tamaño regular, 2 cabañas grandes, una suite, un restaurante y una tienda de buceo, dando la posibilidad a los visitantes de apreciar dos panoramas diferentes desde sus ventanas: el océano a un lado y las montañas al otro.
La villa fue establecida por Katrina y Bruce Adams, quienes a principios de 1990 estaban buscando un cambio de estilo de vida; ambos compartían una gran pasión por las actividades de conservación marina en California y por el buceo.

En su pensamiento estuvo contribuir al desarrollo sostenible y la conservación marina de una localidad remota, encontrando la isla Kosrae en uno de sus viajes a Micronesia, en el pacifico. Allí, una familia local permitió la construcción de sus primeras cabañas, las cuales evitaron el uso de equipos pesados y pusieron énfasis en las habilidades tradicionales de trabajadores locales para proteger el suelo frágil, el manglar, los árboles y la naturaleza circundante.

Varias de las características ecológicas por las que destaca esta villa se observan desde esos inicios, en los que todos los materiales, aparte de ser locales, se procuraron biodegradables para tener una huella ambiental mínima; se enterraron las líneas eléctricas para preservar un aspecto natural, y su arquitectura se pensó rústica y tradicional, sin dejar de lado las comodidades modernas.

Los alimentos, que conforman platos nativos, algunos vegetarianos y veganos, se adquieren de fuentes locales y aquello que sobra es donado para alimentar a los cerdos en granjas aledañas o para hacer composta.
La villa trabaja de la mano de habitantes de la isla para ofrecer servicios básicos como salud; lleva a cabo tareas de educación para que los visitantes cuiden el entorno, y las operaciones diarias también son sostenibles, evitando el uso de químicos, fomentando el reciclaje y reutilizando todo cuanto sea posible.

Esta villa está en constante crecimiento, pero como lo indican sus fundadores, «es una locación extremadamente rural y remota, que, aunque cuenta con una gran cantidad de actividades exteriores, no tiene vida nocturna ni muchos restaurantes o centros comerciales". Entre las actividades que se pueden realizar está el buceo, tanto para expertos como novatos, permitiendo apreciar la belleza de la vida marina.
Allí la televisión es limitada, así como el acceso a internet, lo cual conlleva a un estilo de vida muy lento y diferente de lo que estamos acostumbrados. Sin embargo, este propósito de una vida tranquila mezclada con ecoturismo fue el motor de su existencia, y es uno que nos puede ayudar a vivir mejor.
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