Cuidados en la primera infancia
Los estímulos y cuidados que reciben los niños durante la primera infancia son claves para su desarrollo futuro.
La difícil situación que atraviesan los sectores más vulnerables obliga a promover políticas públicas orientadas al fortalecimiento de los grupos familiares con menos recursos para que aseguren una atención adecuada de los más pequeños.
En la medida en que se fortalezcan a las familias y éstas, a su vez, accedan a recursos que les permitan asegurar una atención adecuada a los niños en la primera infancia, se estarán sentando las bases para el crecimiento económico y la integración social de nuestra comunidad. En ese proceso, la educación de los chicos que están en edad escolar puede y debe transformarse en un instrumento para luchar contra la pobreza.
Expertos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) nos recuerdan que las experiencias tempranas tienen un fuerte impacto en el desarrollo cerebral y también afectan el aprendizaje, el comportamiento y la salud de un niño o niña de por vida. Un importante ingrediente de estas experiencias -observan- es el cuidado cariñoso y sensible, pues fomenta la buena salud, la nutrición, la protección contra la violencia y la capacidad de respuesta de los adultos para promover el desarrollo infantil. "Cuando los padres, madres y cuidadores de un niño o niña involucran el cuidado cariñoso y sensible en los primeros años, se fortalecen sus capacidades para apoyar el desarrollo y aprendizaje de su niño o niña, con consecuencias positivas de largo alcance en la configuración cerebral", explica el documento "Cuidados para el desarrollo infantil", publicado por Unicef.
Por otra parte, es importante señalar que las investigaciones de la educadora italiana María Montessori realizadas ya en el primer tercio del siglo XX demostraron que los seis primeros años de vida son una etapa fundamental para la educación del niño. Teniendo en cuenta que la familia juega un rol insustituible en esta etapa, es necesario entonces fortalecer los lazos familiares, garantizando el acceso al trabajo y a una vivienda digna y, por supuesto, también a la salud y a la educación de los integrantes del grupo familiar. Es necesario volver a poner a la calidad de la educación en el centro de la agenda pública y, al mismo tiempo, dedicar una especial atención a la educación temprana.
En los últimos años se realizaron estudios sobre la relación que existe entre la educación temprana y el crecimiento económico de una comunidad. Las conclusiones a las que llegaron todas esas investigaciones señalan que de poco sirve que un país pueda, circunstancialmente, verse favorecido por los precios internacionales de las materias primas o el comportamiento del mercado de capitales si no tiene políticas públicas que garanticen los cuidados y la educación de calidad en la primera infancia, ya que a largo plazo las mencionadas ventajas no se traducirán en mejoras en términos de productividad de su población. Es que la infancia, como se dijo, es un período fundamental en el desarrollo de una persona. Y las oportunidades de aprendizaje que reciban los más pequeños en esta etapa incidirán en su trayecto educativo, ya que el 80 por ciento del desarrollo cerebral se presenta en los primeros años de vida. Hoy se sabe con certeza que los estímulos cognitivos, los afectos y la seguridad del entorno no deben faltar en ninguna etapa de la vida, pero mucho menos en la infancia. La actual coyuntura social y económica que atraviesa el país, con buena parte de su población en situación de pobreza, requiere de medidas concretas y urgentes que permitan reducir los niveles de desigualdad, sobre todo en la primera infancia. La organización familiar, la comunidad y las instituciones del Estado que trabajan por los derechos de los más pequeños deben estrechar vínculos y sumar esfuerzos para promover sistemas eficaces de protección a los chicos.
Desde tiempos inmemoriales siempre han existido distintas formas de protección a la infancia. Pero el concepto de niño evolucionó a través del tiempo y no fue sino hasta el siglo XIX que comenzó a reconocerse que los primeros años de vida son una etapa fundamental para el desarrollo de las personas. Por eso, toda la sociedad debe colaborar para que los chicos crezcan en un entorno familiar con los cuidados, afectos y recursos educativos que le permitan llevar una vida digna.










