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Turismo y patrimonio cultural

Difunta Correa

Su santuario, en la localidad de Vallecito, provincia de San Juan, es sitio de culto y peregrinación. Recibe fieles durante todo el año, fomenta el turismo religioso-cultural y valoriza un patrimonio que identifica al pueblo cuyano. - Por Fabio Javier Echarri

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Tumba de la Difunta en la capilla 1.

Vida y milagros

Hacia 1840, Clemente Bustos, quién vivía con su esposa y su hijo de pocos meses en Angaco, San Juan, fue reclutado por las fuerzas montoneras como soldado para combatir en las guerras civiles entre unitarios y federales que desangraron al país durante décadas. 

Se dice que su esposa, Deolinda Correa –que se cree nació el 6 de enero de 1815-, al quedarse sola en su casa, fue acosada por el comisario del pueblo. Esta situación, más la angustia que le producía la ausencia de su esposo, hizo que partiera con su hijo a cuestas a buscarlo y con las pocas provisiones para el viaje que podía llevar consigo. Caminó, siguiendo las huellas de la tropa, por el desierto paisaje sanjuanino hasta que se le acabó el agua. Se guareció del sol bajo un algarrobo, donde murió de sed y cansancio el 18 de octubre. 

Pasaron por allí unos arrieros que descubrieron su cadáver y, para sorpresa de ellos, encontraron con vida al niño, que sobrevivía amamantándose del pecho de su madre. Éste hecho es considerado por sus fieles como el primer milagro de la mujer. Procedieron a enterrarla en un paraje conocido como Vallecito, a pocos metros de donde la encontraron, y salvaron al pequeño. 


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Capilla del camionero.

Al correr el tiempo y extenderse esta historia, la gente del lugar comenzó a visitar la tumba, convirtiendo el sitio en un oratorio primero, y en un santuario hacia la década de 1930.  

Félix Álvarez, en su libro "Una nueva versión sobre la Difunta Correa", cuenta una historia ocurrida hacia 1890, que afirma haber escuchado años después de boca de su protagonista, Flavio Zeballos, arriero chileno. Éste compró ganado vacuno en Córdoba y se preparó para cruzar la cordillera rumbo al país trasandino. Ya en la provincia de San Juan se dispuso a descansar y pasar la noche, cuando lo sorprendió una enorme tormenta que produjo la huida y dispersión de los animales. Pasado el temporal, los arrieros se aprestaron a buscar el ganado en el vasto territorio, sin encontrar huellas que los guiaran. Fue en ese momento cuando Zeballos, creyente en el poder de los muertos, recordó a la Difunta Correa y se encomendó a ella: "Ánima bendita –dijo con toda unción–. Si haces que encuentre siquiera algunos de los novillos como para sacar con qué pagarles a estas gentes que me han acompañado, te haré hacer, en el sitio que dicen que has muerto, un mausoleo, y buscaré tus restos y los depositaré con mis propias manos en un ataúd para que descansen allí eternamente". 

Comenzó la búsqueda en todas direcciones, hasta que encontraron los animales, todos juntos, y sin que se perdiera ninguno de ellos. Dada la situación, consideraron el hecho como un verdadero milagro, que atribuyeron a la Difunta Correa. Así fue que cuatro meses más tarde, cumplió en parte su promesa.  


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Capilla de las novias.

La devoción y el turismo cultural 

La Santa Sede emitió el "Documento sobre el peregrinaje del 2000", donde sostiene que cada año los sitios de culto religioso reciben entre 200 y 250 millones de personas, de los cuales 150 millones son cristianos. En Europa pueden citarse varios sitios emblemáticos: Santiago de Compostela, en Galicia; el santuario de San Ignacio de Loyola, en País Vasco; la capilla y castillo de San Francisco Javier, en Navarra; el santuario de la Virgen de Fátima, en Portugal. Pero, sin dudas, el lugar más emblemático es Lourdes, ciudad del sur de Francia, de aproximadamente 20 mil habitantes, que recibe la visita anual de unos cinco millones de personas, y que cuenta con 270 hoteles y 13 sitios de campamento.  

En nuestro país el turismo religioso-cultural se concentra en templos como los de la Virgen de Lujan y del Rosario de San Nicolás, en la provincia de Buenos Aires, e Itatí, en Corrientes. Pero también hay devociones religiosas multitudinarias como la del Gauchito Gil en Mercedes, Corrientes; y la Virgen del Cerro en Salta. Podemos agregar las Estancias Jesuíticas de Córdoba, o las Misiones, en la homónima provincia: lugares que son visitados porque interesa conocer el trabajo realizado por la Compañía de Jesús en la Argentina, o el valor histórico y arquitectónico de las mismas. Todos son  lugares de visita y peregrinaje de miles de fieles y turistas todos los años, que además del valor que pueda atribuirles la Iglesia Católica en el orden espiritual, se constituyen en movilizadores de la economía regional. Transporte, hotelería, gastronomía y comercio en general, reactivan su actividad en los días festivos, y algunos fueron creados y subsisten debido a ellos. 


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Camiseta de Lionel Messi en el museo de la fe.

En el Chaco podemos citar los casos de Santa Rita, en Puerto Tirol –el 22 de mayo-; San Pantaleón, en Pampa del Indio, que incluye la Cabalgata de la Fe –el 27 de julio-; la Virgen de la Laguna, en el Mesón de Fierro, peregrinaciones que concentran más de cien mil fieles en cada ocasión.

Al santuario de la Difunta Correa la gran mayoría de los devotos que lo visitan son católicos, de tal forma que se la considera una santa popular que hace milagros e intercede por ellos ante Dios. Tan es así, que la Fundación Vallecito, que administra el santuario, durante las Jornadas Mundiales de la Juventud realizadas en 2020 en la ciudad de Panamá, entregó al papa Francisco una petición para que dé inicio al proceso de beatificación de Deolinda Correa.  

El santuario y museo

Se ubica en la pequeña localidad de Vallecito, a 65 km al Este de la ciudad de San Juan. Se lo visita durante todo el año, pero fundamentalmente en Semana Santa, La afluencia de los creyentes puede llegar a unas trescientas mil personas, totalizando en el año más de un millón de fieles que asisten a pedir favores o agradecer los concedidos. 

A lo largo de los años, los fieles entendieron que Deolinda Correa les ha concedido sus peticiones, que ha logrado milagros. Su tumba se encuentra en la llamada Capilla 1 –donada por Flavio Zeballos-, sobre cuya cubierta hay una escultura que la representa amamantando a su hijo. Ocupa el espacio central, mientras que en las paredes se observan placas, objetos y fotografías que la gente fue donando como reconocimiento por favores recibidos. 


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Capilla del deporte.

A través del tiempo se fueron construyendo otras capillas que contienen las ofrendas de los fieles, y que se organizaron temáticamente. Así, pueden verse la capilla de cura de enfermos -que atesora muletas, prótesis y elementos similares-; la capilla de las maquetas de viviendas de personas y empresas agradecidas; la de chapas patente de vehículos y reproducciones de camiones; la de las novias, que guarda vestidos, trajes, zapatos, etc.; la de trofeos y elementos deportivos de aquellos que han ganado competencias, triunfos que atribuyen a su poder milagroso, y otras. 

Una escalera en la que está demarcado el Vía Crucis lleva a una loma donde se afirma que fue el lugar en el que enterraron a Deolinda los arrieros que encontraron su cuerpo. En el camino pueden verse una gran cantidad de chapas patente de automóviles, cascos de obras y maquetas de viviendas en señal de agradecimiento. 

Se destaca también el llamado Museo de la Fe, que reúne una colección de objetos donados por promeseros y que la organización considera valiosos. Se organizó temáticamente, y allí pueden verse piezas de importancia como la camiseta de Lionel Messi firmada por todos los jugadores de la selección nacional y que fuera entregada personalmente por el presidente de la AFA, Chiqui Tapia, luego de subir de rodillas los 72 escalones que llevan a la loma. 


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Museo de la fe.

También encontramos camisetas de Marcelo Gallardo y Ramón Díaz, objetos de Sandro, Nicolino Loche, Carlos Monzón, la Mona Giménez y otras figuras del deporte y el espectáculo, sectores de motocicletas y armas, instrumentos musicales, vestidos y trajes, etc. Es verdaderamente un museo curioso y atípico, que no puede analizarse desde una visión museológica-museográfica, pero que posee una colección de gran valor como patrimonio cultural.  

La Difunta Correa es una leyenda sustentada en hechos históricos. No se puede confrontar la razón con la fe: para los creyentes es una santa, al margen de lo que disponga la Iglesia Católica, y en ella depositan toda su fe. Constituye parte de la creencia de un pueblo, es un patrimonio cultural intangible que forma parte de la identidad de toda una región de la Argentina.    

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