Leva Cosanovich: "Acá me permití jugar con el humor"
El escritor publicó el libro La esquina del viento . Editorial Contexto. Allí reúne cuentos y relatos. Nos sumergimos aquí en su universo.

En el universo todo es elástico. Al terminar de leer el libro de Leva Casanovich me encontré con muchas frases que había subrayado. Algunas de ellas las llevé al diálogo telefónico. Otras seguirán guardadas en sus páginas. La esquina del viento es un libro de cuentos donde también conviven unos pocos relatos.
En diálogo telefónico la voz de Leva Cosanovich es un torrente, vivo, las palabras se suceden una tras otras sin márgenes. Este es su octavo libro y ya tiene un camino recorrido que le permite seleccionar mejor dónde va cada cuento y en qué libro.
Leva ha publicado los libros de poesía A solo un lunar del cielo, Te debemos un poema, Mordejai Anilewiecz, Inauguración de la muerte, A ras del suelo, entre otros. Además recordamos algunos de sus libros de cuentos Conversaciones pendientes, Vienen los indios, Durmitor y La esquina del viento. También participó en distintas antologías. La lista de menciones, premios y distinciones es larga, extensa como una mirada que se pierde en el horizonte. Esta semana recibió la noticia de que ganó una distinción de la Sade Chaco. El escritor chaqueño desde hace unos años vive en Buenos Aires desde donde escribe y dicta talleres literarios.
— Juan Basterra dirige la colección La tierra sin mal. Él buscaba publicar un libro tuyo que había ganado un concurso. Sin embargo, propusiste otro libro, La esquina del viento, ¿por qué?
— Fue mi apuesta. Cuando me presenté al concurso de Cuentos de la Fundación Victoria Ocampo tenía dos libros terminados. El que ganó el concurso, Conversaciones pendientes y La esquina del viento. Mi búsqueda de participar en los concurso se debe a que es la única forma de conseguir financiación para publicar un libro. Generalmente los premios son dos cosas, por un lado algún dinero y la publicación del libro.
Cuando me comuniqué con Juan me lancé a que se publique este libro de La esquina del viento. En la colección La tierra sin mal hay varios escritores de renombre que admiro y a los que quiero mucho. Cuando Juan aceptó publicarlo me sentí muy bien y estoy muy feliz con la edición del libro. Los cuentos que están ahí me gustan y también acá me permití jugar un poco más con el humor.

— Hay humor pero también hay otras cuestiones como los cuentos sobre Malvinas, la amistad, la muerte, ¿cuál es el eje que atraviesa el libro?
— El profesor Eduardo Molina de Sáenz Peña, una persona muy talentosa destaca este aspecto de mi literatura. El humor siempre ha estado presente en mi vida. Me gusta. Siempre me decían por qué no escribí cuentos donde el humor esté presente. Pero sucede que el humor es un subgénero y por eso también guardé este libro en lugar de mandarlo a un concurso. Aquí están presentes en sus anchas.
En un libro que publiqué hace unos años, Vienen los indios, que lo había prologado un escritor ecuatoriano describió algo importante que le dio en la tecla. Dijo que hay libros a los que uno se acerca por la trama y otros por las historias. Después están los libros donde no hay grandes tramas ni grandes historias, sin embargo uno no puede dejar de leerlos. En esas pequeñas cosas me encuentro y me pasan todos los días.

— ¿La fuerza está en la construcción de los personajes o en la construcción del texto?
— Me preocupo mucho por las historias que voy a escribir. Me ocupo de hacer historias y creo que mis mejores cuentos tienen un potencial en la emoción, son los más reflexivos o filosóficos. Con el paso del tiempo me permito jugar más con lo literario y eso también dio paso a permitirme meter algo de humor.
— Este libro tiene varias dedicatorias, ¿por qué?
— Los escritores no tenemos muchas posibilidades de que nos aplaudan. Nosotros tampoco tenemos muchas posibilidades de agradecer a la gente que nos lee. A las personas que le dediqué algún cuento son personas que quiero mucho. He puesto expresiones como por ejemplo, amor entendible. Porque ese amor no pasa por la razón, no puedo dejar de amar a estas ahijadas de mis amigos. Las amo porque son personas espectaculares. Después hay otras personas a las que dedico en una especie de homenaje, personas que quizás me ayudaron contando historias o porque cierto paisaje del cuento tiene que ver con estas personas.
— Ahí también quería llegar, ¿la fuente de la escritura viene del entorno, de la historias personales?
— No soy un escritor autorreferencial. Sin embargo, las personas que me conocen mucho saben que en mis cuentos está mi ADN aunque esté contando la historia de otros. Escribo mirando hacia adelante. Tengo más de cincuenta años, con lo cual tengo un pasado y desde ese lugar también puedo imaginar muchas más cosas.
La narración escrita en primera persona es muy engañosa, porque la gente cree que la historia es del escritor y sin embargo no es mi historia. Esto resulta muy enredado porque aunque no sea mi historia está presente mi ADN, mis lecturas, mi formación y mi mirada como escritor. Este tema es algo que hablamos con los colegas porque aun si te empeñaras en dejar siempre de lado tu historia personal, tu ADN sigue presente.
— Volviendo al libro de cuentos, ¿existió o existe en Resistencia La esquina del viento?
— Hubo un tiempo cuando en Resistencia corría el viento. De este cuento lo que existió fue mi amigo Felipe. Íbamos a una esquina donde según el corría el viento. Hoy la ciudad de Resistencia se alza y ya quizás no corra tanto el viento. En ese cuento aparecen nuestros sueños. Éramos muy poetas, Felipe era arquitecto y la arquitectura es una ciencia humanística, tiene poesía y es arte. Lo que sucede en el cuento es otra historia.
— Entre las frases que subrayé tengo presente esta: "La metamorfosis es la única posibilidad para la belleza".
— Si, eso escribí en algún cuento. La metamorfosis es fatal. Es como el río de Heráclito, el río nunca es el mismo río. Nosotros estamos en una permanente metamorfosis. Desde que empecé hablar con vos ya estoy más viejo, estoy más sabio o más estúpido, pero no soy el mismo. La palabra metamorfosis es la que más abunda en la humanidad, aunque no nos demos cuenta nos estamos metamorfoseando todo el tiempo.
Esto también lo relaciono con otra palabra que me gusta mucho que es residuo. Creo que somos residuos de otros y nosotros dejamos residuos, buenos o malos.

"En un taller nadie te va a enseñar a escribir"
Actualmente, Leva realiza un taller literario en la ciudad Jardín, provincia de Buenos Aires. Ante la proliferación de estos espacios, Leva advierte en la charla que en un taller nadie te ensaña a escribir. "Es mentira que te van a enseñar a escribir. La escritura es un proceso personal que arranca con la lectura, incluso antes, con la imaginación que viene del relato oral", explica.
Además, Leva se entusiasma y describe el proceso en estadios. "El primer estadio es la imaginación, después la lectura y tercero es la poesía que comienza a ser autorreferencial. El cuarto es la literatura profesional, no en el sentido de vivir de la literatura sino de tener la disciplina de escribir y de no tener miedo a la página en blanco".
"En el taller lo que hago es ayudar a los talleristas a corregirse. Ver si funciona o no funciona el texto. Qué cosas las puedo decir de una y otra forma. El camino del escritor es más solitario y es necesario hacerlo así", concluye.
La esquina del viento
Por Eduardo Molina*
Tres cuentos con temática de Malvinas revelan la contemporaneidad del autor con esos hechos, siete cuentos de humor, y otros, a los que ya nos tiene acostumbrado. Leva Cosanovich (prolífico y multipremiado autor sáenzpeñense) se decide a publicar estos cuentos intercalándolos con otros de materia bien diversa: hombres que reflexionan de la vida con un dedo en el gatillo, amores que se quedaron en el tiempo y necesitan una resolución, historias contadas en dos planos, como en espejos.
Pequeñas historias (algunas sin los elementos clásicos del cuento) que nos harán regresar cada tanto sobre ellas porque reflejan las vicisitudes de cada día que, en otras circunstancias, pasarían de largo a nuestro radar, pero que, a no dudarlo, son los grandes temas de la vida: el amor, el olvido, el dolor, la tristeza, el miedo.
Leva Cosanovich, se arriesga mixturando estas temáticas con el objeto de enfocarnos en esas aristas y perspectivas que se nos escapan a diario, su destreza narrativa hace que nos atraviesen cuestiones a menudo nimias o imperceptibles pero que están ahí, aunque no queramos verlas. Viviendo hace veinte años en Buenos Aires, le resultó imposible despojarse de su origen chaqueño, ese ambiente, sobrevuela las páginas como lo haría un hornero sobre uno de los algarrobos de su infancia.










