El lugar de la ciencia
¿Un país como Argentina, con todos los problemas que enfrenta hoy, puede darse el lujo de invertir en ciencia y tecnología?
La flamante ganadora del Premio Nobel de Medicina, la bioquímica húngara, Katalin Karikó, reconocida por sus investigaciones sobre la tecnología que se utilizó en una de las vacunas desarrolladas para luchar contra el Sars Cov 2, dijo que la crisis sanitaria que desató el Covid confirmó el papel fundamental que desempeñan los sistemas de ciencia y tecnología en el mundo actual.
"La ciencia importa y los países deberían prestar más atención a la comunidad de investigadores", sostuvo la científica en una entrevista realizada por la televisión francesa, casi un año antes de que su nombre pasara a la historia como una de las investigadoras galardonadas con el Nobel de Medicina. Su trabajo sobre la tecnología ARN mensajero tuvieron impacto en casi todo el mundo. También en nuestra provincia. En efecto, una de las vacunas que se utilizaron en el Chaco para inmunizar a la población con el objetivo de contrarrestar el potencial daño que podía provocar el Sars Cov 2 fue posible gracias al desarrollo de la bioquímica húngara. Se trata de la vacuna Moderna que se distribuyó en todo el territorio provincial, junto a inoculantes de otros laboratorios, para completar el esquema de dos dosis.
Las vacunas de ARN mensajero utilizan una molécula en lugar de una parte de un virus o bacteria. Cuando la vacuna se inyecta al paciente, el ARN mensajero ingresa en las células con la orden de comenzar a producir la proteína viral. Las células producen esa proteína, lo que pone en marcha el sistema inmunológico. Si la persona vacunada se expone luego al virus real, su sistema inmunitario reconocerá la proteína viral y estará preparado para combatirlo. Antes de la pandemia, el nombre de esta científica radicada en Estados Unidos era desconocido fuera de los círculos académicos. Pero el éxito de la tecnología de ARN mensajero desarrollada por ella en colaboración con el inmunólogo de la Universidad de Pennsylvania, Drew Weissman, con quien compartirá ahora el Nobel de Medicina, hizo que saliera del anonimato y reciba felicitaciones de todo el mundo. "La ciencia debe ser apuntalada en muchos niveles", remarca Karicó en todas sus conferencias.
También la Unesco reconoce que invertir en ciencia, tecnología e innovación es fundamental para el desarrollo económico y el progreso social de los países. En la actualidad, observa el organismo, la investigación y los avances en el campo de las tecnologías contribuyen al progreso económico y social de las comunidades. Si alguna duda quedaba sobre el lugar que deben ocupar la ciencia y la tecnología en la sociedad, la pandemia de Covid 19 se encargó de demostrar que en una economía global que basa la producción de riqueza en el conocimiento, la investigación científica no puede quedar relegada en un rincón. Es que las naciones que más invierten en ciencia no lo hacen solamente porque son ricas, sino que buena parte de su riqueza actual fue generada a partir del fuerte apoyo que recibieron sus investigadores. Ejemplo de ello son Corea del Sur, Japón, Israel, Finlandia, Austria, Suecia, Suiza, Dinamarca, Alemania, Rusia y, por supuesto, Estados Unidos. Todos estos países tienen en común la decisión de sostener en el largo plazo políticas públicas que dan sustento a sus sistemas científicos tecnológicos.
Quienes trabajan en ciencia y tecnología saben, de antemano, que transitan un camino en el que no faltan obstáculos. La propia Karikó reveló que en los años 90 cuando comenzó con las investigaciones sobre el ácido ribonucleico mensajero, no pudo obtener fondos para continuar con las mismas debido a que la Universidad de Pensilvania para la que trabajaba consideró que no valía la pena apoyar la idea de estudiar de qué manera unas moléculas genéticas pueden ordenar a las células qué proteínas deben crear. Su constancia, sin embargo, permitió que hoy el mundo pueda disponer de una tecnología aplicada a una vacuna que permite dar a las células del cuerpo humano las instrucciones para fabricar una proteína de superficie del coronavirus, que simula una infección y entrena al sistema inmunológico para cuando, si eso ocurre, se encuentre con el virus real. A no engañarse, el desarrollo económico de nuestro país, como también el de muchos otros, dependerán cada vez más de la capacidad que cada uno tenga en materia de ciencia, tecnología e innovación.










