Lo que hay detrás de las cifras de pobreza
El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) publicó el índice de pobreza con datos del primer semestre y confirmó que el 40,1% de la población del país es pobre. En el Gran Resistencia, en tanto, la medición oficial arrojó un 60,3%, lo que ubica al área metropolitana como una de las jurisdicciones más afectadas por este flagelo. Pero más allá de los reclamos que presentó el gobierno provincial por posibles errores en la metodología que permitieron llegar a esa cifra en el principal aglomerado urbano del Chaco, no hay que perder de vista lo que significa vivir en un entorno plagado de carencias de todo tipo.
De acuerdo con el informe del Indec, la cifra que arrojaron los datos de la primera mitad del año fue 40,1%, lo que representa un aumento de 3,6 puntos porcentuales si se compara con el 36,5% del mismo período del año pasado. El índice de indigencia, en tanto, trepó al 9,3% entre enero y junio de 2023 y afecta a 4,3 millones de personas. Por otra parte, la medición revela que las incidencias de la pobreza se observaron en las regiones NEA (42%), seguida por el Gran Buenos Aires (41,4%), NOA (41%), Cuyo (40,7%), Pampeana (36,8%) y Patagonia (33,2%). Cada vez que la discusión pública vuelve a poner la lupa sobre el fenómeno de la pobreza se impone la necesidad de recordar que no se debe responsabilizar a las personas que viven en esa situación por lo que les pasa. En ese sentido, viene bien recordar la conclusión a la que llegó hace unos años la organización no gubernamental Franciscans International, que tiene estatus consultivo general de la ONU y que volcó en un documento que presentó oportunamente en el Vaticano. Allí se observa que la pobreza y la pobreza extrema son producto de una situación creada, provocada y perpetuada por lo que hacen, o dejan de hacer, los Estados y otros actores de la economía. El documento citado se titula "Derechos humanos para las personas que viven en la extrema pobreza: un manual para la aplicación de los principios rectores de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos", donde se proponen acciones concretas para modificar las causas que condenan a millones de personas en todo el mundo a vivir en la marginalidad, muy lejos del acceso a la educación, a la salud, al trabajo, a una alimentación sana y a una vivienda digna a los que, por el solo hecho de ser personas, tienen derecho. En ese mismo trabajo se advierte que el problema de la pobreza existe no por un capricho de la naturaleza sino por la acción, u omisión, de quienes tienen en sus manos la posibilidad de torcer el rumbo de la historia o de dejar que todo siga igual. La obra, además, sostiene que mientras la pobreza extrema se caracteriza por las violaciones múltiples e interrelacionadas de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, que a menudo crean un círculo vicioso de impotencia, estigmatización, discriminación, exclusión y privación material; en las situaciones de pobreza, en cambio, muchas personas pueden carecer de algunos bienes materiales pero al mismo tiempo formar parte de un tejido social que los contiene. De ahí la importancia de construir una sociedad en la que se respete la dignidad de cada persona y se distribuyan los recursos en forma equitativa.
Siguiendo este razonamiento se puede decir, entonces, que la pobreza no es algo inevitable. Aunque no aborda concretamente el problema de la pobreza, el sociólogo Lucas Rubinich, autor del libro "Contra el Homo Resignatus. Siete ensayos para reinventar la rebeldía política en un mundo invadido por el desencanto", plantea en esa obra una serie de preguntas para entender cómo se construye lo que denomina "el sentimiento de inevitabilidad" que parece predominar en la sociedad argentina, la misma sociedad que -advierte- vivió durante casi cien años un proceso de movilidad social ascendente, llegando a la década del 70 con un amplio sector de la población alfabetizada, con un mercado de trabajo prácticamente sin desocupación y con un bajo nivel de pobreza. Detrás de las cifras de pobreza actuales hay seres humanos con proyectos de vida que la mayoría de las veces quedan truncos ante la imposibilidad de contar con los recursos mínimos para salir de esa trampa. La sociedad debe tomar conciencia de la necesidad urgente de comenzar a revertir esa lamentable situación que afecta a cuatro de cada diez argentinos.










