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El presente tapa todo

A las nueve y cuarto de la noche del domingo pasado, Leandro Zdero terminó de confirmar que ya podía festejar. Había concluido una charla telefónica de un par de minutos con Jorge Capitanich, quien un poco antes le había enviado un mensaje de Whatsapp para avisar que iba a llamarlo. "Los números son irreversibles, así que quiero saludarte y felicitarte", comenzó el gobernador en el contacto con quien lo sucederá a partir del 10 de diciembre. Zdero agradeció y no hubo muchas más palabras, excepto un adelanto de Capitanich sobre su convocatoria -que luego haría pública- para una "transición ordenada".


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Capitanich en la noche del domingo pasado, al momento de reconocer la derrota en primera vuelta. A su alrededor, parte de su equipo de gobierno.

Fue un diálogo breve, casi telegráfico, pero cordial. Cuando la comunicación terminó y Zdero le contó a quienes estaban a su alrededor cuál era el motivo, estalló la celebración. El candidato de Juntos por el Cambio había logrado lo que hasta algunos meses atrás pocos creían posible: que venciera a Capitanich y mandara al archivo dieciséis años de poderío peronista en el Chaco.

LAS HORAS PEORES

En el gobierno, claro, el clima era muy otro. Capitanich había recibido temprano el resultado de un sondeo en mesas testigos que mostraba que, como en todas las elecciones más recientes, sus chances dependían de que la cosecha de votos en el interior provincial compensara resultados muy malos para el oficialismo en los dos distritos más importantes, Resistencia y Sáenz Peña. Cuando el escrutinio comenzó a avanzar, el peronismo fue viendo que esa caballería de salvataje no iba a llegar con el volumen necesario.

En lo más alto del Frente Chaqueño, la constatación del fin de ciclo desencajó a funcionarios, legisladores y dirigentes que participaban en la vigilia próxima a Capitanich. Hubo de todo: algo de sorpresa, una gran frustración y varios reproches planteados de manera destemplada. La llamada de su jefe a Zdero fue, para quienes todavía confiaban en un milagro, como ver que al paciente le desconectaban el respirador. Minutos después, Capitanich avisó a su equipo que iba a hacer un reconocimiento oficial de la derrota. Ya no había nada que hacer.

EL NUEVO TIEMPO

Capitanich y el resto del justicialismo saben que esto recién empieza. Les toca vivir lo mismo que a la UCR en 2007, cuando el lado feliz de la sorpresa fue para el actual gobernador, quien aquella vez derrotó -también de manera impensada- a Ángel Rozas, que buscaba su tercer mandato, y le puso punto final a una hegemonía radical de doce años. Recién ahora, después de casi dos décadas, la principal fuerza de oposición queda en condiciones de tener un liderazgo unificador, el de Zdero, lógico producto del batacazo del domingo pasado.

Nada indica que ahora para el peronismo la caravana propia por el desierto de la fragmentación vaya a ser mucho más corta. Como sucede con todos los ciclos encolumnados tras un personalismo férreo, la caída de Capitanich no deja a la vista una figura emergente a la que pueda considerarse clara heredera de la conducción política. "Él no dejó crecer a nadie", decía en la semana un personaje relevante de la historia peronista posdictadura. En descargo de Jorge Milton se podría anotar que los liderazgos generosos, esos que preparan el terreno para el tiempo posterior al propio final, son en la Argentina casi tan frecuentes como las fiestas de carnaval entre los esquimales.

¿TRAICIÓN DE INTENDENTES?

No obstante, sucederá en algún momento -como acaba de suceder con el radicalismo- que los planetas se alinearán para alguien que quedará investido de la posibilidad de volver a disputar el poder. En ese devenir podría ser determinante la liga de intendentes del peronismo, principal sobreviviente del naufragio coquista.

¿Solo sobreviviente o también corresponsable? El 17 de septiembre los candidatos del PJ para las intendencias obtuvieron en sus localidades más votos que Capitanich en 80% de los municipios (ocurrió en 53 de las 66 ciudades que votaron cargos locales junto con los provinciales). Es más: si el gobernador hubiera logrado alcanzar el caudal de sus postulantes comunales, podría haber forzado al balotaje con Zdero (quien, a su vez, sacó mucho más votos que los candidatos municipales de Juntos). ¿Los intendentes del Frente Chaqueño repartieron en sus territorios boletas mixtas, para no perder el apoyo de quienes querían votar por Zdero u otras opciones opositoras para la gobernación? Dicen que en las horas finales el propio Capitanich habló entre dientes de traición. Y si no lo dijo él, ahora a su alrededor lo dicen todos los demás.

Desde el lado de Zdero dejan abierta la cuestión: "Puede ser que algunos intendentes de ellos hayan considerado que Coqui podía restarles votos, pero nuestros fiscales dicen que vieron muchos cortes de boletas que eran espontáneos". Lo deducen por las papeletas partidas que hallaban en los cuartos oscuros.

FUTUROS POSIBLES

Volvamos a los futuros posibles y admitamos que todas las hipótesis no son más que dibujos sobre la arena. Lo pueden decir los integrantes del oficialismo que ya buscaban acomodarse para el próximo equipo de gobierno y ahora escarban en busca del pase a planta que los atornille en algún espacio bien cotizado.

Si algo demostró el electorado es que los aparatos y el bombardeo propagandístico ayudan, pero ya no definen resultados. Y eso será cada vez más así, porque la realidad nacional y la provincial redujeron la paciencia ciudadana al tamaño de un bicho bolita. Lo vivirá también el nuevo gobierno.

En tren de imaginar cosas, hasta podría haber espacio más adelante para un lanzamiento renovado del mismo Capitanich si Zdero, al cabo de sus cuatro años, muestra resultados amargos. Si, en cambio, logra cumplir con gran parte de lo que prometió, seguro tendrá la reelección a mano y podrá redondear otro ciclo político XXL en la provincia.

PURO PRESENTE

Mientras tanto y más que nunca, el presente, con sus graves contrariedades, lo tapa todo. El futuro es así de chiquito. Llega, a lo sumo, hasta las presidenciales de octubre. Zdero espera otro guiño del cielo y que Bullrich llegue al balotaje, como para mantener la ilusión de asumir en diciembre con alineamiento político total entre Provincia y Nación. No parece lo más probable. Y luego llegará una batalla local pero nada menor: la intendencia de Resistencia, por la que se votará en noviembre. El Frente Chaqueño, como para mostrar que todavía respira, ya salió con una estrategia de campaña que parece diseñada por un elenco de oftalmólogos, y empapeló algunos puntos de la ciudad con el ojo de Diego Arévalo.

Son preocupaciones periféricas hoy para Zdero. La central es saber con certeza en qué condiciones recibirá la administración. A él y a su gente les llueven mensajes de personal estatal que dejan la sensación de que desde el lunes la tecla "borrar" en los equipos informáticos del Poder Ejecutivo, sus empresas y organismos, es más usada que las vocales. Si eso es real, la buena onda entre ganadores y perdedores tendrá fecha de vencimiento.

Zdero dará a conocer su gabinete en noviembre, y ya tuvo su primer pedido de audiencia: Tito López le dio un plazo de 30 días para concretar un encuentro en el que hablar de cuál será la ayuda que el Estado brindará a su movimiento piquetero para pasar las fiestas navideñas. Y beneficiarios de ayuda social se concentraron frente a Casa de Gobierno para advertir que no aceptarán recortes. A la par, empresas constructoras ya consultan cuál será su criterio para las obras que se están paralizando luego de las elecciones, y el campo y la dirigencia pyme abren líneas de contacto para recordar que necesitan que el Estado deje de cargarles las mochilas. Los gremios estatales, por su parte, recalculan y abren los cajones para cambiar de vara. El ciudadano común también espera: aguarda por una realidad que, siquiera de a poco, se ponga patas para abajo.
Al nuevo gobernador, sacando número en la fila, lo espera el Chaco.

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