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Xilografías del desasosiego

Obras del artista chaqueño Leonardo Gotleyb se exponen en Buenos Aires. Por José Emilio Burucúa*


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Leonardo Gotleyb en su Casa-Taller de La Boca Fotografía Jorge Nestor Guinsburg.

Albino Diéguez Videla,  lúcido crítico de arte del diario La Prensa, advirtió que entre las cárceles de invención de Giovanni Battista Piranesi y las estructuras metálicas retratadas o imaginadas por Gotleyb, hay un aire de familia. La semejanza dice mucho acerca de la visión distópica de nuestro artista en torno a las ciudades modernas y sus enormes construcciones de acero, tan cercanas a veces a las prisiones urbanas que la "Metrópolis" de Fritz Lang pusiera en escena.


Unas pocas xilografías de Leonardo, si tenemos la suerte de verlas al principio de nuestro recorrido, "Niebla del Riachuelo" y "Transbordador", ambas de 2017, nos remiten a arquitecturas típicas de La Boca y Buenos Aires.  Nos hacen pensar en las tomas de la Torre Eiffel que circularon en el mundo entero a finales del siglo XIX, cuyo propósito era el de asombrar, gozosamente, con el efecto de maravilla técnica producido por los usos del hierro, junto a otros prodigios de la era -el cine, el automóvil, el aeroplano-.


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Leonardo Gotleyb “Transbordador” - 2017 -Xilografía - 80x60.

Si bien Maupassant y Huysmans manifestaron su desagrado radical frente a la obra de Eiffel, la pintura fue rápidamente entusiasta de ese ingenio y lo transmutó en festival de formas y colores: Seurat, primero, luego Delaunay, hasta los años ‘20, siempre fiel a la poesía transmitida por aquella "nariz" gigantesca de París. Un examen más afinado y cercano de los dos grabados de Gotleyb nos aleja de cualquier esplendor que no sea el de la técnica xilográfica, precisamente porque nos transmite el desasosiego del objeto monumental reconocido.


La amenaza parece haber comenzado, en "Niebla", una disgregación lenta de los metales en las rebabas de los  contornos, disueltos en el aire hasta convertirse en una trama independiente de trazos, ominosos invasores de un cielo todavía lleno de luz merced a la superficie plana y saliente, no entintada, del taco, que deriva en el blanco del lugar correspondiente de la hoja.

"Transbordador" sube la apuesta de lo ominoso sin abandonar la mímesis en lo representado, aun cuando el cielo es completamente negro y opresivo, como el de "Los fusilamientos" y las "Pinturas negras" de Goya o el del "Spleen" de Baudelaire."Acorazado", también de 2017, quizá sea la imagen más real de un detalle del transbordador, la menos inclinada a generar perturbaciones del ánimo, pues bien podría ser un magnífico dibujo arquitectónico destinado a presentar el edificio. Regresan las rebabas y se hace muy evidente un recurso técnico-expresivo que, aun cuando ya estuvo desde 1996 en el detalle de la escalera portátil de "En busca de la tierra prometida", consiste en invertir el valor de las líneas de los contornos: el dibujo constructivo se realiza a partir de líneas salientes del taco, por lo tanto, blancas, en lugar de ser producto de la excavación con la gubia transferida en negro al soporte de  la imagen.


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Leonardo Gotleyb - 2017- “Deconstrucción ferrosa” -Xilografía-80x60.

Eefecto visual de desmaterialización

Es probable que esta inversión, yuxtapuesta al diseño normal de una xilografía (los perfiles negros se generan mediante los surcos llenos de tinta, los extensos blancos lo hacen a partir de las superficies intocadas y libres del taco), dé lugar a un efecto visual de desmaterialización que nos enfrenta a un desbarajuste perturbador de nuestras correspondencias intuitivas, las que nos han enseñado desde la prehistoria que los bordes de las cosas se representan con líneas llenas y las áreas blancas o monocromáticas se refieren a la superficie sustancial de 
las mismas cosas.

Es cierto que las pinturas de figuras negras en los vasos griegos de época arcaica ya exploraron el recurso de inversión, y que en el propio Piranesi podemos encontrarlo en la representación de los sillares de muros y arcos, aunque en sus aguafuertes el trastoque es siempre compatible con el juego realista de las luces y las sombras.

Como quiera que sea, volvemos a topar con reminiscencias del veneciano Giovanni Battista y con el espíritu de sus "invenciones", porque la mayoría de los retratos urbanos de Gotleyb son composiciones libres a partir de fragmentos de las armaduras férreas de sus edificios. "En busca de la tierra prometida" está construida con las varillas de hierro del hormigón y los escorzos de vigas de acero en rigurosa perspectiva.

Las varillas dominan las imágenes a partir de "El mito urbano" (1999) y "Perfil urbano" (2004), donde componen acumulaciones de materiales que no sabemos si están en obra o son ruinas de proyectos abandonados. Sugieren una cierta actividad en "Aparente calma" (2011), pero cualquier sensación de apaciguamiento psíquico se ve aplastada por el cielo negro que cubre la mitad de la hoja y reedita las memorias goyescas.


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Leonardo Gotleyb “Acorazado” - 2017 -Xilografía - 80x60.


En algún momento, las visiones de Gotleyb recordaron las dramáticas escenas del trabajo portuario que grabó Quinquela, invadidas por el humo y el chirriar de los metales, el rugir de las calderas. Mas lo cierto es que, a pesar de sus claroscuros y del abigarramiento agobiante de las formas, los aguafuertes del boquense desbordan de presencia humana -no obstante sus acentos algo demoníacos- y despliegan cuadros de nuestros poderes de creación, tal vez abrumadores como aquellos a los que William Blake cantó ya en su poema "Jerusalem" de 1810, en los tiempos primeros de la Revolución Industrial, y portadores de la capacidad destructiva-constructiva  que Goethe atribuyó a Fausto en la segunda parte de su historia.

Los paisajes industriales de Gotleyb serían, por el contrario, los del ocaso de esta civilización, próximos en espíritu a los imaginados por la ciencia ficción: los de "El eternauta", los que transitó el profesor Mortimer en su viaje al futuro en "La trampa diabólica", los de los mundos visitados por Valerian, el agente espacio-temporal en "La ciudad de las aguas movedizas".

De nuevo las varillas, independizadas de cualquier funcionalidad que no sea la de los elementos irónicos de las dos "Arqueologías de un naufragio" (2016) y las Cartografías (2017). "Irónicos", pues ambos naufragios fueron resultado de una disposición casi abstracta de los tirantes de acero, geométricamente regulada sobre la base de la repetición directa de un taco-módulo que se duplica, se yuxtapone, e invierte el arriba y el abajo, la izquierda y la derecha.

Hay orden, no la dispersión que podría esperarse de un naufragio. Por el contrario, los mapas de las "Cartografías" peculiares de Gotleyb traicionan el objetivo orientador de cualquier plano en el mundo, y vale nuevamente para ellas, suerte de antífrasis visuales, la apelación a la ironía. Me detengo, por fin, en "Deconstrucción ferrosa" (2017), donde confluyen todos los dispositivos, los recursos estéticos y el ilusionismo que Gotleyb inventó para sí. En esa xilografía están el cielo de "Spleen", las inversiones duplicadas entre negros y  blancos, entre perfiles y llenos, la infrecuente simetría ya explorada en los "Naufragios".


La técnica magistral de los grabados de Gotleyb plantea la posibilidad inesperada de que, a pesar del colapso de nuestra era de las máquinas invasoras y corruptoras del planeta, la incógnita de esa X soberana de "Deconstrucción ferrosa" sea un vislumbre del rescate  ético y co-creador, junto a la naturaleza, de los trabajos de la Humanidad.

¿Podremos levantar una Jerusalén luminosa donde erigimos nuestra Babilonia oscura de acero y fuego negro? La obra de Gotleyb, su crítica irrenunciable del presente y su apoteosis de la laboriosidad, abren la puerta a una esperanza no livianamente optimista, sino lúcida y robusta. La muestra puede visitarse hasta el viernes 15 de septiembre en el espacio  de arte del Colegio Profesional Inmobiliario (Adolfo Alsina 1382 - Capital Federal).


*Miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes y de la Academia Nacional de la Historia.

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