La convivencia en la escuela
La construcción de vínculos de respeto en el ámbito escolar es una tarea que requiere el compromiso de toda la comunidad educativa. Enseñar las reglas de la convivencia en la infancia y la adolescencia ayuda a sentar las bases de una sociedad más democrática y libre de violencias.
Esta semana se cumplieron diez años de la sanción de la ley nacional 26.892 para la Promoción de la Convivencia y el Abordaje de la Conflictividad Social en las Instituciones Educativas que establece una serie de lineamientos para fortalecer los vínculos en las escuelas. La norma surgió como una respuesta al problema del hostigamiento escolar, es decir, a aquellas situaciones en las que se manifiesta un hecho de violencia entre alumnos. Se trata de un problema que es más frecuente de lo que muchos creen y, en ese sentido, la organización no gubernamental Bullying Sin Fronteras, advierte que en Argentina siete de cada diez niños y adolescentes sufren acoso escolar. Los especialistas explican que los hostigamientos pueden manifestarse a través de burlas, amenazas, aislamiento de la víctima, apodos, ridiculización y crueldad. En algunos casos, incluso, puede llegar a graves agresiones.
Es importante que los adultos presten atención al pedido de ayuda de las víctimas cuando denuncian actitudes de acoso en el aula por parte de sus compañeros. Lo que se debe hacer en estos casos es promover espacios de diálogo y, al mismo tiempo, observar si hay algunas señales como síntomas de ansiedad, malestar físico o baja autoestima en los niños que pueden estar sufriendo estas prácticas. Especialistas en la temática observan que se trata de un fenómeno que está presente, en mayor o menor medida, en la mayoría de las escuelas y por esa razón la tarea de prevención debe involucrar al conjunto de la comunidad educativa, incluyendo a padres, maestros y, por supuesto, también a los alumnos. Es fundamental que en el horario escolar se promueva el respeto a las normas de convivencia y, al mismo tiempo, se fortalezcan los vínculos entre la escuela y la familia.
Como todos sabemos, tanto las familias como las escuelas han sido y siguen siendo los espacios de socialización más importantes que tiene una comunidad. De ahí la necesidad de que todos los adultos que participan en la formación de los niños y adolescentes tengan presente la importancia de educar en el respeto hacia las otras personas, como una forma de mejorar las relaciones tanto dentro de la escuela como fuera de ella.
Es importante, además, que el grupo pueda reflexionar sobre el rol que ocupa cada uno y la función que cumple la institución educativa y también el papel que puede desempeñar el entorno familiar en la prevención de estos casos. Si la familia logra detectar algún indicio que confirme que, efectivamente, existe una situación de acoso escolar, en esos casos lo mejor es que se solicite a la escuela que intervenga y evalúe el caso para, si es necesario, adoptar medidas rápidas para detener las conductas de hostigamiento. Se debe tener presente siempre que la institución educativa debe construirse como un espacio de relaciones basadas en el respeto por los otros y en la aceptación voluntaria de las pautas de convivencia que ayudan a crecer a todos. Nunca debe minimizarse el problema de la violencia entre pares en el ámbito escolar. La escuela, con su capacidad para promover normas, valores y creencias, debe cumplir un papel fundamental a la hora de prevenir este tipo de conductas, sin desconocer, por supuesto, que el conflicto es inherente a la vida en sociedad. Y como a convivir se aprende conviviendo, nada mejor que la experiencia de los chicos que están en edad escolar para enseñar (y aprender) la enorme importancia que tiene el respeto por las otras personas con las que compartimos nuestro tiempo. Se debe aprender que a lo largo de toda nuestra vida nos encontraremos con personas que tienen miradas del mundo y opiniones diferentes, así como gustos que no siempre coinciden con los propios. Es probable que ese proceso de aprendizaje no siempre avance en línea recta y por esa razón la familia, la escuela y la comunidad deben estar preparados para acompañar a los chicos en este largo viaje.










