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Murió Carlos Carrara: el adiós a un reconocido "huesero" de Villa Alta

Este miércoles gris dejó de existir el hombre que quitó los dolores de miles de resistencianos que visitaron su "consultorio" de la calle Fray Rossi 186.

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Foto gentileza de la familia Carrara.

El personaje de la capital chaqueña realizó otrora lo que hoy en día hacen los llamados quiroprácticos. Lesiones deportivas, golpes hogareños, chichones de ocasión y dolencias varias llevaron a miles de personas de la más variada posición social a requerir sus servicios. 

Carlos Dubel Carrara nació el 20 de diciembre de 1936 en Malabrigo, Santa Fe. "Llegó a Resistencia de muy chico. Sus padres se separaron, quedó un poco a la deriva y lo mandaron con un tío que vivía en la capital chaqueña con una hermana de su papá. No fueron buenos años en su niñez, hasta llegó a dormir sobre una bolsa arpillera. Fueron tiempos muy duros", indicó a NORTE Marta Carrara (55), hija del difunto quiropráctico. 


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Foto gentileza de la familia Carrara.

"Mi padre supo trabajar en una panadería, que estaba en calle 3 y avenida 25 de Mayo, llamada ‘La Aurora’. Allí aprendió a hacer pan, luego de hacer el servicio militar entre los 18 y los 20 años. Se casó a los 23 con Odolina Alicia Invernizzi. Entre sus talentos, sabía actuar y tocaba muy bien la armónica, recorriendo un gran abanico de estilos. Folklore, tango, música brasilera, corridos mexicanos, polcas paraguayas y chamamés son algunos de los ritmos con los que entretenía las reuniones con sus amigos", recordó. 

"La primogénita del matrimonio es Norma Alicia Carra (quien al momento de la redacción de esta nota tiene 62). Ella nació con algunos problemas de salud, por lo que fue intervenida quirúrgicamente. Afortunadamente se repuso favorablemente y llevó una vida normal. Yo soy la del medio y el menor es mi hermano Juan Carlos (52)", apuntó Marta. 


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Foto gentileza de la familia Carrara.

"Mi padre se casó con una mujer que era hija de un estanciero… Entre risas recordaba que el solamente era un ‘pobre infeliz’. Siempre fue muy trabajador y tenía muchas ganas de progresar. ‘Dame tiempo que vamos a salir adelante’, contaba mi padre, haciendo memoria de aquellos primeros años de casado con mi mamá", relató. 

"En algún momento un tío le ofrece a papá poner una fábrica de mosaicos en la casa de Fray Rossi 186, donde estaba la oficina en la planta alta y en la planta baja era donde se confeccionaban las piezas. Allí dio rienda suelta a su creatividad, si bien tenía ayudantes, el mismo supo armar las mesadas de granito y de mármol. Así llegaron a tener buenos clientes, como la empresa Supercemento", afirmó. 


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Dolores, sanidad y un legado

"Un problema en el ciático lo dejó sin caminar. Entonces lo llevaron a su Malabrigo natal, para ver a un sacerdote de apellido Sponton que hacía quiropraxia. Apenas lo vio el religioso le dijo: ‘vos vas a hacer lo mismo que yo’. Sin entender mucho lo sucedido recibió sanidad y volvió a Resistencia, donde ya recuperado continuó trabajando en la fábrica de mosaicos. Hasta que en una oportunidad mi madre estaba corriendo unas macetas de cemento, un poco pesadas, y quedó tendida del dolor. Entonces mi papá la acostó en una cama y le acomodó la columna, desapareciendo el malestar inmediatamente", recuerda Marta. 

"Eso que sucedió con mi madre fue como el inicio de las sanaciones. Ella luego le comentó lo que pasó a un cuñado, quien también le pidió a papá que lo cure y de alguna manera lo ‘arregló’. A su vez mi tío, que trabajaba en una fábrica de lácteos, se hizo eco del episodio. Así es que trajo a su jefe, que cargaba con un dolor persistente, para que vea a mi padre . Aunque en un principio mi padre le explicó que no sanaba el hombre insistió y finalmente fue aliviado de su dolencia", relató.


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Foto gentileza de la familia Carrara.

"La noticia fue corriendo de boca en boca y así llegó un día un doctor de apellido Beveraggi, un poco camuflado, debo reconocer. Ese hombre acompañó a unas personas y le llamó mucho la atención lo que pasaba con quienes eran curados de sus dolores. Así se fue enterando la gente, al punto que tuvimos que mudarnos a la zona de la vieja terminal, en el centro de Resistencia donde mi padre se dedicó exclusivamente a atender a los que iban buscando alivio de sus malestares", afirmó la hija de Carlos Carrara. 

Ya instalado en el microcentro de Resistencia, sobre la calle Santa María de Oro, Carlos alquiló la fábrica de Fray Rossi. Tiempo después cerró ese emprendimiento y comenzó a construir su casa en ese lugar.

Su faceta artística y deportiva

Siempre amante de la música, por el año 1975, Carlos quería formar un grupo musical pero no conseguía un bombista. Así es que su hija Marta recibió algunas instrucciones de su padre, dando lugar a la formación de ‘Los Cuatro del Chaco’. Agrupación que supo recorrer escenarios de la Peña Martín Fierro, del interior del Chaco y hasta Reconquista, en la provincia de Santa Fe. 


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Foto gentileza de la familia Carrara.

Hincha y arquero del "Expreso de Villa Libertad", Carlos supo custodiar los tres palos de Regional. Décadas más tarde se puso al hombro la construcción de las canchas de bocha que funcionaron en el bajotribuna del viejo estadio de tablones de madera del Club Atlético Sarmiento. Donde también integró la Comisión de Bochas. "Consiguió una tierra especial, vaya uno a saber de dónde, las chapas, la pintura y otros elementos para dar vida a ese espacio que era un verdadero lugar de reunión para varias generaciones de resistencianos", dijo Marta. 

Viajes y sanidades en el NEA

"Curuzú Cuatiá, Ituzaingó y Mercedes en la provincia de Corrientes... Posadas y Apóstoles y Colonia Liebig en Misiones, son algunos de los lugares que frecuentaba en sus largos viajes en auto ya que muchas personas de esos sitios solicitaban su ayuda para relajar sus malestares físicos. Eso formó parte de su rutina, que se dividía entre viajes y sus consultas habituales en la casa de Fray Rossi, que se terminó de construir en el año 1985", rememora Marta. 

"La verdad no tenía tiempo para otra cosa. Hizo mucho bien. Siempre lo acompañaba mi madre, eran inseparables. Recuerdo chicos muy pequeños, bebés de dos años, por ejemplo que no podían caminar, con anomalías congénitas que salían caminando luego de sus intervenciones. Puntualmente recuerdo un caso que pasó en Apóstoles, con una chica de 24 años, que era paralítica de nacimiento y llegó a verlo desde otro pueblito misionero. La atendió dos veces y le recomendó comenzar natación. Luego la atendió dos veces más, un mes de por medio. Y en el siguiente encuentro la muchacha llegó caminando y súper agradecida porque literalmente le cambió la vida", aseguró Marta. 


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Foto gentileza de la familia Carrara.

"Para mí fue un enviado de Dios para ayudar a mucha gente"

"Conforme fue envejeciendo nos preocupaba que no le dé el tiempo ni las fuerzas para poder atender a todos. Pero de alguna manera las mismas personas se fueron amoldando a sus posibilidades y con mucha paciencia lográbamos darles respuesta a todos", relató. 

Carlos tenía EPOC, y las notables consecuencias de casi medio siglo de fumar mucho. "Cada vez se agitaba más. Si bien tenía oxígeno provisto por asistencia mecánica, y había dejado de fumar unos quince años atrás, teníamos continuo control de su salud. Desde que empezó la pandemia estuvo más retraído en su habitación. Pese a la enfermedad respiratoria crónica el resto de los estudios le daban muy buenos valores", reveló. 

Curó a un león y a un puma

Ante la noticia de la muerte de Carlos Carrara, surgieron recuerdos de algunos conocidos y allegados que relataban que en una ocasión el hombre supo sanar a un león. NORTE consultó a Marta Carrara para saber la veracidad de esa historia. "No solo a un león, también le curó una cadera torcida a un puma. Y siempre le traían perritos con problemas de dolencias o movilidad, de cadera o de columna. Hasta hace dos meses atrás llegó a curar a un perro. Consideraba a las mascotas como parte de la familia y tal es así que su último paciente fue un perrito", sentenció. 

 

Falleció sentado mirando TV

"Mi hermano Juan Carlos era el que le preparaba el desayuno. A papá le gustaba  tomar café con leche y lo acompañaba con una torta frita, cada mañana. Hoy (por este miércoles) al entrar a la habitación donde estaba mi padre, mi hermano le dejó en una mesita las cosas y pensó que quedó dormido mirando la tele. Al no tener respuesta y notar que no reaccionaba cuando le habló, inmediatamente me llamó asustado. Fui hasta el cuarto y cuando lo toco noté que estaba un poco frío, aunque el cuerpo todavía estaba movible. Así que eran las 8.22 cuando nos dimos cuenta que falleció", informó la mujer a este medio.

"Fue una muerte súbita. Murió en paz, no sufrió. No se cayó ni se lastimó. Así es que estamos tranquilos porque su final fue en buenos términos y tenemos el acompañamiento de muchísimas personas a las que curó, que nos dejan sus muestras de cariño y agradecimiento por lo que mi padre les supo dar", concluyó. 

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