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El mundo emergente

El centro de gravedad de la economía mundial se desplaza hacia el este. Prueba de ello es que en los años 90 el 60 por ciento del PBI global era generado por países de Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá y Japón. Ahora, en cambio, las economías de la región Asia Pacífico ya superan a las de las naciones occidentales que, lentamente, ceden protagonismo en este nuevo escenario.

Cuando en 1989 el mundo observaba con asombro la caída del Muro de Berlín, más de la mitad del PBI de la economía mundial estaba en manos de una veintena de países desarrollados de Occidente que, como una locomotora global, sumaban también el empuje de Japón. Pero el desempeño de las economías de ese grupo de naciones no se mantuvo intacto y fue declinando con el paso del tiempo. En efecto, en las últimas tres décadas el centro de gravedad de la economía mundial se fue desplazando gradualmente hacia el este, en gran medida gracias al extraordinario crecimiento de China y, más allá de las dificultades que pueda atravesar el gigante asiático, se cree que ese desplazamiento del poder económico mundial se acentuará en los próximos 50 años. No es casual que ese fenómeno tenga como epicentro una región en la que reside actualmente el 60% de la población mundial, mientras que si se observan las variables demográficas de todos los continentes se advierte que Asia sigue manteniendo la tasa de natalidad, ubicándose así como el continente más poblado, mientras que Europa experimenta un envejecimiento poblacional que compromete seriamente a las economías de sus países. Este proceso ya se siente pese a que se manifiesta muy lentamente. Así, por ejemplo, la baja natalidad en España obligó a cerrar más de un centenar de jardines de infantes y escuelas primarias en los últimos diez años por falta de niños. Algo similar ocurre en otros países europeos que comparten también otra preocupación: la peligrosa combinación del marcado descenso de los nacimientos y del aumento en la cantidad de europeos en edad de jubilarse. Se trata de una cuestión seria ya que se estima que para el año 2050 habrá menos de dos europeos económicamente activos por cada persona por arriba de la edad de jubilación. Una nota publicada en el diario El País, de España, revela que un reciente informe sobre envejecimiento elaborado por la Comisión Europea estima que la población total de la región disminuya a largo plazo, y que también experimente un "cambio significativo" en su estructura de edad en las próximas décadas, mostrando una mayor cantidad de personas adultas mayores.

Algo exactamente al revés de lo que ocurre en los países asiáticos, donde China e India muestran que siguen creciendo en cantidad de población. En ese sentido, África muestra una dinámica similar, es decir, con una creciente tasa de natalidad, aunque se calcula que recién en el año 2100 podría alcanzar, en términos de población, a Asia. Algunos expertos sostienen que en este mundo emergente la formulación de políticas para la economía global ya no estará exclusivamente en manos de los países ricos del siglo pasado, sino que habrá un marcado protagonismo de las naciones de la región Asia Pacífico, donde la evolución de la economía acompañará sin dudas a la evolución de la demografía. Cabe aclarar que, en este contexto, Estados Unidos seguirá ocupando un rol central en los próximos años como principal potencia mundial militar y económica, pero a medida que pase el tiempo China mostrará mayor capacidad para competir de igual a igual con Washington. De hecho, la serie de visitas que prominentes personalidades de Estados Unidos realizaron a Pekín este año (desde la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, hasta el mismísimo Henry Kissinger que fue recibido por el presidente Xi Jinping) revela que ambas naciones tienen una mayor predisposición al diálogo y que se reconocen como principales potencias económicas, mientras el Viejo Continente va lentamente quedando relegado, en medio de los riesgos que plantea el envejecimiento de su población. Es en este nuevo escenario en el que nuestro país debe definir su política exterior y preparar una estrategia que lo posicione de la mejor manera para encarar los desafíos que presentará este nuevo mundo emergente.

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