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Por una pedagogía de la convivencia

El respeto a las leyes y las instituciones es un principio fundamental de las sociedades democráticas.

En ellas, el cumplimiento de las normas vigentes y el respeto a las instituciones son necesarios para garantizar la convivencia y la paz social. La agresión que sufrió el juez de Familia, Juan Carlos Lubary, por parte de personas que exigían la liberación de un menor de edad en la ciudad de Resistencia, es un hecho de gravedad que debe hacer reflexionar a toda la comunidad.

Por momentos se tiene la sensación de que, como sociedad, hemos perdido la capacidad de distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Cada tanto nos enteramos que, en algún lugar del país, un padre o una madre agrede a un docente de escuela primaria o a una maestra jardinera porque no estaba de acuerdo en el trato que recibió su hijo. Lo mismo ocurre en las calles, donde algunos conductores que cometen una infracción (estacionar donde no corresponde, cruzar un semáforo en rojo, circular sin la documentación obligatoria, etc.) se sienten con el derecho a agredir física o verbalmente a un inspector municipal porque consideran que la falta no merecía una sanción, ni siquiera una observación por parte del funcionario público. Al parecer, algunas personas -no todas, afortunadamente- olvidaron que el respeto a la ley no es otra cosa que la aceptación de reglas básicas para que la sociedad no se convierta en una jungla. Eso es así aquí y en cualquier sociedad del mundo. ¿Eso quiere decir que un docente, un juez o un inspector de tránsito nunca comete errores? De ninguna manera. Cada una de las personas que desempeñan esos roles en la comunidad también están obligadas a cumplir las normas y si existiera algún incumplimiento, el ciudadano afectado por esa inobservancia puede apelar a los distintos procedimientos que existen para cuestionar lo que, a su juicio, vulnera su derecho.

Tal vez sea necesario promover una pedagogía de la convivencia en edades tempranas, partiendo desde lo más básico: si todos pudiéramos hacer siempre lo que deseamos, sería prácticamente imposible la convivencia en una comunidad. La evolución de las sociedades humanas sólo fue posible en la medida en que se crearon leyes que establecen deberes y derechos para todos los ciudadanos por igual. Esas personas que agredieron al juez en la ciudad de Resistencia tal vez hayan olvidado que como comunidad nos hemos dado un conjunto de reglas compartidas para que la convivencia social sea posible. Son reglas que todos debemos observar, porque ante la ley todos los ciudadanos y ciudadanas somos iguales, es decir que tenemos las mismas obligaciones, las mismas responsabilidades y los mismos derechos.

Asegurar la convivencia pacífica en una comunidad que viene de sufrir varias crisis no es una tarea sencilla. Desde el regreso de la democracia en 1983 hasta el año 2020, el país sufrió nueve crisis económicas, algunas de años de duración. En la actualidad casi la mitad de la población vive en situación de pobreza, y casi seis de cada diez niñas, niños y adolescentes viven en hogares de bajos ingresos con dificultades para llegar a fin de mes. Frente a esa realidad, todos los sectores de la comunidad deben comprometerse a resolver los conflictos de manera pacífica y para eso es necesario una pedagogía de la convivencia, entendida ésta como un conjunto de saberes que nos ayude a formarnos como ciudadanos responsables y que nos recuerde, todas las veces que sean necesarias, que observar la ley quiere decir cumplirla. Porque la paz social no es sólo la ausencia de conflictos. Convivir en paz requiere aceptar las diferencias y tener la capacidad de escuchar, reconocer, respetar a los demás.

Para que una comunidad pueda generar bienestar para todos sus integrantes es necesario que exista respeto y confianza entre los distintos grupos que la conforman. Es que la confianza es un elemento fundamental y necesario para la cohesión social, a la que se llega luego de transitar un largo proceso en el que cada uno de los integrantes de una comunidad comprende que lo mejor para todos es que cada uno contribuya a minimizar los conflictos. Es importante, además, promover canales de diálogo y negociación para que cualquier problema se resuelva en forma pacífica.

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