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OPINIÓN

Civilización y barbarie en la televisión argentina

Los grandes medios con sede en la ciudad de Buenos Aires cada vez que posan su mirada sobre el interior del país lo hacen desde una perspectiva centralista y de superioridad.

Estamos acostumbrados, y tenemos naturalizado, que en la televisión y en los grandes medios con sede en la ciudad de Buenos Aires, los análisis y comentarios tengan la impronta porteña, y que por consiguiente, cada vez que posan su mirada sobre el interior lo hagan desde una posición de superioridad.

Para ellos, todo lo que transcurre más allá de la avenida General Paz debe responder a alguno de los siguientes patrones: narco criminalidad, trata de personas, conflictos sociales, piquetes, picos de temperatura (frío, calor) y desastres ambientales, entre otros temas. 

No sólo las provincias más alejadas cargamos con esa imagen, sino también el conurbano bonaerense, que siempre queda asimilado a la crónica policial, según esa perspectiva centralista. 

En contraposición, el ámbito rural bonaerense es descripto en las noticias desde la óptica de la producción y del esfuerzo y la laboriosidad de sus habitantes.

Este contrabando ideológico sucede todos los días con la impunidad del poder económico, y "educa" la conciencia de millones, mientras asienta las normas que ordenan nuestra vida cotidiana. 

Con liviandad, como al pasar, cualquier conductor o panelista se siente habilitado para menospreciar nuestra cultura y los recursos sociales que empeñamos en transformar la realidad. 

Desde una ciudad que devora el presupuesto de una suma de provincias, una ciudad dedicada a los servicios antes que a la producción, que demanda los dólares que ingresan por la exportación de los recursos naturales y del agro de las provincias, desde esa ciudad unitaria, la pantalla baja línea y chorrea desprecio y racismo.

Pero una cosa es que lo digamos nosotros, desde las banderas del federalismo, desde el llano, desde el conocimiento en vivo y en directo del esfuerzo popular; y otra es que ellos lo exhiban sin tapujos y que queden en evidencia. 

Bastó una nota en el subte, con una "movilera" que la iba de canchera, para que quedara a la vista la posición desde donde cubren los acontecimientos o describen el entorno.

El programa se llama "Bien de mañana", lo conduce Fabián Doman y se emite por Canal 13, la periodista se detiene ante una pareja cuya vestimenta indicaba la pertenencia a un pueblo originario, y pretendía iniciar un diálogo, "filtrado" por las creencias de quienes manejan micrófonos y cámaras. 


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El programa que se emite por Canal 13 Bien de Mañana, conducido por Fabián Doman, recibió denuncias por burlarse de dos integrantes de pueblos indígenas.

El hombre y la mujer hablaban, y a pesar del ajetreo matutino y de las interrupciones decían frases tan contundentes y cargadas de significado como: "vivir bien, no tener prejuicios", "tienen que aprender la escuela, allí tienen que cambiar un poco", "tienen que renovar todo, no sirve eso" (cuando la movilera les refiere que están Doman y los panelistas). 

Entonces se escucha a una panelista decir: "Bregamos por los derechos de los pueblos originarios y el indio nos quiere rajar". 

Luego, la señora explica que "Somos del Tercer Malón de la Paz, que venimos de Jujuy a Buenos Aires...", pero la inquieta movilera, que los trata como si estuvieran en una estudiantina, la interrumpe al son de "¿Vienen a traer paz?". 

Con paciencia, la hermana jujeña indica que "es paz basada en la verdad y en la justicia", pero la nueva interrupción es: "¿Votaron?".

"Yo estoy hablando en serio, y usted se ríe", atina a decir ella, ajena a los códigos pasatistas del panelismo televisivo. 

En la cúspide de las contradicciones, retoma sus profundas palabras: "Son cosas serias porque estamos definiendo el destino de un país".

 Pero el conductor recurre a su porteñismo"garca y ordena: "Andate, Magui, tampoco es para que nos dé clases de moral".

Todo, todo el sentido del porqué y del cómo llegamos hasta esta situación, la respuesta sobre la escasa relevancia de la educación en las agendas, sobre la fragmentación de un país y el desprecio a la riqueza cultural y la diversidad, están condensados en ese instante televisivo.

Urgen jornadas de análisis y lectura en las escuelas: "Medios masivos y su contribución a la democracia, la educación y la cultura".

"Los medios y los pueblos originarios" (recordar que hace unos años el periodista Jorge Lanata decía: "Para qué quieren una radio los aborígenes de Wichí El Pintado"). 

Cabe aclarar que centenares de artistas de todo el país han firmado un petitorio a favor de las demandas del "Tercer Malón de la Paz".

Epígrafe:

El programa Bien de Mañana, de Fabián Doman, recibió denuncias por burlarse de dos integrantes de pueblos indígenas.

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