El sistema de vouchers para financiar la educación
Por Sergio Daniel Soto (*) 
 
 
 Los bonos educativos no son una propuesta nueva, ni original, y fracasó en los lugares donde se implementó.
El sistema de bonos educativos (vouchers) fue promocionado durante los años 60 por Milton Friedman como una alternativa liberal que favoreciera la elección voluntaria de los padres sobre la educación de sus hijos, hubo un intento de desembarco en varios países de América Latina, en la oleada de reformas neoliberales de los noventa; en Argentina por medio de la Ley Federal de Educación y los procesos de transferencias de responsabilidades estatales hacia unidades administrativas menores, se intentó llevar adelante en el marco de las llamadas Escuelas Charter, y en otros países a través de los programas especiales financiados por el Banco Mundial, principalmente.

En Chile, se aplicó —dictadura de Augusto Pinochet mediante—, y fue un sistema que explotó en mil pedazos y motivó las revueltas estudiantiles de hace un tiempo atrás, revueltas que desembocaron en los debates por las reformas de los sistemas educativos, de salud y de la propia Constitución chilena. Suecia implementó un modelo de bonos educativos para financiar la educación con resultados dispares.
En todos los casos analizados aumentó la segregación y las diferencias sociales en el interior de los sistemas educativos, se diluyó la educación como derecho con garantía del Estado, y según los registros de las pruebas educativas de alcance mundial, como por ejemplo PISA y otros sistemas de evaluación estándar, la calidad educativa general disminuyó en los sectores más desfavorecidos y aumentó en los más pudientes.
Para analizar este tema voy a centrar la atención en la implementación del modelo en Suecia, donde el formato adoptado consistió otorgar un "bono educativo" para acompañar a los estudiantes otorgándoles a las familias un monto de dinero pagado de forma directa a cada institución educativa, en lugar de financiar a las escuelas con presupuesto preestablecido.
Este bono (voucher) podía ser utilizado en centros educativos estatales —donde los estudiantes tienen su lugar asegurado— y en aquellos que se encuentran gestionados de forma privada, en este país, las condiciones para estas instituciones son, entre otras, que no pueden cobrar una cuota extra a las familias, ni rechazar postulantes bajo ningún concepto, los cuales ingresan por orden de solicitud. Tras la reforma que introdujo el sistema de libre elección en 1992, las escuelas de gestión privada experimentaron un rápido crecimiento, pasando del 4% del total de la matrícula en el año 2000 al 16% en menos de diez años. Más del 50% de estas instituciones se organizaron con fines de lucro.
El sistema educativo sueco era centralizado y monopolizado desde la órbita estatal. Los resultados en los exámenes internacionales situaban al país por encima del promedio de la OCDE (Organización para el Desarrollo y el Comercio Europeo) en las asignaturas más fuertes, y similar al promedio de esta en el peor de los casos.
A principios de los años 90, Suecia sufriría una fuerte crisis económica que quiso resolver a través de un giro hacia políticas orientadas al mercado y a la privatización de los servicios públicos. El cambio de modelo educativo fue, en consecuencia, una cuestión más bien ideológica que de necesidad, ya que cobró mayor fuerza la idea de que las instituciones públicas resultan ineficientes por definición —entendiendo que en manos de privados serían más racionales y eficientes—, y el gasto de recursos se comenzó a cuestionar con mayor ímpetu. Las primeras medidas estuvieron orientadas a descentralizar las responsabilidades educativas dando autonomía y capacidad de decisión a las municipalidades.
Lo que se buscaba era aumentar la competencia y fomentar la formación de escuelas privadas. La teoría disponía que las escuelas de baja calidad sufrirían la pérdida de sus alumnos y eventualmente cerrarían, premiando de esta forma a las que mejor satisfagan las demandas de los padres.

Resultados del sistema de bonos en Suecia
Los resultados de los exámenes PISA, una muestra global del conocimiento de los alumnos de 15 años, fueron un duro golpe para el país. Suecia sufrió el más brusco descenso en sus calificaciones entre todos los países evaluados entre los años 2003 a 2012, pleno momento de la implementación del sistema de vouchers. El debate nacional reflejó la preocupación de toda la sociedad al encontrarse que un cuarto de los estudiantes no obtenía el mínimo esperado en las pruebas de matemáticas, la cantidad de alumnos sobresalientes se redujo a la mitad y las calificaciones empeoraron en todos los ámbitos analizados.
Lo más llamativo era que este declive se evidenciaba al mismo tiempo que las mediciones nacionales propias mostraban un alza en las calificaciones, una contradicción absoluta no solo respecto a los exámenes PISA, sino también respecto a otras pruebas globales como las TIMMS y PIRLS2.
Otro ejemplo fallido de mercantilización
¿Qué podía estar ocurriendo? Uno de los principales inconvenientes generados por el modelo es que la responsabilidad migró del Estado hacia los padres: siendo ellos ahora los responsables de juzgar si la educación recibida es de buena o mala calidad sin que tengan las herramientas necesarias para hacer este juzgamiento. No hay castigos ni intervenciones para las escuelas, sino que se supone que el mercado las castigará. La evidencia indica con claridad que nada de esto ocurre, la nefasta implementación de la Ley Federal de Educación en Argentina es otro ejemplo fallido de "renovar" el sistema a través de su mercantilización, en vez de financiar, proponen subsidiar solo lo necesario.
Otra dificultad que se puede encontrar es el método de evaluación: las escuelas favorecen exámenes con preguntas abiertas que permiten un alto grado de subjetividad en las evaluaciones y sus resultados en las calificaciones. No fueron pocos los casos donde los docentes presionados por los directivos terminaron otorgando buenas calificaciones aun cuando no correspondieran, con el fin de incentivar a los padres a que continúen enviando a sus hijos a esa institución. Una de las críticas más recurrentes al sistema sueco —y a muchos otros— es que son los mismos docentes que imparten clases quienes califican a sus alumnos, en lugar de derivar la calificación hacia alguien imparcial.

Vouchers educativos y el aumento de la segregación social
Con la consigna de que las escuelas van a poseer la libertad de elegir el método para transmitir los contenidos al alumnado, se terminó acentuando la diferencia en los resultados entre colegios y se produjeron niveles tremendos de fragmentación del sistema educativo.
En Suecia hubo un aumento de la segregación social, que siguió el patrón de privatización de las empresas públicas, tal como se puede ver reflejado en un reporte de la OCDE y otro de Unicef. A través de la introducción de la libre elección, la sociedad tuvo una tendencia mayor a la división de acuerdo con su condición social.
El índice de inclusión académica cayó mucho más que en el resto de los países donde no se implementó (período comprendido entre 2003 y 2012). Si bien se mantuvo durante un tiempo con valores positivos, esto se debió a que el sistema era totalmente inclusivo previo a la reforma, luego de la cual fue sufriendo una caída paulatina directamente relacionada al crecimiento de la privatización de la educación. La explicación la podemos encontrar en la segmentación social que se acentúa por la división demográfica entre barrios de inmigrantes y de no inmigrantes que surgió en los principales centros urbanos.
En Suecia, la sociedad tiene un amplio consenso de que una educación equitativa y de calidad está estrechamente vinculada con el bienestar económico, por lo que esta situación se plantea como una problemática prioritaria.
El sistema de vouchers educativos no solo no es la panacea, sino que además no es algo nuevo, es la alternativa neoliberal que se intentó implementar alrededor del mundo para buscar una forma de educar a la población, en el marco del modelo de acumulación del capital. Está teñida de una fuerte connotación ideológica donde priman los valores del interés económico y se tiende a la formación de sujetos adaptados a las "necesidades del mercado", que en realidad no es el mismo interés que el de una nación para conservar y desarrollar sus valores y su cultura, sino más bien el de las compañías trasnacionales que buscan maximizar ganancias con mano de obra barata o poco calificada en algunos lugares y de elite en otros.
Pero más allá del sistema utilizado, lo más importante es comprender que el objetivo de los bonos educativos (vouchers) es volver un derecho en mercancía transable, y está muy lejos de promover a través de la igualdad de oportunidades, el desarrollo justo, equitativo y solidario con una economía que incluya a todos los ciudadanos, los vouchers son todo lo contrario.
Nada tiene más valor que la educación de los niños, niñas, jóvenes y adultos en contextos de paz, tranquilidad social y ejercicio de derechos garantizados por el estado, no solo importa desde lo sociocultural y emocional, sino desde lo político e institucional. No creo que la cabeza de los referentes de la derecha Argentina, piensen en un modelo educativo con las características que recién mencioné.
Por último digo, que no nos engañen con cantos de sirena, nada de esto es nuevo, estas ideas tienen un siglo de existencia y donde se implementaron generaron caos, fragmentación social y retroceso de los derechos mínimos de la población atentando contra los más elementales principios de convivencia humana.
(*El autor es profesor en Geografía, exministro de Educación de la Provincia del Chaco).
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