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Cuidemos las lagunas urbanas

Los efectos del cambio climático que comienzan a sentirse con mayor rigor en nuestra región, como ocurre en otras zonas del planeta, nos recuerdan la importancia de la preservación de las lagunas urbanas del Gran Resistencia. Estos espejos de agua que históricamente estuvieron sometidos a la presión ejercida por el avance de los rellenos y las construcciones vieron afectada, entre otras cosas, su capacidad para absorber el agua de las lluvias, sobre todo en los días de intensas precipitaciones. Si bien en los últimos años se adoptaron medidas para la recuperación de estos humedales, todavía falta mucho camino por recorrer para lograr que la ciudadanía adquiera plena conciencia de la enorme importancia que tiene su cuidado.

"No le pedimos que limpie la laguna. Solo que no la ensucie arrojando residuos", rezaba un cartel improvisado que manos anónimas dejaron días atrás frente a la Laguna Francia, ese espejo de agua que, desde que fue recuperado, mejoró el paisaje urbano de las villas Altabe, San Martín, Puppo y el barrio Los Troncos y de quienes aprovechan los espacios verdes que rodean a la laguna para disfrutar en familia o con amigos.

Las lluvias que cayeron ayer sobre el Gran Resistencia volvieron a recordar el valioso papel que desempeñan en el circuito de escurrimiento de las aguas. Pero no siempre se las valoró y, de hecho, durante mucho tiempo la gran mayoría de la población vivió de espaldas a estos espejos de agua, y prueba de ello es que no pocos vecinos vieron en ese espacio el lugar más apropiado para arrojar basura o, simplemente, para avanzar con rellenos o construcciones, en muchos casos irregulares. Según el recordado historiador, Carlos Primo López Piacentini, en los comienzos del siglo XX solo en la ciudad capital de la provincia existían unas 70 lagunas, mientras que en la actualidad no llegan a 30. El vertiginoso -y no siempre planificado- crecimiento de la capital provincial se encargó de alterar el paisaje natural y de ese modo, la enorme capacidad de absorción que ofrecían se redujo en forma notable. El resultado: inundaciones y anegamientos de viviendas que se levantaron en zonas que se ganaron a los espejos de agua.

Si bien, como se dijo, en los últimos tiempos los vecinos y también las autoridades comenzaron a valorar el papel que cumplen las lagunas, aún persiste el problema de conexiones cloacales clandestinas que descargan sobre los espejos de agua y el de los residuos plásticos que son abandonados en forma desaprensiva en los alrededores. Es de esperar, entonces, que se haya dejado atrás definitivamente la costumbre de rellenar las lagunas y que la ciudadanía comprenda que son espacios naturales que deben ser protegidos por toda la comunidad, no solamente por quienes viven cerca de las mismas.

Las lagunas actúan como reservorios que, entre otras importantes funciones que cumplen, ayudan a contener el exceso de agua en los días de lluvias intensas. Por eso es fundamental que se cumpla con el mantenimiento y cuidado de estos espejos de agua ya que ayudan a evitar que se inunden las calles o que el agua ingrese a los hogares de las zonas más bajas que pueden sufrir anegamientos. En se sentido, también hay que decir que es necesario que en las áreas aledañas a las estaciones de bombeo no se arrojen residuos, especialmente plásticos o escombros, para permitir que esos lugares se mantengan limpios y libres de cualquier obstáculo que pueda dificultar el normal funcionamiento del sistema de bombeo del área metropolitana que, vale recordar, se encuentra en una planicie aluvional. Ya sabemos que cada vez que llueve durante varios días, los efectos se sienten con mayor dureza en las zonas más bajas, donde el escurrimiento de las aguas no es lo suficientemente rápido como para evitar problemas a los vecinos. Es importante sumar nuevos esfuerzos y promover un mayor compromiso de la ciudadanía con el fin de lograr un mejoramiento de las condiciones del entorno, especialmente en lo que se refiere al cuidado de las lagunas urbanas. Este es, precisamente, uno de los primeros eslabones de una larga cadena de acciones que se deben adoptar, sin demoras, para mejorar la calidad de vida en nuestra comunidad.

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