Los educadores votamos futuro
Como testigos directos de la complejidad de la sociedad argentina, educadores y escuela tienen mucho para decir y ofrecer dentro de un proyecto de provincia que aspira a un lugar destacado en la reparación histórica del Norte Grande.
La escuela pública es por definición democrática. Generaciones de argentinos y argentinas han recorrido sus aulas con la expectativa puesta en la construcción de un proyecto de vida.
Tuvieron que atravesar para ello, como individuos y como comunidad, todo tipo de desafíos, desde las persecuciones, la censura, y el ajuste económico de la dictadura militar, hasta el congelamiento salarial a docentes y trabajadores, o el pago de sueldos con bonos Quebracho.
Los cuarenta años de democracia nos confirman que el pueblo argentino, a pesar de frecuentes decepciones con aquellos gobernantes que eligieron el elogio de los medios y de los poderosos, antes que el respaldo en las urnas de la ciudadanía, vota "futuro".
Mientras el relato neoliberal, que impregna redes y pantallas, hace una apología de la desazón y de la antipolítica, el ejemplo de jóvenes que estudian y buscan trabajo, de familias que luchan la diaria sin bajar los brazos, de profesionales y trabajadorxs que eligen creer y proponer conquistas y derechos, erige, en la práctica, un estatuto democrático vigente y esperanzador.

En carne propia
Escuela y educadores, testigos directos de la complejidad de la sociedad argentina, de la diversidad cultural, y del impacto de las crisis en el seno de las familias, tienen mucho para decir y ofrecer dentro de un proyecto de provincia que aspira a ocupar un lugar destacado en la reparación histórica del Norte Grande.
Ambos, escuela y educadores, sufrieron en carne propia los costos de las políticas de desinversión educativa, de privatización, de exclusión social, y de cargar con la mochila de la deuda externa.
Lxs que aceptaron a pies juntillas los programas del menemismo y De la Rúa, los que llevaron al país a la entrega y al estallido de diciembre del 2001, los que avanzaron sobre la escuela pública y sobre las universidades, los que vaciaron la educación técnica, lxs que convalidaron la rendición cultural para postrarnos ante las potencias y organismos financieros, hacen pasadas de campaña electoral por la puerta de los edificios —jardines, escuelas, universidades, que jamás construyeron— para ensayar su viejo discurso.
Si la mejora salarial es una expectativa de todos los trabajadores, dentro de la docencia este reclamo se extiende a las condiciones de vida y de trabajo, por eso la hoja de ruta no se separa de la política, sino que busca enriquecer las políticas públicas, para lograr un Estado presente que dé respuestas a las demandas.
Un somero repaso indica que, entre otras cuestiones, resultan tan trascendente como el reconocimiento salarial los siguientes reclamos:
1) jerarquizar la carrera docente con nuevos cargos de ascenso;
2) incorporar más criterios de puntaje, transparentes y equitativos;
3) desarrollar planes de vivienda para la docencia;
4) garantizar la estabilidad;
5) fortalecer el vínculo con la comunidad y brindar seguridad;
6) exigir la articulación institucional dentro del Estado (educación, cultura, salud, desarrollo social, seguridad, deporte).

Obras y derechos
Lxs educadores votan futuro porque las opciones están claras, mientras en el saco roto de las promesas caen la demagogia sin propuestas, y los ajustes sobre el pueblo.
En el corazón de la propuesta nacional y popular confluyen la creación de universidades (Uncaus, entre otras), la construcción de escuelas y jardines, el rescate de la salud pública, las becas y la igualdad de oportunidades, los programas de libros y computadoras, entre tantas obras que queremos convertidas en derechos.
Unidos en la Patria, los educadores vamos por lo postergado, que la deuda externa la paguen los que la fugaron, por la imprescindible recuperación salarial, por el trabajo digno, por la soberanía nacional integral, y por la profundización de la democracia.













