Discurso público y democracia
El buen funcionamiento del sistema democrático depende, en gran medida, de la diversidad de voces que se expresan en una comunidad y del diálogo respetuoso entre los distintos sectores. En todos los países donde se respeta la libertad de expresión, la ciudadanía materializa el ejercicio de ese derecho a través del discurso público. Históricamente ha sido siempre así. Sin embargo, la proliferación de información falsa que circula actualmente a través de las redes sociales obliga a promover el pensamiento crítico para protegerse de la desinformación y evitar manipulaciones.
Por primera vez en la historia de la humanidad se puede acceder en forma instantánea a una cantidad inimaginable de datos e informaciones. Por un lado, ese hecho resulta muy positivo ya que esa disponibilidad ayuda, de alguna manera, en la toma de decisiones cotidianas. Sin embargo, la sobreabundancia de información también puede ser una trampa si no somos capaces de distinguir lo verdadero de lo falso. En Finlandia, por ejemplo, las autoridades educativas tomaron en serio el desafío que representa para las nuevas generaciones aprender a manejarse en estos tiempos de noticias falsas y desde el año 2016 se fomenta el pensamiento crítico en las escuelas y se enseña a analizar la información en el marco de determinado contexto y a distinguir si una fuente es confiable o dudosa.
Hay que tener en cuenta que, actualmente, gracias a sofisticados programas de inteligencia artificial es perfectamente posible generar videos falsos editados que muestran a personalidades de todo el mundo diciendo cosas que, en realidad, nunca dijeron. Según los expertos en desenmascarar estos trucos, este tipo de engaños suelen tener mucho impacto en las audiencias. Es que el video, a diferencia de las fotos, puede alcanzar un mayor grado de verosimilitud y eso puede llevar a muchas personas a creer firmemente en algo que, en rigor, nunca sucedió. Por eso es importante que, frente a estas manipulaciones que son cada vez más frecuentes, se enseñe más sobre cómo funciona el engaño y es ahí donde la comunidad educativa tiene un papel importante que desempeñar. Está comprobado que la desinformación encuentra terrenos fértiles en los prejuicios y las emociones primarias de las personas, entonces se debe preparar a niños y adolescentes -y también a adultos- para que manejen las herramientas que les permitirán confirmar o desmentir determinada información que circula en el espacio público. También es clave que se expliquen las diversas formas en que se pueden presentar los datos estadísticos y para ello se recomienda la lectura del libro del escritor estadounidense Darrell Huff, que revela cómo las estadísticas pueden presentarse de manera incorrecta. El libro, publicado en 1954, se titula justamente "Cómo mentir con estadísticas" y fue tanto el éxito que cosechó que se convirtió en el texto de estadística más vendido en Estados Unidos.
Se debe señalar que las noticias falsas y los intentos de manipulación no son, por cierto, un fenómeno nuevo en el mundo. Lo que ocurre actualmente es que el uso masivo de Internet ha permitido que las mentiras lleguen cada vez más rápido a un número cada vez mayor de personas. Y como la mayoría no tiene tiempo suficiente como para estar verificando toda la información que recibe, es fundamental que desde la escuela primaria se enseñe a enfrentar estos desafíos para poder fortalecer la democracia y fomentar una ciudadanía informada y crítica. Es que, actualmente, se corre el riesgo de padecer un debilitamiento de la confianza en los principios democráticos si la ciudadanía no se prepara para detectar aquellos intentos que buscan alentar la polarización y la radicalización frente a determinados temas que son de interés público. Cabe recordar que la polarización se basa en la reafirmación de las propias creencias que se da tras participar en un debate acerca de un tema polémico en el que se presentan evidencias e interpretaciones alternativas.
Se deben redoblar los esfuerzos para evitar que se pierda la capacidad de sostener, en el espacio público, una discusión razonable sobre los problemas más serios que nos afectan. Como hemos señalado ya en otras oportunidades, urge salir de la confrontación que pone obstáculos y que dificulta la búsqueda de los acuerdos básicos que son fundamentales para la construcción de una sociedad más democrática.










