El más letal de todos los fenómenos climáticos
El calor extremo es el más letal de todos los fenómenos climáticos. Cuando azota a una región no tiene la espectacularidad de los tornados que hacen volar los techos de las viviendas, ni de las grandes inundaciones que arrasan con todo lo que encuentran en su camino. Y por ese carácter poco histriónico de las temperaturas extremas, la mayoría de las personas no alcanza a advertir el serio riesgo que representan las jornadas con muy altas temperaturas. Así lo advierte, palabras más, palabras menos, la experta en cambio climático de la ONU, Eleni Myrivili, quien advierte que las ciudades no están preparadas para hacer frente a esta nueva amenaza.
Es posible que el lector de NORTE que en este momento dedica un tiempo a la lectura de esta columna esté en su casa disfrutando la tregua que nos ofrece el clima en nuestra región. Según el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) para lo que resta de la semana en la zona del Gran Resistencia, al menos, las condiciones generales serán de bajas temperaturas y con cielos mayormente nublados. Es decir, se esperan jornadas frías pero tolerables. Y en ese contexto puede resultar poco oportuno hablar de altas temperaturas. Sin embargo, nunca está de más anticiparse a los hechos y, si se tiene en cuenta lo que sucede con las olas de calor extremo y simultáneas que en estos días recorren varios países del hemisferio norte, no vendría mal empezar a pensar cómo enfrentaremos los desafíos que se nos presenten en el próximo verano.
Eleni Myrivili nació en Atenas, Grecia. Su país padece actualmente la ola de calor más larga de su historia, con temperaturas superiores a los 40 grados, pero las advertencias de la experta sobre el cambio climático vienen desde hace muchos años atrás, especialmente sobre el calentamiento global y la seria amenaza que representa el calor extremo para la vida en las ciudades. En este sentido, observa que el calor destruye de manera silenciosa y que el cuerpo humano no fue diseñado para adaptarse a temperaturas muy altas. Tampoco las ciudades fueron diseñadas para mitigar el calor. Todo lo contrario: el cemento y el asfalto absorben el calor, lo almacenan y lo irradian por la noche. Y como si eso fuera poco, los motores de los autos y el aire acondicionado no hacen otra cosa que aumentar la temperatura en un ambiente urbano. Es lo que se conoce como efecto de la isla de calor urbana.
La funcionaria de la ONU explica que en Atenas, como en muchas ciudades del mundo, mucha gente creía que el cambio climático era algo que tardaría en llegar. Hasta que empezaron los incendios forestales, cayeron cenizas del cielo y las temperaturas se acercaron a los 45 °C en el verano de 2021, permaneciendo por encima de los 40 °C por varios días. Según la experta, la última década ha sido la más caliente a nivel global desde que se tiene registro de las temperaturas. Y en ese nuevo escenario, el fenómeno no afecta a todos por igual: los sectores más vulnerables de la población, con menos recursos, son los que más sufren, junto con las embarazadas, las personas mayores de 60 años y quienes desarrollan tareas manuales al aire libre. "También sabemos que el calor ha acabado con cultivos, reduciendo las cosechas, complicando la polinización, por lo que cada vez más agricultores salen a trabajar antes del amanecer o durante la noche, para cosechar. Simplemente hace demasiado calor. Las grandes infraestructuras que hemos construido, con ingenio y esfuerzo, en los últimos dos siglos, como presas, canales, autopistas y vías ferroviarias, se diseñaron, meticulosamente, para un clima que ya no existe", observa la especialista. Por eso, remarca, es importante que la ciudadanía y las autoridades tomen conciencia de lo que ocurre. Se debe reconocer la amenaza. "A veces es difícil convencer a la gente, sobre todo en climas calurosos, de que tengan cuidado con la exposición al calor", advierte y propone que las ciudades se preparen para proteger a los más vulnerables. En Atenas, por ejemplo, se desarrolló una aplicación móvil que da una valoración de riesgo al calor, personalizada y en tiempo real, señalando en un mapa dónde se puede buscar refugio o dónde están los lugares frescos más cercanos. Por todo lo expuesto, queda claro que los rigurosos veranos de nuestra región obligan a prestar más atención a estos fenómenos climáticos.










