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Literatura y patrimonio cultural

Casa museo Petrarca

Es considerado un pilar de la lengua italiana, junto con Dante y Bocaccio, pues ellos sentaron las bases de la unificación lingüística. Su casa museo en la pequeña localidad de Arquá Petrarca preserva un patrimonio cultural que testimonia sus últimos años.- Por Fabio Javier Echarri

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Casa de Petrarca.

Nació en Arezzo, a unos 200 km al norte de Roma, el 20 de julio de 1304. Vivió parte de su infancia en Incisa in Val d’Arno, al sur de Florencia. Su padre fue un notario amigo de Dante, razón por la cual fue desterrado por los güelfos negros, facción política que ostentaba el poder. La familia vivió en Pisa y Marsella, hasta que en 1312 se afincaron en Aviñón, pero Francisco estudió humanidades en Carpentras, con Convenevole da Prato, reconocido maestro toscano de gramática y retórica.


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Manuscrito de Petrarca.

Hacia 1316 estudió derecho y luego ingresó en la Universidad de Bolonia, enfrentándose con su padre, que no veía bien que su hijo se inclinara por la literatura latina clásica. Muerto su progenitor, regresó a Provenza, Francia, e hizo votos eclesiásticos. Allí conoció a Laura, en 1327, la mujer que lo inspiraría en sus poemas. Se presume que ella pudo haber sido Laure de Noves. Sus contemporáneos decían que se trataba tan solo de una creación literaria, aunque él sostuvo que era real, por lo cual se cree que fue una mujer casada con un antepasado del Marqués de Sade, llamada consecuentemente Laure de Sade. El amor y la pasión que sintió por ella fue comparado con el de Dante por Beatrice Portinari. 

Petrarca tuvo dos hijos, Giovanni -1337- y Francesca -1343-, aunque no se sabe si con una misma mujer. El primogénito murió joven, pero su hija le dio varios nietos.  

Sirvió a la iglesia y a la noble familia Colonna, compuesta por militares, poderosos miembros eclesiásticos y destacados políticos. 

Realizó numerosos viajes por ciudades de Europa buscando códices clásicos. Fue un auténtico filólogo, que rescató autores de gran valor para la literatura universal, como el discurso "Pro Archia" y "Ad Atticum, Ad Quintum y Ad Brutum", de Cicerón, hallados en Lieja y en Verona, respectivamente.


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Laura y Petrarca.

En Florencia conoció a Giovanni Bocaccio, quién influyó en sus ideas humanistas. Ambos conjugaron la cultura clásica grecolatina con ideas cristianas, siendo parte del primer Renacimiento Italiano. Fue premiado por el Senado de Roma por su poema latino África. 

El filólogo y crítico literario italiano Vittorio Branca sostuvo sobre él: "Se presenta como una especie de Jano que mira a la vez hacia el pasado y el porvenir, la antigüedad y la cristiandad, la frivolidad y el recogimiento, el lirismo y la erudición, el interior y el exterior. Ocupa en la historia de la poesía y de la cultura de Europa cristiana y moderna un lugar excepcional…".


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Tumba de Petrarca en la iglesia de Arquá.

Su obra literaria     

Petrarca legó una obra importante. En latín escribió "África" -poema épico en hexámetros que refiere sobre la vida del general y político romano Escipión el Africano-, "De viris illustribus" -colección de biografías sobre personajes ilustres-, "Bucolicum Carmen" –égoglas-, "Epystole" –epístolas en verso-, "De vita solitaria", "Secretum", etc. 

Una obra trascendente fue sin dudas "Rime in vita e morte de madonna Laura", conocida popularmente como Cancionero, que fue escrita en italiano. La misma consta de unos trescientos sonetos y otros poemas que refieren a su amor por Laura y su propio estado anímico por una relación que no pudo concretarse, la muerte de ella y el recuerdo imborrable que lo perturbaba. En el libro, además, agregó poemas con otras temáticas, como la amistad, la política, la moral y la patria.

Utilizó versos endecasílabos que ejercieron gran influencia en otros poetas durante muchos años. En el Fragmento CXLVI expresa: "Oh alma de virtud ornamentada, / por la que en tantos pliegos de amor canto; / oh tú de honestidad albergue santo, / torre en alto valor firme y fundada; / oh rosa que nació en falda nevada, / oh llama, en que me miro y me diamanto; / o placer, por el que al rostro me levanto / que luce sobre toda luz creada; / Si mis versos de vuestro nombre llenos / lejos fuesen, llenaran Tule y Batro / el Don, el Nilo, Olimpo, Atlas y Calpe. / Pues no puedo llevarlo por las cuatro / partes del mundo, oirálo la que al menos / parte Apenino y mar circunda y Alpe".


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Salas de recepción y de exhibición.

Arquá Petrarca

Es una localidad de menos de dos mil habitantes de la región del Véneto, provincia de Padua, ubicada a 30 km al sur de la capital provincial y 67 km al suroeste de Venecia. Su nombre original fue Arquatum, modificado posteriormente a Arquada y luego Arquá. 

Los hallazgos arqueológicos dan cuenta de que el sitio estaba habitado en la Edad de Bronce: viviendas sobre pilotes a orillas del lago, vajillas de barro, huesos de animales y herramientas de pedernal. En la ladera del Monte Ricco se localizó una necrópolis en la que había herramientas y armas que pertenecieron a las tribus Euganeas que vivieron en la región antes del dominio romano. 

Con el emperador Augusto, la aldea fue anexada a la X Regio Venetia et Histria. En la edad media se erigió un castillo -985-, y en los siglos siguientes se constituyó en un lugar de construcción de villas y fincas de las familias nobles de Padua y Venecia.

En 1368, Francesco de Carrara, señor de Padua, invitó a Petrarca a establecerse en Arquá, poniendo a su disposición una casa. Aquí vivió sus últimos años en compañía de su hija Francesca, su yerno Francescuolo y su nieta Eletta, dedicándose a revisar y corregir sus obras, principalmente el "Cancionero". 

La noche del 19 de julio de 1374, un día antes de cumplir 70 años, murió de un síncope sobre su propio escritorio y mientras trabajaba. Su cuerpo descansa en una tumba ubicada en la plaza donde se encuentra la iglesia Santa María Assunta. 

A principios del siglo XV, Arquá gobernaba sobre los otros pueblos de la región, y así fue hasta el final de la República de Venecia. En 1866 la región del Véneto  fue anexada a Italia y la localidad fue independiente. Fue a partir de entonces pasó a llamarse Arquá Petrarca, en honor al escritor. 

El pueblo conserva la arquitectura medieval de las familias que lo habitaron -Contarini, Badoer, Cavalli, Pisani, Capodivacca, Sanbonifacio, Santorini, Borromeo, Dottori, Oddo y Zabarella-, con un encanto particular que lo convierte en una de las más atractivas poblaciones de la península.


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Edición del “Cancionero”.

Casa Museo del Petrarca

Se ubica a unos 400 m del centro del pueblo. Es un edificio de piedra construido en el siglo XIII, que mantiene gran parte de su estructura original. Presenta algunas adecuaciones que se le realizaron en el siglo XVI, como unos frescos que se pintaron en las salas inspirados en sus obras "África" y "Cancionero".

La casa consta de dos edificaciones separadas. Una planta alta –a la izquierda- que fue utilizada como vivienda para la familia, y una baja –a la derecha-, con salas de estar, recepción y escritorio. Adelante se situaba el jardín y en el fondo el huerto. 

Luego de su fallecimiento el inmueble tuvo distintos propietarios que hicieron reformas. El último de ellos fue el cardenal Pietro Silvestri, hasta que en 1875 el municipio de Padua tomó posesión de la propiedad. En 1906 se iniciaron restauraciones que fueron concluidas recién en 1985. 

Los espacios del museo son austeros en cuanto a acervos. Se presentan algunos muebles –sillones, armarios, pinturas- y una escultura en bronce del poeta. Los frescos, bien conservados en algunos sectores, ilustran sobre su obra Un video brinda información interesante sobre su vida –en italiano, con traducción al inglés-, acompañado por cartelería aclaratoria en cada sala. La iluminación es acorde y contribuye a resaltar la muestra. 

Contiene una exhibición de escritos de Petrarca y testimonios sobre él y su obra vertidos por otros escritores. Entre los pocos objetos que se exhiben se destaca el escritorio, silla del poeta y una gata disecada que según la tradición era su compañera. Sin embargo, se aclara que es una invención de un propietario de la casa que vivió allí en el siglo XVII, llamado Girolamo Gabrielli. 

Petrarca fue uno de los pilares más importantes en los que se sustenta la literatura italiana, pionero de la literatura renacentista y el humanismo. Su legado es invaluable para las letras, un patrimonio cultural intangible de enorme valor, tanto para su patria como para toda la humanidad. Su casa, en la que vivió sus últimos años y donde murió, se preserva como testimonio tangible de su obra y ubica a la ciudad de Arquá en el mapa turístico cultural de Italia.

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