Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Tenencia responsable de animales peligrosos

La tenencia de perros de razas consideradas potencialmente peligrosas vuelve a ocupar un lugar en la discusión pública a raíz del fallecimiento en la provincia de Córdoba de una adolescente de 15 años atacada por dos dogos que le provocaron heridas mortales. El lamentable hecho pone de relieve, una vez más, la importancia de promover la tenencia responsable de este tipo de animales y que quienes estén a cargo de la crianza se ajusten estrictamente a lo que establecen las normas vigentes.

En nuestra provincia se aprobó en junio de 2011 la ley 6789 que regula la tenencia de perros peligrosos "para hacerla compatible con la seguridad de las personas, bienes y de otros animales". La norma considera perros peligrosos a los que "pertenecieran total (puro) o parcialmente (cruza) a razas que, por su potencia de mandíbula, musculatura, talla y temperamento genéticamente agresivo, pudieran causar la muerte o lesiones graves a las personas o a otros animales y daños a las cosas". Cabe aclarar que la norma no alcanza a los animales empleados por las Fuerzas Armadas o de Seguridad.

Un repaso por las noticias policiales de los últimos años permite comprobar que en octubre de 2017 un perro de la raza pitbull mordió en el rostro a una niña de apenas seis años en la localidad de Machagai. En esa oportunidad, afortunadamente, la rápida intervención de un familiar de la pequeña evitó una tragedia, aunque las heridas sufridas por la niña obligaron a internarla de urgencia en el Hospital 4 de Junio de Sáenz Peña. Antes, en marzo de ese mismo año, un niño de dos años que vivía con su familia en el Barrio San Cayetano de la ciudad Termal sufrió un ataque similar cuando se cruzó con un perro, también de la raza pitbull, que le provocó graves heridas en la cabeza y en otras partes del cuerpo. En agosto de 2016, en tanto, en el barrio Aipo de Charata, una niña fue atacada por dos pitbulls que le provocaron serias heridas que obligaron a trasladarla al Hospital de Sáenz Peña.

Están quienes sostienen que algunas razas de perros se encuadran en lo que se podría llamar conductas peligrosas; y, por otra parte, quienes observan que cualquier perro puede morder bajo ciertas circunstancias, sin importar su tamaño, raza o apariencia. Los que defienden esta última postura, destacan la necesidad de entender que no todos los perros son agresivos, aunque aclaran que cualquiera puede ser potencialmente agresivo si es sometido a largos períodos que afectan el bienestar del animal, como son los casos de aislamiento, sed, hambre o maltrato prolongados. Agregan, por otra parte, que el animal es, en cierta forma, un reflejo del trato que ha recibido.

En nuestro país la ley considera "perros peligrosos" a los Mastín Napolitano, Doberman, Pitbull, Bul Terrier, Dogo Argentino, Rottweiler, Presa Canario, Akita Inu, Gran Perro Japonés, Dogo de Burdeos, Staffodshire, Fila Brasileño y Bul Mastiff. Esta enumeración, para algunos propietarios, no es correcta porque confunde peligrosidad con agresividad y, en este sentido, explican que ninguna de estas especies es naturalmente peligrosa, sino que el grado de agresividad que pueda desarrollar el animal tendrá siempre directa relación con la forma en que fue criado y el ambiente en el que vive. Pero más allá de las distintas miradas que existen al respecto, también preocupa la irresponsabilidad que se puede observar en algunas personas que pasean por los espacios públicos a perros de contextura importante y fuerza considerable sin un bozal que evite, ante determinadas circunstancias, situaciones desagradables. Siguiendo el razonamiento de criadores que afirman que no hay razas que potencialmente sean más peligrosas que otras, no se puede desconocer sin embargo que la forma en que es tratado el animal tiene enorme influencia en su conducta. De esta manera, el niño o la persona mayor que camina por una plaza o cualquier espacio público no puede saber, cada vez que se cruza con un animal de las razas tildadas como "peligrosas", si el mismo fue criado bien o sufre maltratos de parte de sus dueños. De manera que lo mejor es que cada propietario asuma la responsabilidad de criarlo en forma adecuada para evitar situaciones que pueden poner en riesgo la vida de las personas.

Te puede interesar