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OPINIÓN

Cómplices de extraviados

Desde el punto de vista de la ley, la palabra cómplice define a alguien que es responsable de un delito o falta, pero no por hacer sido el autor directo del mismo, sino por haber cooperado con la ejecución del hecho que se investiga.

Ahora bien, en el ámbito espiritual, analizándolo desde la perspectiva bíblica, el significado es parecido pero tiene connotaciones diferentes. Porque la ley humana puede penar con determinadas condenas al cómplice, en función de lo que haya hecho, pero en definitiva es una condena pasajera que termina en algún momento.

OTRO TIPO DE CONDENA

Sin embargo, en el terreno espiritual el cómplice tiene condena eterna. Por supuesto que siempre está la posibilidad del arrepentimiento. Al respecto, el texto bíblico señala que  no debemos pecar, pero si pecamos, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.

Pero ¿cómo podemos convertirnos en cómplices espirituales? La respuesta la dejó escrita el apóstol Juan, cuando en su segunda carta advierte sobre la necesidad de permanecer en la doctrina de Cristo; porque cualquiera que se extravíe, y no persevera en ella, no tiene a Dios. 

Y agrega la siguiente advertencia: si alguno viene a ustedes, y no trae la sana doctrina, no lo reciban en casa, y tampoco le digan bienvenido; porque el que le dice bienvenido, participa en sus malas obras. En otras palabras, quien actúa así, se convierte en cómplice porque coopera en la ejecución del engaño.

TREINTA AÑOS ATRÁS

Hace treinta años había creyentes que deambulaban de una iglesia a la otra buscando lo que creían que no encontraban en la congregación donde estaban. Si bien en esa época ya había varias congregaciones, aún no existía Internet y tampoco las iglesias virtuales. Aquella desafortunada manera de practicar el evangelio, ahora se potencia de manera exponencial al poder participar de manera virtual de los errores de los extraviados, y actuar cooperando en la difusión de esos errores.

El creyente ahora tiene la posibilidad de armar un evangelio a la carta; es decir: le escucha a fulano, a mengano, y a veces toma algo de su pastor local, si es que lo tiene. Pero lo que logra como menú, es una verdadera ensalada doctrinal que lo termina extraviando de la sana doctrina y lo convierte en cómplice de los extraviados.

DOS COSAS SON NECESARIAS

Podemos asegurar que cualquier cristiano que desee ser genuino, le es suficiente con dos cosas:

1) Asistir a una buena congregación donde se enseñe y se practique la palabra de Dios;

y 2) Estudiar diariamente las Escrituras para saber si lo que le enseñan es correcto.

Eso no impide que un creyente maduro y preparado pueda visitar Internet, siempre y cuando esté capacitado para discernir y separar lo bueno de lo malo. Dice el apóstol Pablo que todas las cosas son lícitas, pero hay algunas que no convienen. Discernir espiritualmente significa saber apartar la verdad del error; es la habilidad de saber ver lo que viene de las tinieblas. Para eso necesitamos contar con discernimiento, una facultad espiritual otorgada solo a los hijos de Dios. 

Siempre recordamos que, bíblicamente hablando, ser hijos de Dios significa haber aceptado el plan de salvación divino propuesto por medio de Jesús. No es un beneficio para pocos, tampoco un privilegio para algunos; es una opción para cualquier ser humano que se proponga transitar por el camino de la fe cristiana.

CUANDO SE ABRAN LOS LIBROS

Para los que creen y los que no creen el resultado será el mismo, porque las cosas no cambiarán. Después de la muerte ya no habrá lugar para el arrepentimiento. El mismo apóstol Juan nos relata que cuando llegue el momento serán abiertos los libros en el cielo, y entre ellos el Libro de la Vida, en el que están anotados todos los que serán salvos de la condenación eterna, y el que no sea hallado inscrito será arrojado al lago de fuego.

¿Le comentaron alguna vez a usted sobre el Libro de la Vida? ¿No le parece que, aunque fuere por las dudas, sería bueno estar anotado en él? ¿Está cooperando con los extraviados? Sería bueno reflexionar. No dejemos pasar el tiempo. Dios nos está avisando. Evitemos ser cómplices de los extraviados.

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