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Gloria Romero, mamá de Cecilia Strzyzowski

"Tuve un accidente grave y con 15 años Cecilia se hizo cargo de mí"

En una conversación intimista, la madre de la joven desaparecida hace casi un mes recuerda otra experiencia traumática.

Gloria Romero hizo un paréntesis en la vertiginosidad informativa sobre la búsqueda de su hija para compartir una breve biografía familiar. Su voz es una de las más escuchadas este mes en medios provinciales y nacionales a partir de la investigación por la desaparición de Cecilia Strzyzowski en el Chaco.

A 24 años de la separación del padre de sus dos hijas, repasó con NORTE cómo era su cotidianidad en los primeros tiempos.


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Gloria narró cómo era su vida y la de sus hijas antes del 1 de junio de 2023 (fotos de Miguel Ángel Romero).

Desde el principio se identifica como una persona de clase media baja, que dependió siempre de su trabajo para pagar lo indispensable. Con altibajos económicos en los que aprendió a aceptar ayuda de su mamá, fue emprendiendo lo que pudo y con lo que había. Vendió comida al tiempo que atendió un almacén de barrio de varios rubros, despensa, librería, fotocopias. "Me levantaba a la 4 y no había domingos ni fiestas ni feriados", resume.

Después de separarse, afirma que se dedicó de lleno a las hijas y cerró las puertas a toda posibilidad de formar una nueva pareja. Para esa época repetía mucho una frase: "Son cortos los placeres y largos los arrepentimientos". "Nunca más quise mezclarme sentimentalmente con nadie. No salía, no tenía amigos; todo era trabajar y mis hijas".

SE INVIRTIERON LOS ROLES

Una de las etapas más difíciles que les tocó atravesar a las tres fue posterior a un accidente doméstico. Gloria terminaba de bañarse, resbaló y cayó sobre el bidet. El bidet se quebró y una pieza cortante y aguda le atravesó una parte del cuerpo. Por meses recibió curaciones en una herida profunda de la que debían extraerle astillas cerámicas, para evitar infecciones.

Luego de tres cirugías y casi un año de permanecer en silla de ruedas, logró ponerse de pie.

Aunque recobró la autonomía y volvió a caminar hoy se quiebra al recordar que su hija mayor, Cecilia, con apenas quince años, tuvo que hacerse cargo de ella. "Me cambiaba el pañal, me bañaba", describe entre lágrimas y con la respiración entrecortada.

"Le gustaba bailar y dibujar caritas felices"

En el diálogo que NORTE propuso a Gloria Romero, el interés se centra en conocer más sobre aspectos de la vi‑da de Cecilia.

Por unos minutos revive retazos de la memoria, saltando de la primera infancia a la adolescencia, y hasta un momento muy cercano, casi presente. Cuenta que desde chiquita la llamaban "monkey" o "monita", por la forma de caminar en puntitas de pie. Que llevaba el ritmo en el alma y que siempre le gustaba bailar.


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A pesar de tristezas y enojos actuales, Gloria Romero sonríe al compartir algunos recuerdos.

"A los 4 o 5 años la llevé a un estudio de danzas, pero no la admitieron porque te‑ nía problemas de aplomo", dice al referirse a una leve falta de alineación de la columna que se evidenciaba en la postura de las piernas. Gloria tiene el recuerdo marcado a fuego y hasta imita a esa niña que la miró fijo y le dijo: "Yo igual voy a bailar". Así, poco después, empezó con las clases de danzas árabes. La anécdota ayuda a imaginar a una chica con rasgos histriónicos, que la madre asegura eran propios de personajes populares de la tele.

Con Cecilia y Ángela, la hija menor, iban a todas partes: "Me acompañaban hasta al gimnasio, no me se‑ paré nunca de las dos".

De los tiempos en que estudiaba Administración de empresas rurales, en la UTN, valora que los profe‑ sores le permitían llevarlas, y se emociona recordando a una adolescente Cecilia que la ayudaba con los resúmenes, subrayando textos con colores.

"Hasta ahora tiene un escritorio lleno de artículos de librería, lápices, re‑ saltadores, separadores, todo ordenado".

Además, entre lágrimas, cuenta que su "monita" tenía la costumbre de pasar por un lugar y firmar: "Acá estuvo Cecilia", siempre con el dibujito de una carita feliz".



Segunda y dura prueba en la salud de la madre

Años más tarde, Gloria y su hija mayor cursaban la carrera de Enfermería en Corrientes cuando la salud de la madre recibió un segundo golpe: le detectaron un tumor en el útero, más otras complicaciones, y su movilidad se volvió a limitar. Aunque una nueva intervención quirúrgica le salvó ‘la vida’, por un año más tuvo que encarar otra vez el camino hacia una recuperación. Además subió de peso considerablemente, por lo que necesitó desarrollar una disciplina de ejercicios y cuidados de la salud. Para entonces Cecilia tenía 18 años y se dedicó a atender el negocio y otros cuidados. "Me animaba y decía ‘Dios proveerá’; era una couch natural", cuenta con angustia en la voz.

Al poco


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Su voz es una de las más escuchadas este mes en medios provinciales y nacionales a partir de la investigación por la desaparición de Cecilia Strzyzowski en el Chaco.

tiempo las dos chicas empezaron a trabajar en un call center y la menor dejó al cabo de un año para dedicarse de lleno a estudiar en la Universidad. "El dinero que podían ahorrar era para mi pequeño gimnasio. Así fui caminando y entrenando para correr una maratón. Este iba a ser el año para dedicarlo a mí", dice.

Muestras de solidaridad desde otros países

Una de las respuestas no esperadas y más recientes provienen del exterior. Gloria contó a NORTE que cada día recibe unos 100 a 200 mensajes de texto, de voz y llamadas. Y la sorprendió recibir adhesiones para llevar el caso de su hija a un organismo de derechos humanos para reunir pronunciamientos de varios países. "Cuando esto empezó esperaba que se sepa más allá del Chaco, no imaginé tanto", dijo.

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