El gas que debe llegar del sur
Con la apertura de una válvula instalada en el yacimiento Vaca Muerta, en Neuquén, comenzó ayer el proceso de llenado del gasoducto Néstor Kirchner, una obra clave que cuando esté en pleno funcionamiento permitirá que el país ahorre cerca de 4200 millones de dólares anuales. En nuestra región, en tanto, las expectativas están puestas en las obras para la reversión del ducto que debe transportar el gas desde el sur a las provincias del norte.
Mucho se ha dicho sobre el potencial de Vaca Muerta, la formación rocosa ubicada en la Patagonia que, según los especialistas, es la segunda fuente de recursos no convencionales en gas del planeta, lo que no es poco decir en un mundo que, por el conflicto en Europa del Este, todavía siente los efectos de la crisis energética. El petróleo es el cuarto recurso no convencional a nivel global.
Según la información suministrada por las autoridades nacionales, el gasoducto ya tiene una producción diaria de 11 millones de metros cúbicos, lo que significa un ahorro de 2000 millones de dólares este año. El cronograma señala que la inauguración oficial de esta megaobra tendrá lugar el próximo 9 de julio, y se espera que permita revertir en breve el histórico déficit energético del país y, al mismo tiempo, hacer que el gas llegue a los grandes centros de consumo de las distintas regiones. Completada esta primera etapa, en nuestra región las esperanzas están puestas en las obras de reversión que son un paso necesario para que el gas de Vaca Muerta llegue al norte argentino. Sorprendió, para bien, el tiempo récord en el que se realizaron las obras de la primera etapa. Estaba previsto, en un primer momento, que se ejecutarían en un plazo no menor a los 24 meses. Sin embargo, en un esfuerzo sin precedentes entre el sector público y el privado, los trabajos (para un ducto con una extensión de 560 kilómetros) se completaron en solo ocho meses, en lo que es considerada la obra de ingeniería más importante de los últimos 50 años.
El conflicto en Ucrania aceleró el lento proceso de transición hacia energías limpias y renovables que se observaba en la mayoría de los países del mundo. Y, al mismo tiempo, impulsó en las naciones un nuevo debate relacionado con la necesidad de garantizar el autoabastecimiento energético, un factor clave a la hora de pensar el desarrollo. Es que, sin un suministro de energía suficiente, las posibilidades de apuntalar la economía de un país se reducen en forma considerable. A modo de ejemplo se puede citar lo que pasó en Europa, cuyo sistema energético enfrentó una crisis sin precedentes cuando el suministro de gas ruso se redujo en casi 80% tras el inicio de la guerra en Ucrania, impactando de lleno en el tejido industrial y en los precios de la energía. Como hemos señalado en oportunidades anteriores, el país está frente a la oportunidad histórica que ofrece el potencial de Vaca Muerta y también el litio en el norte del territorio nacional, en un contexto global que tiene a la energía como un factor de primer orden en el tablero mundial.
El gas que actualmente se importa desde Bolivia puede ser reemplazado por el que debe llegar desde el sur y es, en ese sentido, que las obras de reversión que tendrían que estar finalizadas el año que viene deberían tener la mayor celeridad posible, para que la industria de nuestra región también tenga una ventaja a partir del acceso a una matriz energética que asegure precios competitivos del combustible, de modo tal que las industrias de nuestra región puedan reducir costos. En el Ministerio de Economía de la Nación celebran el avance de los trabajos en el gasoducto Néstor Kirchner, ya que podrá asegurar el suministro de gas a precios más bajos que los actuales para varias regiones del país, entre ellas el norte argentino, y al mismo tiempo permitirá revertir el histórico déficit de la balanza comercial energética, en momentos en que el país tiene la urgencia de encontrar nuevas alternativas para que las pocas reservas de divisas que tiene el Banco Central comiencen a crecer.










