La lógica de las campañas
Hace tiempo que en todas las democracias la lógica de las campañas lo ha invadido todo, haya elecciones inmediatas o no. Así lo advierte el catedrático español de filosofía política, Daniel Innerarity, en un ensayo titulado "La campaña permanente", que invita a reflexionar sobre las dificultades para alcanzar acuerdos básicos entre las distintas fuerzas políticas.
Según Innerarity, a la hora de buscar explicaciones sobre lo difícil que resulta alcanzar acuerdos entre los líderes de las distintas fuerzas políticas, con frecuencia se señala como causa principal de ese problema a la fragmentación política. Sin embargo, el filósofo español advierte que, en rigor, "la causa de fondo no es esa sino la dominación de la lógica de la campaña sobre todo el proceso político". "Hay una oposición estructural entre hacer campaña y gobernar; actitudes que sirven para lo uno dificultan lo otro. El hecho de que hayamos convertido la política en una campaña permanente es una de las razones que explican que en nuestras sociedades se haya fortalecido la mentalidad contraria a los acuerdos".
El estupor que embarga a la ciudadanía chaqueña por estas horas, a raíz de la desaparición de la joven Cecilia Strzyzowski y la cada vez más firme sospecha que los integrantes del clan Sena estarían vinculados con el hecho, genera una mezcla de sentimientos en un año marcado por la agenda electoral. Y (en nuestro caso), como bien observa Innerarity, hay que sumar a eso, un estado casi permanente de campaña, que aunque se realicen comicios o no, más que tender puentes lo que hace es poner obstáculos, uno tras otro.
Dice el filósofo español: "Debería preocuparnos que las campañas, su estilo competitivo, a veces irresponsable y afectado, ocupe un lugar excesivo en la democracia. Quienes gobiernan y quienes están en la oposición lo hacen como si estuvieran en campaña, al igual que los medios de comunicación, que nos informan principalmente de aquellos asuntos de proceso político que tienen más que ver con la lógica de las campañas electorales, su antagonismo y combate, sobre lo espectacular y competitivo, pero apenas sobre las acciones del gobierno y mucho menos sobre los acuerdos, que suscitan menor atención pública que los conflictos. La ciudadanía termina por creer que no hay nadie gobernando y que los acuerdos políticos no existen".
Hay mucho para reflexionar sobre este asunto y sobre la necesidad de buscar, aquí en nuestra provincia, un equilibrio entre diferentes sectores de la comunidad que permita acercarnos todo lo posible al buen funcionamiento de una sociedad democrática. Como toda democracia, la nuestra también tiene sus límites y deficiencias, pero la única manera de mejorarla es con más participación ciudadana, transparencia de los actos de gobierno y una real división de poderes. Hoy, en medio de la conmoción que genera la desaparición de una joven chaqueña, hay que recordar también que el trabajo de la justicia es fundamental para fortalecer el sistema democrático, así como el estricto respeto al Estado de Derecho que nos permite alcanzar un razonable equilibrio entre el respeto a las leyes y la protección de los derechos de los ciudadanos.
Es necesario, además, superar el clima de desconfianza y del juego de los extremos que impacta en lo económico, lo social y lo político. La ciudadanía debe desempeñar un rol clave, demandando a sus representantes que muestren, en los hechos, una mayor predisposición al diálogo y a la búsqueda de consensos, aceptando que las formas para llegar a los acuerdos son tan importantes como los temas centrales de los acuerdos. Los comicios libres y transparentes celebrados en forma periódica son una condición necesaria pero no suficiente para resolver los problemas graves que afectan a nuestra sociedad. Como hemos señalado ya en otras oportunidades, hay que alentar la participación ciudadana en todos los ámbitos para debatir distintas ideas, escuchar a quienes piensan distinto y promover, en forma permanente, una actitud de respeto hacia las opiniones y visiones de los demás. De lo que se trata, en definitiva, es de poner en pausa la lógica de las campañas de la que hablamos más arriba, para continuar sumando nuevos esfuerzos en la búsqueda de la mejor democracia posible que nos permita construir una sociedad más justa y con mayor libertad para todos.










