El desmantelamiento de los FFCC por el Plan Larkin y Conintes
Fue el comienzo de una desgarradora historia de liquidación de los ferrocarriles del Estado y de represión . - Por Raúl Osvaldo Coronel*

Arturo Frondizi (1908-1995), correntino, abogado, periodista, docente, estadista y político, fue elegido presidente de la Argentina y gobernó entre 1958 y 1962, siendo derrocado por un golpe de Estado militar. Su Ministro de Economía y de Trabajo fue Álvaro Alsogaray, que había sido Subsecretario de Comercio y luego Ministro de Industria (1955 y 1956) de la mal llamada Revolución Libertadora.
Durante este periodo se adoptó el Plan Larkin para los ferrocarriles, que provenía del Banco Mundial. Llevaba el nombre de su ideólogo, el ingeniero estadounidense Thomas Larkin, que vino a la Argentina de la mano del ministro Álvaro Alsogaray. Se dice que el plan habría sido impuesto por planteos militares, que amenazaban con un golpe a la gestión constitucional. Decían que los FFCC eran "improductivos".
El ejecutor del plan fue el ingeniero hidráulico Alberto Costantini, ministro de Obras Públicas, que convocó al directorio de Ferrocarriles del Estado Argentino (EFEA) y les comunicó que por las pérdidas que ocasionaban, se abandonaría el 32% de las vías existentes, se despedirían 70.000 obreros y empleados, se mandarían a chatarra todas las locomotoras a vapor, más 70.000 vagones de carga y 3.000 de pasajeros.
El repudio fue inmediato: los sindicatos Unión Ferroviaria y La Fraternidad (personal de conducción de locomotoras) declararon la primera huelga por tiempo indeterminado, que paralizó totalmente la economía. La UF y LF hasta ese momento no compatibilizaban, pero se unieron para reclamar. El desarrollo carretero era incipiente y el tipo de camiones no daba para el transporte de cargas a largas distancias.
Las FFAA fueron las garantes armadas del Plan Larkin, militarizando los ferrocarriles. Fueron a buscar a sus casas a los maquinistas asociados a La Fraternidad, los condujeron a punta de fusil hasta las locomotoras para conducirlas. Simultáneamente, Frondizi, ponía en vigencia el "Plan Conintes" (Conmoción Interna del Estado) ideado por los militares para parar esa huelga. Hasta el nombre era fantástico.
El Plan Conintes consistía en restringir la vigencia de derechos y garantías constitucionales, habilitando la militarización de la población. Autorizaba a las FFAA a realizar allanamientos y detenciones sin cumplir normas constitucionales. Se apoyó con la declaración del "estado de sitio" por treinta días. Además, las policías provinciales quedaron bajo control de las autoridades militares.
Seguidamente, con mano militar se dispuso la intervención de las organizaciones gremiales, se reprimió a trabajadores, y distritos de la provincia de Buenos Aires se declararon zonas militares. Se sabe que la sugerencia de los planes Conintes y Larkin fueron promovidos por empresas de EEUU que se aprontaban a inaugurar en nuestro país diez fábricas automotrices.
El derecho de huelga se vio afectado por la represión por 2.000.000 de jornadas año, mientras que en 1959 las huelgas solo alcanzaron 300.000 días. Por otra parte, la represión aumentó el conflicto intergremial entre sectores combativos y moderados. Los primeros pusieron en riesgo sus sindicatos, que fueron sancionados con la ilegalidad.
El ferrocarril fue una empresa solidaria: acarreó agua y pasturas en tiempos de sequía, excavó e instaló bombas y tanques de agua para abastecer a poblaciones enteras. Participó en las campañas de vacunación, llegando a parajes sin recursos con el Tren Sanitario. Con el tren se encabezó la campaña contra el mal de Chagas y la lucha contra la vinchuca, abasteció y prestó auxilio a zonas inundadas.
El cierre de ramales y talleres afectó a más de 1.500.000 de habitantes que emigraron a las ciudades. Se generó el conflicto social por falta de agua al no llegar el tren aguatero a localidades con aguas salitres. Se anularon los trenes mixtos de carga y pasajeros, que unían poblaciones sin caminos. Dejó de circular el "tren sanitario", que atendía gratuitamente en todas las especialidades médicas con equipamiento sanitario, ambulancias, un servicio de salud que permitía llevar adelante las campañas contra la tuberculosis, y los censos de salud que permitieron diagnosticar el raquitismo en poblaciones originarias y niños de la comunidad.
Las ambulancias eran camionetas transformadas con ruedas para transitar por las vías. Una de ellas fue la de Cruz del Eje, que utilizaba el Dr. Arturo Illia, médico ferroviario, luego presidente de la Nación.
Los pacientes que necesitaban tratamientos o estudios de alta tecnología eran derivados a uno de los 83 policlínicos, así como los Dispensarios (Centro de Salud), ambos diseminados por todo el territorio para la asistencia de ferroviarios y de la población en general. Después del golpe militar de 1955 fueron cerrados prácticamente todos, incluido el Policlínico Central situado en Puerto Nuevo Retiro, un servicio de salud ejemplar para América Latina.
Mi experiencia es personal en cuanto a los servicios sanitarios: fui paciente del tren sanitario con mis dolencias de niño. Fui derivado al Policlínico Central, donde recibí atención y tratamientos gratuitos. Existía también el Tren de la Cultura, o el de la proveeduría ambulante para abastecer ropas y calzado al personal, "la Cope Carril".
El informe definitivo del Plan Larkin fue presentado recién en 1962, después del derrocamiento de Frondizi. Para sorpresa de todos, medianamente defendía los ferrocarriles por constituir una herramienta fundamental para el progreso del país. Pero la política de Costantini y Acevedo no los consideró de esa manera, a ellos solo les preocupaba "el déficit" que generaban los ferrocarriles, pretexto para beneficiar a las automotrices.
El ministro de Obras y Servicios Públicos Arturo Acevedo, a su vez presidente de Acindar, fue el encargado de ejecutar el Plan, más lapidario todavía: pretendía levantar todas las vías férreas y clausurar todos los ferrocarriles.
El Plan Conintes tuvo como finalidad no solo la represión de las huelgas obreras y las protestas estudiantiles. También fue utilizado para eludir garantías constitucionales en casos que el gobierno o las FFAA calificaran como accionar "terrorista, subversivo o comunista". Obedecía a que con posterioridad a 1955 aparecieron los grupos de la resistencia a las dictaduras y gobiernos elegidos con proscripción del peronismo.
Los historiadores Robert Potash y Silvia Belenky expresaron que el Plan Conintes fue insuficiente para los militares, que exigían la aplicación de la ley marcial seguida de la pena de muerte. El militar Toranzo Montero habría exigido incluir el fusilamiento de todo aquel que sea descubierto in fraganti. Dicen también que Frondizi ejecutó por segunda vez el Plan Conintes para contener las medidas más extremas que exigían las FFAA. Esta historia no termina acá: el destrozo de los ferrocarriles y el Plan Conintes siguieron por años, antecedentes inmediatos de la represión generalizada que padeció el pueblo argentino.
*Abogado, especialista en evaluaciones ambientales, escritor, historiador del Chaco y sus ancestros.










