Elogio al fracaso. Si, Giannis, el fracaso existe
Nada es más paralizador que no asumir el fracaso. No, no lo dijo nadie (creo), lo experimenté en carne propia, como –calculo- la mayoría de ustedes, mis queridos lectores. El tema, se puso "de moda", con las declaraciones del jugador de básquet Giannis Antetokounmpo, en una conferencia de prensa tras quedar fuera de la temporada con su equipo. ¿Y por qué?
El periodista le pregunta ¿ves esta temporada como un fracaso?. Fastidiado, le responde "me hiciste la misma pregunta el año pasado. A ti te ascienden cada año, no. ¿Así que cada año que trabajas y no asciendes es un fracaso?. Y siguió "es la pregunta incorrecta. No hay fracaso en el deporte". Si bien se disculpó, por decirlo de alguna forma, con el periodista diciendo que no era personal, insistió que es una cuestión de que "algunos días ganas y otros no. Hoy le toca a otro".

Bajo títulos como "por esto es el mejor del mundo", y utilizado como discurso moral en contra del periodista, o como analgésico ante el no cumplimiento de un objetivo, muchos embanderaron a Giannis como un mensajero del positivismo tóxico.
El fracaso existe, no solo en el deporte, en la vida en general. Aprendemos desde el error (esto está probado científicamente). Según el diccionario de Oxford es el resultado adverso en una cosa que se esperaba sucediese bien.
"Tuve más fracasos que triunfos. No conozco atleta que haya ganado más de lo que perdió. (Michael) Jordan, el mejor jugador de la historia, jugó 15 temporadas y ganó seis, nueve las perdió, y no se fue a casa contento. Lo normal es perder y no ganar". Las palabras pertenecen a Emanuel Ginóbili campeón olímpico, medalla de bronce olímpica, sub campeón del mundo, campeón de Euroliga, campeón cuatreo veces en la NBA.
El fracaso como una antítesis del éxito, como medida del éxito, muchas veces, no nos permite verlo, querer reconocer los errores, enfrentarlos para mejorar, para cambiar la estrategia. Cuando usamos el fracaso como algo externo (el momento, los demás, el contexto) o como algo definitivo, más aún cuando queremos negar su existencia, difícilmente podamos gestionar los triunfos. Podríamos escribir aquí muchas anécdotas conocidas y no tanto de triunfadores que han fracasado muchas veces. El costo de no admitir su existencia es altísimo: parálisis, más errores, estrés, y una ruta donde una mala decisión lleva a otra, solo por no aceptar que no logramos un objetivo. Ni las victorias, ni las derrotas son definitivas.
La vida moderna (en cualquier momento que nos toque la modernidad), nos lleva a medir nuestro éxito con el del otro.".
¿Era necesario para Giannis humillar al periodista o compararse con él, para no admitir que la temporada fue un fracaso?. Quizás, todos usamos un poco el atenuante del otro para que el fracaso duela menos, el rechazo, el error, sumando el escudo del amor propio edulcorado y la culpa como látigo, para el combo perfecto: la negación.
¿Por qué la palabra responsabilidad es pesada?, ¿Por qué el error en lugar de ser maestro, es pecado?. Vivimos en una sociedad muy "woke" (despertada, algo así sería la traducción), donde nos sensibilizamos por todo, pero no nos equivocamos en nada. Donde no nos involucramos (lo cual no significa agredir, romper, dañar a otro) realmente, en buscar la solución de fondo; porque como Giannis, si no lo aceptamos, el fracaso no existe. Y si no existe, no hay nada que cambiar.
Sin embargo, queridos lectores, Michael Jordan quedó afuera del equipo colegial, y su entrenador le propuso cargar los bolsos con pelotas y equipamiento, para poder participar. No, no le gustó. ¿Qué creen que hizo el mejor jugador de todos los tiempos, uno de los deportistas más importantes de la historia, ante este fracaso?. Si, cargó los bolsos. El resto, es historia y con muchos fracasos más en ella, que lo obligaron, constantemente a cambiarse a sí mismo, más allá de su talento. Como nos obliga a cada uno de nosotros, ante cualquier circunstancia de la vida; porque si no existiera el fracaso, no existiría el cambio.
En defensa del gran jugador –y ganador- que es, podría decir que todos fuimos y somos Giannis. Aceptar que fracasamos es un proceso difícil durante el cual es imposible ver la luz al final del túnel, o transformar nuestros errores o debilidades (la culpa, incluso) en abono para volver a intentarlo, pero aceptarlo con el malestar, el dolor, y la incertidumbre que conlleva, es el primer paso para empezar otra vez.










