Una ventana de oportunidad
El conflicto en Europa del Este aceleró el proceso de transición hacia energías limpias y renovables en todo el mundo. Al mismo tiempo reavivó el debate relacionado con la necesidad de garantizar el autoabastecimiento energético, un factor clave a la hora de pensar el desarrollo.
Sin energía suficiente, las posibilidades de apuntalar la economía de un país se reducen en forma considerable. Basta mirar lo que pasó en Europa, cuyo sistema energético enfrentó una crisis sin precedentes cuando el suministro de gas ruso se redujo en casi 80% tras el inicio de la guerra en Ucrania, impactando de lleno en el tejido industrial y, como era de esperar, en los precios de la energía.
Con ese escenario de fondo, en nuestro país se anunció recientemente la culminación de la primera etapa del gasoducto Néstor Kirchner que, una vez que se ponga en marcha -la fecha programada es el 20 de junio próximo-, debería permitir un ahorro estimado en unos 4200 millones de dólares anuales por importación de energía a partir del año que viene.
En un país en el que sobran discusiones estériles y faltan acuerdos básicos, al menos en este tema hay consenso en buena parte de la dirigencia de todo el arco político: Argentina está frente a la oportunidad histórica que ofrece el potencial de Vaca Muerta y el litio en el Norte del territorio nacional, en un contexto global que tiene a la energía como un factor de primer orden en el tablero mundial.
¿La dirigencia, en general, entenderá cabalmente lo que esto significa? ¿Cómo puede ser que, en 2016, un ministro de Energía, cuando tuvo que exponer ante el Congreso de la Nación sobre el aumento de tarifas de energía eléctrica y gas, se disculpó por los errores cometidos diciendo: "estamos aprendiendo sobre la marcha"?
La improvisación en materia de políticas públicas, lamentablemente, parece ser un problema que afecta a las principales fuerzas políticas y eso no es una buena noticia especialmente cuando lo padecen quienes tienen mayores posibilidades de acceder al gobierno. No se puede desconocer que el precio de la energía tiene directa relación con el costo que implica la extracción del combustible, más lo que demanda procesarlo y distribuirlo.
El sector energético es, aquí y en todo el mundo, uno de los que más necesita de políticas a largo plazo. Se trata de un sector que exige inversiones importantes y cuyos resultados solo se pueden ver a lo largo de muchos años. Ya lo señalamos en otras oportunidades: cuando el debate sobre políticas energéticas no logra salir de la coyuntura y se queda paralizado en las discusiones estériles lo que se tiene es un problema no resuelto. ¿Tendremos, esta vez, la madurez suficiente como para no desaprovechar la oportunidad histórica que se presenta para el país en materia energética? "El único modo de resolver los problemas es conocerlos, saber que existen. El simplismo los borra y así los agrava", observa Giovanni Sartori en su obra "¿Qué es la democracia".
Durante varias décadas la transición pacífica del poder fue la excepción y no la regla en nuestro país: entre 1930 y 1983 padecimos seis golpes de Estado, con todo lo que eso representó en términos de violencia política. Hay elementos que nos hacen pensar que hoy la idea de que los gobiernos elegidos por el pueblo deben completar el mandato, tal como lo establece la Constitución, forma parte de la convicción de la gran mayoría de los dirigentes políticos y que sólo en grupos marginales minúsculos hay expresiones en sentido contrario.
Para superar cualquier crisis es fundamental que se respeten las instituciones. Si esas bases —el respeto al orden institucional y a la transición pacífica del poder—siempre será mucho más difícil, si no imposible, reducir la pobreza y la desigualdad y lograr los acuerdos que permitan fortalecer la economía y sacar al país de los círculos viciosos que interrumpen cualquier intento de crecimiento y desarrollo.
Este es un año electoral y, en ese sentido, es importante recordar que la celebración de comicios libres y transparentes celebrados en forma periódica es una condición necesaria pero no suficiente para resolver los problemas estructurales.
Debemos aprender a debatir ideas, escuchar a quienes piensan distinto y promover una actitud de sincero respeto a las opiniones de todos, sumando esfuerzos a la permanente búsqueda de la mejor democracia posible, para que no volvamos a desperdiciar esta nueva oportunidad que, en materia energética, se presenta para el país.










