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Crisis migratorias

La migración irregular no es un fenómeno nuevo en el mundo

Sin embargo, la ONU y organizaciones humanitarias advierten que actualmente se registra el mayor movimiento de personas de la historia y que la magnitud de las crisis que se observan en algunas fronteras no tiene precedentes.

En América Latina el caso más reciente es de migrantes que acampan en la frontera entre Chile y Perú. La mayoría son venezolanos que huyen de la crisis económica que golpea a su país, pero también hay haitianos que abandonaron sus hogares para escapar de la miseria y la ola de violencia armada que golpea a esa pequeña nación, la primera del mundo moderno que nació de una revuelta de personas esclavizadas, como observa un artículo publicado en The New York Times, preparado por corresponsales que describe el alto precio que Haití debió pagar a Francia por su libertad. Más arriba, en la frontera que divide a México de Estados Unidos, los migrantes  sin papeles de Guatemala, Honduras, El Salvador, Haití, Venezuela, Colombia, Ecuador, siguen llegando en forma masiva en un intento por ingresar a EEUU con la esperanza de que los cambios en la política migratoria estadounidense (tras el cese de la medida sanitaria -conocida como Título 42- que implementó el presidente Trump y que habilitó la expulsión masiva de migrantes) les permita el ingreso a suelo norteamericano.

El Papa Francisco, en su reciente visita a Hungría, dijo que Europa debe ocuparse de la crisis migratoria que afecta a ese continente "sin excusas ni dilaciones" y planteó la necesidad de acordar "vías seguras y legales, con mecanismos compartidos frente a un desafío de época que no se podrá detener rechazándolo". Según la ONU, la migración irregular -y todos los riesgos a los que se exponen las personas que no cumplen con los requisitos de ingreso que exigen los países de destino-, están relacionados, en primer lugar, con una falta de vías regulares y seguras; pero también con otros factores como el cambio climático, la demografía, los crecimientos desiguales y las aspiraciones de una vida mejor, así como las necesidades insatisfechas del mercado laboral. Expertos del organismo internacional estiman que actualmente hay alrededor de 250 millones de migrantes en el mundo y se espera que esta cifra aumente en los próximos años.

La Organización Mundial para las Migraciones, en tanto, observa que desde mediados de los años 90, miles de personas intentaron cruzar cada año el Mediterráneo sin contar con la documentación requerida para los países de destino. Lo hicieron en botes desde las costas del norte de África y Turquía para procurar asilo o para emigrar a Europa. El número de personas que murieron al intentar esa travesía asciende a más de 24.000 desde que se lleva un registro de estas tragedias hasta nuestros días. En el viejo continente los partidos de extrema derecha proponen levantar muros o vallas con alambres de púas para frenar el ingreso irregular de migrantes. Quienes están en contra de esa idea, advierten que la experiencia demuestra que ese tipo de contenciones físicas no resuelven el problema y para lo único que han servido es para generar un nuevo negocio para las empresas que las construyen y las organizaciones que se dedican al tráfico de personas. Además, recuerdan que esa supuesta solución choca con el compromiso de respetar los derechos y la dignidad de los migrantes y su capacidad para pedir asilo cuando buscan protección. Pero más allá de los argumentos a favor o en contra de los muros, la realidad muestra que en Europa ya se han levantado muros a lo largo de 1.700 kilómetros desde el año 2015 hasta la fecha.

En 2021, los ministros del Interior de Austria, Bulgaria, Chipre, República Checa, Estonia, Grecia, Hungría, Lituania, Letonia, Polonia, Eslovaquia y de Dinamarca enviaron una carta conjunta a la Unión Europea para pedir a esa entidad que financie la construcción de muros para evitar el ingreso de inmigrantes. Días después, una investigación periodística internacional reveló la existencia de grupos organizados que atacaban a golpes a inmigrantes en las fronteras para impedir que ingresen a la Unión Europea.

Es de esperar que frente a estas crisis humanitarias se pongan en marcha mecanismos de cooperación internacional que garanticen los derechos fundamentales de todas las personas que, en estado de extrema vulnerabilidad y por distintas razones, se ven obligadas a abandonar sus hogares.

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