CARTAS DE LECTORES
La esperanza ante la crisis
Señor director de NORTE:
Las situaciones actuales de crisis se nos presentan hoy, tanto a nivel local, nacional o mundial, de modo inmediato. No tenemos que investigar demasiado para conocerlas. Pero mientras muchas son lejanas, y nos afectan a nivel emocional y también moral por el sufrimiento y las pérdidas humanas que implican, tales como las guerras presentes, otras afectan directamente nuestras vidas, en especial porque se dan en nuestro país.
Crisis viene del griego krísis y del verbo krinein y significa "separar" y también "decidir", lo cual supone elegir. Crisis es algo que se rompe, es ruptura. Y, si en general nos lleva al análisis para poder decidir, también implica un quiebre muchas veces difícil de superar. Por eso se suele pensar: ¿será posible atravesarla encontrando caminos para ir más allá; o todo es inútil y ya no queda esperanza? Se presenta entonces la necesidad de la esperanza frente a la desesperanza, y también frente a la desesperación. Esperanza proviene del latín sperare y este de spes, que según la etimología de Isidoro de Sevilla "viene a ser como el pie para caminar"; y lo contrario para este pensador sería la desesperación, porque donde faltan los pies no hay posibilidad de andar. Spes también significa expectativa, y se asocia con confianza, seguridad, fe en que eso que espero sucederá. En la mitología romana, era representada como una diosa. Es clásica la frase que afirma "la esperanza es lo último que se pierde".
¿Por qué tendría que importarnos entender qué es la esperanza? Si se tratara simplemente de cruzarse de brazos, hacer lo mínimo, como comprar una boleta de Quini y esperar a ganar, no tendría sentido, porque pronto caerían todas las expectativas. Hay que entenderla más bien asociada con la mirada que ve más allá de las crisis, que analiza caminos de salida para poder concretarlos "caminando". En primer lugar, significa ver una luz, oportunidades que pueden abrirse, hacer la crítica del momento que se vive en nuestro país para no poner la esperanza en líderes incapaces de resolver problemas que afectan a todos, pero en especial a los más vulnerables.
Sobre todo, para no caer en el endiosamiento de personas que se presentan como líderes pero son incapaces de trabajar por el bien común. Por eso, es necesario asumir que, como ciudadanos, estamos unidos por la solidaridad social constitutiva de los seres humanos, lo cual conduce a entender que la solución no pasa simplemente por estos "líderes", sino por el aporte que, de diversas maneras, podemos hacer todos.
Arrojados en una situación compleja e incomprensible frente a las riquezas concretas del país, aún frente a las sequías, se observa una huida práctica de muchos para no compartir, con la excusa de que las culpas son siempre de los otros. Mientras se busque solo el propio bienestar -no solo los políticos que sacan tajada de todo emprendimiento-, se desvanece la esperanza de quienes no tienen respuestas concretas a sus necesidades ni tampoco poseen poder para revertir la crisis, como los ancianos sin medicamentos, el personal sanitario sobrepasado de trabajo, las escuelas en pésimo estado, los niños mal alimentados, los jóvenes consumidos por las drogas, y deambulando y viviendo en las calles, entre otros.
David Grossman escribe en 2020, ante la crisis de la pandemia: "Esperanza, pensé una y otra vez, tratando de despertarla dentro de mí. La llamé, en voz alta, en hebreo, quizás habla hebreo, tikvá, tikvá." Y remarca: "Esperanza. Es un sustantivo, pero contiene un verbo que lo impulsa hacia el futuro. Siempre hacia el futuro. Siempre hacia adelante". Y compara la esperanza con un "ancla", que se arroja "desde la desesperación hacia un futuro mejor y más libre. Hacia una realidad que aún no existe, que está hecha principalmente de deseos. De la imaginación. Cuando el ancla se echa, se apodera del futuro y de los seres humanos, a veces toda una sociedad comienza a adherirse a ella."
La esperanza, para que sea algo más que un sentimiento o un deseo, debe transformarse en una actitud que piensa e imagina un modo de vida diferente, que proyecta una sociedad que, en su conjunto, se compromete a trabajar y a compartir para solucionar los problemas y mejorar la vida de todos, en especial de los más necesitados.
Además, que se plantea dejar de votar "líderes carismáticos, salvadores", ya que necesita con urgencia que los que toman las decisiones sobre el funcionamiento de la economía, la sanción y la aplicación de las leyes, la educación, la salud, entre otros, asuman su responsabilidad no solo por sus decisiones, sino también por las consecuencias.
No basta con tener la esperanza de que "se vayan todos", porque entonces solo se estaría deseando otros líderes que construyan una sociedad que en realidad depende de la forma en que todos imaginamos la sociedad y el país. Porque quizás los intereses de los poderosos, tanto a nivel político como económico, no coincidan con los intereses de la ciudadanía que espera, trabajando, una sociedad más justa, equitativa, solidaria y sin violencias, una Argentina que puede crecer en todo sentido si se crean las condiciones para que así sea.
MARÍA ELENA RADICI
RESISTENCIA
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