Una moneda que no cumple su función
Una moneda debe ser útil para comprar cosas; funcionar como referencia de valor de los bienes y servicios que se ofrecen en el mercado y servir como reserva de valor, de modo tal que nos permita ahorrar. Pero, como se ha podido comprobar una vez más, nuestra moneda local -el peso- vuelve a estar lejos de lograr su mejor desempeño en estas funciones. Como resultado de eso, se afianza el carácter bimonetario de la economía, un fenómeno que dificulta la deseada estabilización.
"Los orígenes de este fenómeno se sitúan en la elevada inflación y en los eventos disruptivos como devaluaciones, defaults de la deuda pública y congelamiento de depósitos", sostiene el informe "Argentina bimonetaria: cómo salvar al peso sin morir en el intento", elaborado por la organización no gubernamental Fundar. El documento plantea que las alternativas para enfrentar al bimonetarismo que padece la Argentina son dolarizar o recuperar la moneda nacional. En ese sentido, explica que dolarizar implica sacrificar instrumentos fundamentales de política económica y un fuerte ajuste que, como se sabe, golpeará con mayor dureza a los que menos tienen.
Señala, por otra parte, que recuperar el peso es fundamental para promover el desarrollo y que las condiciones iniciales para dolarizar o recuperar el vigor del peso son similares. "Entonces, ¿por qué renunciar a la moneda nacional?", plantea el informe, para advertir luego que, si en la Argentina no se empieza a revertir el bimonetarismo, no habrá éxito exportador que alcance. No es casual que la mayoría de los países hayan optado por mantener su moneda soberana o, en todo caso, avanzar con una moneda regional común como el ensayo que lleva a cabo la Unión Europea.
No deja de ser llamativo lo que ocurre en nuestro país con respecto al dólar (aunque perfectamente entendible ya que, como se dijo, el peso no cumple todas sus funciones) cuando en el resto del mundo algunas voces ya empiezan a poner en duda la hegemonía de la moneda estadounidense. Por ejemplo, en su reciente visita a China, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, propuso buscar una alternativa al dólar estadounidense para su comercio exterior, sumándose de esta manera a una iniciativa similar de China para contrarrestar el dominio del billete norteamericano en las transacciones internacionales.
Hay que recordar que el dólar es, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la divisa con mayor poder del mundo. "¿Por qué no podemos comerciar en nuestra propia moneda?", dijo Lula en Beijing y ese mensaje fue interpretado como una propuesta de cambio para el nuevo orden global que se está gestando. ¿El dólar dejará de ser, dentro de poco, una moneda de referencia en el comercio global?, se preguntan algunos analistas, luego del anuncio de Brasil que confirma que utilizará monedas de China -el renminbí- para su comercio con el gigante asiático.
Pero hay más. Pekín tiene como objetivo que su moneda reemplace al dólar en el comercio internacional y para ello ya firmó acuerdos comerciales con diversos países. Sin ir más lejos, el ministro de Economía de la Nación, Sergio Massa, anunció que nuestro país pagará el equivalente a 1.040 millones de dólares, pero en yuanes por las importaciones provenientes de China. Antes de seguir, una aclaración: el renminbi es la moneda de curso legal de China.
El yuan, en cambio, es la unidad básica del renminbi, nombre por el que también se conoce a la moneda. Según algunos economistas, la estrategia China tiene como meta reducir su dependencia del dólar, de los bancos de Estados Unidos y del sistema SWIFT, el sistema que facilita el movimiento de capitales entre países, en caso de que escale el conflicto en el estrecho de Taiwán.
Pero volvamos al tema que nos ocupa y que son los problemas que tiene una economía cuando su moneda no cumple con sus funciones. En este punto, la mejor solución pasa por fortalecer el peso y, como bien señala el informe de Fundar, el fortalecimiento de la moneda local debe ir acompañada de otras medidas para la estabilización general de la economía, lo que permitiría incrementar los márgenes de maniobra para ejecutar políticas económicas y fomentar el desarrollo.
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