La escuela debe ser un espacio de inclusión
El acoso escolar, también conocido por el término anglosajón bullyng, es un problema que sigue presente en las aulas.
Es fundamental que se lo detecte en forma temprana y que toda la comunidad educativa asuma el compromiso de prevenir y erradicar estas prácticas, para lo cual es necesario realizar un trabajo diario para promover el respeto y la convivencia en los ámbitos educativos.
Es un fenómeno que consiste en el acoso físico o psicológico al que un grupo de alumnos somete, en forma permanente, a uno de sus compañeros de clase. Apodos hirientes, burlas, insultos, hostigamientos, golpes, amenazas o intimidación son algunas de las formas que puede adoptar el maltrato hacia la víctima. Días atrás se conoció el caso de un juez de Paz de la localidad de Paso de la Patria, en Corrientes, que ordenó a tres adolescentes que se abstengan de continuar con los maltratos verbales y físicos a los que sometían a un compañero de escuela de 14 años. La noticia volvió a poner en la agenda pública un problema que puede tener serias derivaciones si no se adoptan medidas. Debe ser abordado por quienes participan de la comunidad educativa, sabiendo de antemano que uno de los mejores remedios para hacer frente a este problema pasa por insistir con el respeto de las normas de convivencia y por fortalecer el vínculo entre las escuelas y las familias. El ámbito escolar debe ser un espacio de integración y de inclusión. Se debe prestar especial atención al pedido de ayuda de las víctimas cuando denuncian actitudes de acoso por parte de sus compañeros de clase. Las organizaciones no gubernamentales que trabajan en la temática aconsejan ayudar a los alumnos que muestran ansiedad, malestar físico o baja autoestima, ya que estos pueden ser síntomas de algunas de las situaciones de acoso y de casos de violencia en el ámbito escolar.
El bullyng es un fenómeno que está presente en la mayoría de las aulas, aunque los especialistas en la lucha contra este problema observan que los episodios más graves se pueden presentar en comunidades educativas con desigualdades más marcadas, en las que el riesgo de exclusión social es mucho mayor que en aquellas donde la brecha entre los distintos sectores de la sociedad no es tan evidente.
Abordar en forma temprana los casos de maltrato físico, psicológico o verbal que se producen entre chicos en edad escolar es una de las mejores herramientas para prevenir situaciones graves. Unicef, por su parte, advierte que a medida que las dinámicas sociales han ido cambiando a lo largo del tiempo y debido al mayor uso de las redes sociales o los teléfonos móviles, los niños y los adolescentes están cada vez más expuestos a nuevas formas de acoso escolar. Hay que remarcar también que la familia y la escuela son los agentes socializadores más importantes que tiene una comunidad. De ahí la necesidad de que todos los adultos que participen de la crianza y la formación de los niños sumen sus esfuerzos para mejorar las relaciones tanto dentro de la escuela como fuera de ella. Es importante reflexionar sobre el lugar que ocupa cada uno y la función que cumple la institución educativa y también el rol del entorno familiar en la prevención del problema.
La escuela y las familias deben sumar esfuerzos para crear espacios basados en la confianza hacia el trabajo de quienes están a cargo de las aulas. La clave está en buscar los mejores caminos de cooperación entre el grupo familiar y la institución escolar. Es fundamental que docentes y padres sumen sus esfuerzos detrás de un mismo objetivo ya que, como se sabe, el aprendizaje de los alumnos no se reduce únicamente a lo que aprenden en las aulas sino también a los valores que enseña la familia.
Cuando se sospecha que, efectivamente, hay una situación de acoso escolar lo mejor es intervenir y evaluar cada caso en particular y, si es necesario, adoptar medidas rápidas para detener las conductas de hostigamiento. Siempre se debe tener presente que la escuela debe construirse como un lugar para la inclusión, como un espacio de relaciones basadas en el respeto y en la aceptación voluntaria de las pautas de convivencia que ayudan a crecer a todos.










