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Adolfo Emiro Andreotti

Hace un mes nos dejó para seguir su camino espiritual


 Por Manuel Rodríguez 

Se cumplió un mes de la partida de Adolfo Andreotti, un cordobés que se vino al Chaco apenas recibido. Un joven médico que había elegido la pediatría como especialidad para ejercer la medicina.  

El motivo de su elección, sin demasiadas vueltas, fue porque con los niños, los que recién se iniciaban en la vida, se sentía cómodo. Adolfo fue un médico que supo ganar esa confianza infantil. 

Los niños quedaban como cautivados por esa mirada franca, la sonrisa que siempre lo acompañaba y su palabra que no siempre iban dirigidas a los padres, sino también a ese niño a veces atemorizado por la situación y la seriedad de un consultorio.

 Y mientras se construía esa confianza necesaria en ese niño, sus ojos, oídos y toda su atención estaban puestos para descubrir esa enfermedad, esa dolencia que era la causa de la visita. De esa manera se fue ganando su prestigio profesional. 

UN SERVICIO A LA SOCIEDAD

Los niños siempre estuvieron presentes en su vida sabiendo que su trabajo por el bien de ellos, era realmente un servicio a la sociedad y a la patria porque por sus manos y su sapiencia pasaban una parte de las nuevas generaciones. 

Así fue que se interesó por el trabajo que estaba haciendo el médico Abel Albino, colega y excompañero de estudios, en la ciudad de Mendoza. Se trataba de la Fundación Conin cuyo objetivo era, precisamente, arrebatar a los niños de las garras poderosas de la desnutrición infantil. 


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El pediatra Adolfo Andreotti, fundador de Conin Chaco y con una tarea que perduró durante 17 años, dejó un gran legado.

Su entusiasmo y su convicción de que era realmente una tarea importante y fundamental, lo llevó a traer esos objetivos a esta, su provincia de adopción, para dar  inicio a una actividad muy hermosa y valiosa pero que le iba a costar muchas noches de insomnio y mucho trabajo para convencer a otras personas de lo importante que era trabajar por una niñez sana y con todo el potencial genético dado por el Creador, para que ese niño creciera de la mejor manera posible de modo que pueda ser, cuando llegue su momento, un ciudadano capaz y útil no solo para sí mismo, sino también para la sociedad. 

ASÍ COMENZÓ CONIN

Un sacerdote de la iglesia San José de la ciudad de Barranqueras comprendió su interés y le ofreció un lugar para empezar la tarea. Un grupo de personas convencidas del valor de una acción semejante, fueron sus primeros acompañantes. 

Se invitaban a las madres para que trajeran a sus niños, pues un pediatra y otros colaboradores, los atendían no solo en forma gratuita, sino que, además, le deban leche y algún medicamento cuando era necesario. 

No era una simple dádiva porque esas madres también tenían que asistir a charlas sobre diversos temas de salud, de nutrición, de convivencia. 

Con el paso del tiempo se vio la necesidad de darle un formato legal a este movimiento, por tal motivo el primero de septiembre del año 2005, se firmó el Acta constitutiva de la Fundación Cooperativa para la Nutrición Infantil. 

Los niños fueron siempre el motivo de todas estas preocupaciones tanto del doctor Andreotti como de sus colaboradores. 

Gracias a la comprensión de la intendenta de Barranqueras, en 2008, la Fundación contó con un terreno propio donde hoy se levanta el centro de atención "Gabriel Alejandro". 

La Fundación fue creciendo no solo en niños atendidos, en madres contenidas, sino también en voluntarios que se fueron acercando para colaborar en el "Centro de atención". 

Voluntarios, muchos de ellos anónimos que hacían llegar su colaboración convencidos de la importancia de la obra, y gracias al esfuerzo constante y a la palabra necesaria que el doctor Adolfo Andreotti supo decir en los momentos oportunos para persuadir y contagiar ese entusiasmo por llevar adelante los ideales planteados en sus orígenes por el doctor Albino y sus colaboradores Conin Barranqueras fue creciendo y cientos de niños dan testimonio del trabajo realizado.

EL VALOR DE SU OBRA

Se cumplió un mes de su partida. Partida que ha llenado de congoja no solo a sus familiares, sino también a sus amigos y colaboradores de la Fundación. 

Esta breve reseña es para destacar un rasgo de su accionar que fue destinado a los más pobres e indefensos, cumpliendo así, aquel mandato de Jesús de amor a todos y en especial a aquellos más necesitados.

Nosotros, desde aquí, queremos dejar constancia de que su legado sigue en pie porque un puñado de colaboradores seguimos convencidos del valor de esta obra. 

Hasta siempre, Adolfo Emiro Andreotti.

(* El autor es presidente de la Fundación Conin Barranqueras) 

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