Una historia personal: 48 horas en terapia intensiva
Señor director de NORTE:
De un momento a otro, me sentí muy mal, con un intenso dolor abdominal. Pedí que me llevaran a un sanatorio ya que reconocí que el malestar no era algo conocido. Ingreso (día viernes) y me revisa el médico de guardia. Sugiere que me interne en una habitación común (cómoda e íntima), para realizar los estudios correspondientes que determinarían el origen de mi dolencia.
A las 14 horas ya tenía diagnóstico y tratamiento. Recibí la medicación correspondiente, antibióticos, suero, calmantes, etc. Pasé bien el resto del día y también la noche.
Mi estado general físico y anímico, eran buenos… pero llegó la sorpresa. El día sábado, por la mañana temprano, se presenta en la habitación la médica de guardia del piso y propone pasarme a terapia intensiva argumentando que durante el fin de semana el sanatorio reduce considerablemente el personal en el piso. Acepto, ignorando el devenir de los hechos.
Pasadas dos horas en ese lugar, solicité firmar el alta voluntaria de la terapia. La médica a cargo me explica que la enfermedad que padecía se trata en terapia, a lo que pregunto "¿por qué no me internaron acá (T.I.) ayer entonces, si a las 14 hs. ya tenían el diagnóstico?" No obtuve respuesta. Tampoco insistí sobre el alta voluntaria, para no preocupar más a la familia.
¿Qué tipo de enfermos están en terapia? Quienes sufrieron accidentes, recién operados, inducidos al coma por distintos motivos, ancianos cuyos organismos necesitan asistencia continua, etcétera. Básicamente la mayoría de estos pacientes no saben que están allí.
Me sentí humillada, denigrada e ignorada. A pesar de estar en una especie de terapia intermedia, debía (como todos ahí) estar desnuda, no podía bajar de la cama, no podía utilizar el celular, pero sí la chata para mis necesidades y aceptar que una extraña higienice mis partes íntimas. Me bañaban sobre un colchón de goma, sentada tipo indiecito, donde se formaba una mini pileta, con agua sucia, donde debía permanecer de ese modo hasta que el procedimiento finalice. Todo esto, en pleno uso de mis facultades físicas, síquicas y absolutamente consciente.
Me desmoroné, la impotencia me causó un trauma que espero superar algún día. No me sedaron en ningún momento, a pesar de que lo solicité, para que el tiempo pase más rápido. Una guachada. Me pasaba las noches despierta, escuchando lamentos y ruegos de los otros enfermos, sobre todo ancianos, y de día (que ahí dentro se mezcla con la noche) contando azulejos, sintiéndome cada instante más desolada… El lunes ya pasé al piso… y el martes a mi casa.
La atención profesional de las/los enfermeros fue excelente. Solo tengo palabras de agradecimiento para ellos.
Ahora... ¿Quién es el responsable de lo que viví? ¿Fue el famoso "protocolo médico"? ¿El que utilizan por igual con todos los pacientes, sin distinguir ni considerarlas características particulares de éstos? ¿O es un tema económico?
En general, hay una deshumanización en el ejercicio de la medicina y en la administración de los centros de salud, hace bastante tiempo y se profundiza.
Una tristeza, ya que en esas circunstancias es cuando más necesitamos que nos miren como individuos y adapten las prácticas a las características personales de cada enfermo.
No importa en qué establecimiento de salud sucedió, creo que pasa lo mismo en todos ellos.
A la comunidad médica, sanatorios, clínicas, asociaciones médicas, les ruego que revean los pequeños detalles humanos que hacen grande el bienestar de los enfermos.
CLAUDIA DURNBECK
DNI 17.150.744
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