Aprender desde el error
La famosa premisa del oráculo de Delfos "conócete a ti mismo" toma una nueva dimensión de cara al avance -a través de las neurociencias- que nos permite bucear más profundo en esta poderosa herramienta que es el cerebro. Si, incluso más poderosa que la IA (Inteligencia Artificial); el nuevo enemigo del mundo y protagonista de las profecías de apocalipsis modernas, que –valga la paradoja-un cerebro ha creado. 
 (*) Por Mariana Alegre
"Una de las máquinas más extraordinaria del universo", así llama al cerebro el neurocientífico y matemático francés Stanislas Dehaene*. Añade, que todo lo que sentimos y todo lo que sabemos viene de nuestro cerebro, que a pesar de los avances de la inteligencia artificial, el cerebro sigue siendo la "máquina más extraordinaria".
Dehanene asegura con palabras (y una trayectoria impactante, en investigación) que es necesario conocer esta máquina tan poderosa y entenderla, ya que esto conlleva a entendernos a nosotros mismos. Quizás, esta sea el "arma" más poderosa que podríamos tener en contra de todas las teorías y escenarios apocalípticos, que incluyen por estos días a la inteligencia artificial.

Por supuesto que, una herramienta necesaria para ello sigue siendo el aprendizaje. Y antes que protesten los nihilistas, o quienes hemos mirado este tema desde una postura casi romántica, idealista e incluso existencialista.
El francés, insiste en "comprender el cerebro para utilizarlo mejor, y porque aprenderemos toda la vida. Todos tendremos que enfrentarnos a situaciones difíciles en la vida, incluso enfermedades en la que puede sumirnos nuestro cerebro".
¿Será capaz el ser humano de conocerse asimismo y además crear una inteligencia artificial que lo iguale, para dominarlo?. Parece una pregunta retorcida, de una filosofía rebuscada. Pero, lo cierto es que lejos de colgarnos (para justificarnos) de una afirmación tan poderosa, comprobada científicamente, como es la de aprender desde el error, la idea es ser conscientes de este poder no solo para mejorar las máquinas o encontrar la cura del cáncer, sino empezar por el patio de casa, por el metro cuadrado propio, en el cual vivimos, mayormente.
No es mi propósito abrir un debate científico o moral sobre el error, pero es interesante el concepto, desde el punto de vista de lo cual buscamos corregir constantemente, sin saber que nuestra preciada "máquina" lo hace de forma automática. Bueno, pensándolo bien, sería muy importante conversar sobre esto y sus infinitas posibilidades.
La posmodernadad moderna, valga la redundancia, nos ha llevado a maximizar el error a tal punto de convertirlo en el noveno pecado capital, una sentencia de vida o incluso -en el otro extremo- en una virtud que sirve de excusa para equivocarnos.
Pero ¿cómo llegar al punto medio, al equilibrio entre la miseria y el positivismo tóxico, para aprender del error?. Es que, como dice la frase "errar es humano". En palabras de Deheane "es la señal de error la que nos permite corregir. Es un principio que también se utiliza en la Inteligencia artificial. Es un desfasaje entre lo que hacemos y lo que deberíamos haber hecho, lo que nos permite corregir", describe y afirma "gracias a cometer errores somos capaces de aprender".
Esto podría chocar contra nuestra concepción del aprendizaje donde se nos insta, en la educación formal y familiar, por ejemplo a no cometer errores, y se nos castiga incluso. Pero, según sostiene la ciencia el cerebro no aprende si no recibe una señal de error. Nuestro cerebro es un sistema que reajusta constantemente esa señal de error. Eso desterraría algunas afirmaciones de nuevas "terapias" donde resulta que nuestros errores en realidad son resultado de los errores de nuestros ante pasados. Y no, no quisiera que el sarcasmo le quite peso a esta teoría, ni ofenda a nadie en sus creencias.
Sin lugar a dudas esto abre una puerta y un debate muy amplio. Y sí, en algún punto convergen múltiples factores, que no solo incluirán un pensamiento racional o pruebas de laboratorios. Pero, hemos encontrado la punta del ovillo.
El aprendizaje, sostiene Deheane, es la función más extraordinaria del cerebro y además es lo que es cambiante. La forma en que genera el pensamiento el cerebro es el gran desafío de la ciencia. Y va más allá, asegura "nosotros somos nuestro cerebro".
Pero, entonces para que nos aprendimos el himno, las tablas de multiplicar, las teorías de la comunicación, o los reglamentos. Porque –y aquí vamos a destruir un mito- "todos, hombres y mujeres tenemos una limitación: no podemos hacer dos (o más cosas) conscientemente a la vez". Miren por dónde, nos encontramos con Buda y el moviento del Mindfulness.
"Aunque parezca una tontería no somos conscientes de aquello que no somos conscientes". Entonces, la automatización como por ejemplo aprender a leer o a sumar y restar, nos permiten con el tiempo concentrarnos en una tarea a la vez. Por ejemplo a un deportista conocer los reglamentos para competir, o para comprender un texto, aprender a leer.
Aprendemos y reajustamos en muchos niveles. De hecho, aprender que aprendemos errando ha sido una comprobación científica, no para excusarnos de nuestros errores, sea de manera formal, o incluso en este camino que es el conocimiento de uno mismo, puede ser una herramienta para conciliar tanta polarización.
Es decir, no es necesario caer en un narcisismo patológico ni en una autoflagelación. Aprender a gestionar cosas por las cuales sentimos culpa y arrepentimiento (siendo adultos, de al menos 14 años) nos permitan mejorar en diferentes aspectos: profesionales, personales, incluso porque no ser una vía para afrontar los problemas de salud que generan enfermedades neurodegenerativas o de la mente.
Podemos presentar aquí muchos casos, posturas y situaciones en las cuales sea muy difícil comprender esta afirmación tan grande. Podemos plantear qué pasa con los delitos, los accidentes, condiciones de nacimiento, la infidelidad. Pero, si comenzamos por ir conociéndonos. Conocer todo lo que es capaz de brindarnos, esta "máquina extraordinaria" que tenemos sobre nuestros hombros, también nos hará más conscientes de que, no es el miedo a las IA, sino a cómo manejamos nuestra evolución lo que debería ocuparnos. Seguir aprendiendo del error.
*Neurocientífico pionero de la neurociencia del lenguaje verbal y la cognición matemática. De formación matemático, dirige la unidad de Neurociencia Cognitiva del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica francés y, actualmente, también lidera el NeuroSpin Brain Imaging Center de París. Su trabajo le ha valido multitud de reconocimientos, entre los que se encuentra el prestigioso Brain Prize, conocido como el "Nobel de la neurociencia".
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