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Una amenaza silenciosa

La Organización Mundial de la Salud volvió a poner la lupa sobre el problema de las bacterias que desarrollan resistencias a los antibióticos luego de que se conocieran casos de heridos en la guerra en Ucrania que presentan infecciones provocadas por patógenos resistentes a los fármacos que se utilizan en los tratamientos.

Se conoce como resistencia microbiana al fenómeno por el cual bacterias, virus, hongos y parásitos se vuelven resistentes a los medicamentos que se emplean para combatirlas. Cuando eso ocurre, el tratamiento de infecciones comunes se vuelve una tarea más difícil. Si bien el problema no es nuevo, lo que llamó la atención de las autoridades sanitarias es que aumentaron los casos de resistencia antimicrobiana en soldados heridos de gravedad en el conflicto en Europa del Este. Sin dejar de lado la tragedia que representa la guerra, cada vez más voces advierten sobre esta amenaza silenciosa que se extienden por distintas regiones del mundo. La organización Médicos Sin Fronteras aseguró que se trata de una verdadera emergencia de salud global. En ese sentido, hace ya varios años que la organización viene advirtiendo que este problema amenaza con hacer que las heridas y enfermedades comunes que hasta ahora son fáciles de tratar sean mortales otra vez. "Desde heridos de guerra en Jordania, hasta recién nacidos en Pakistán, pacientes quemados en Haití, o personas con tuberculosis multirresistente en Sudáfrica y Europa del Este, vemos infecciones resistentes a los medicamentos en todo el mundo, incluyendo aquellas que solo pueden ser tratadas con antibióticos de última línea", señaló el organismo en un comunicado. Por otra parte, investigaciones realizadas en los últimos años revelaron que la resistencia antimicrobiana avanza más rápido que el desarrollo de nuevos antibióticos. En efecto, en distintos estudios que se realizaron en el Reino Unido, Canadá y Corea del Sur se observaron una serie de cambios en virus y bacterias que ponen en riesgo la efectividad de quimioterapias, cesáreas y tratamientos odontológicos, entre otros procedimientos. Dicho de otro modo, una simple herida que hasta ahora es perfectamente manejable en cualquier centro de atención de la salud podría transformarse en un caso grave si el aumento de la resistencia a los antibióticos no se detiene a tiempo. A este punto se llegó porque una de los hábitos más peligrosas que está extendido en todo el mundo es el empleo de antibióticos que sobraron de otros pacientes, lo que se realiza por supuesto sin ningún tipo de supervisión médica.

En nuestro país el Senado de la Nación aprobó, en agosto del año pasado, una ley que promueve el uso responsable de antibióticos. Se trata de la ley de Prevención y Control de la Resistencia Antimicrobiana, que regula el expendio y empleo de este tipo de fármacos y busca fortalecer el manejo y la gestión en instituciones de salud para prevenir o disminuir infecciones, mejorar la gestión de la prescripción, dispensa y presentaciones de antimicrobianos y a establecer criterios consensuados en la gestión de antimicrobianos en el sector de la agricultura y la ganadería. Según datos aportados por la Organización Mundial de la Salud, antes de la pandemia de Covid 19 la resistencia a los antimicrobianos fue responsable directo de 1,27 millones de muertes ocurridas en todo el mundo, en casos en los que se detectó que bacterias, virus, hongos o parásitos no respondieron a los medicamentos que antes los eliminaban, debido a cambios genéticos y adaptación de los mismos microorganismos. Por su parte, la Sociedad Argentina de Infectología advirtió que el empleo inadecuado de antibióticos se incrementó en el país durante los primeros meses de la pandemia de Covid-19 y por esa razón la entidad llamó a dar un uso responsable de estos fármacos para evitar que algunas infecciones sean cada vez más difíciles de tratar por ser generadas por organismos resistentes a los medicamentos disponibles para curarlas. Expertos de la OMS consideran que el llamado al uso responsable de estos fármacos debe llegar no solo a los pacientes, sino también a las autoridades sanitarias, farmacéuticos y a la propia comunidad médica, frente a la urgente necesidad de combatir la multirresitencia presente en bacterias causantes de neumonía, meningitis e infecciones en la sangre, entre otras patologías para las cuales muchas veces ya no existen fármacos eficaces.

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