"Sim swaping", la maniobra para apoderarse de un número telefónico.
La digitalización, el avance tecnológico y el paso de los años han configurado un escenario en el que nuestro celular es la identificación última para que multitud de servicios confirmen que somos quienes decimos ser. - Por Ricardo Ambrosig

Este escenario, bastante cómodo y conveniente, tiene un lado perverso: dejarnos en manos del móvil hace que cualquiera que tome su control pueda hacerse pasar por nosotros. Y no hace falta que sea físicamente, basta con tener una SIM asociada a nuestro número. Ese es posiblemente el eslabón más débil de la cadena, donde entra el intercambio de SIM, o SIM swapping.
El SIM swapping consiste en duplicar la tarjeta SIM de un teléfono inteligente, básicamente lo que llamamos "el número de teléfono". Pero la tarjeta incluye mucho más que el número: puede almacenar los contactos y tiene grabado el código de acceso asociado a la identidad del dueño a la red de telefonía.
El peligro de esta maniobra es que los delincuentes no necesitan acceso físico al dispositivo móvil para clonar la tarjeta SIM. Se ponen en contacto con el servicio de atención al cliente de los operadores de telefonía y se hacen pasar por usuarios legítimos.
Si tienen éxito, obtendrán una nueva tarjeta SIM y podrán acceder a la información confidencial almacenada en ella (contactos, contraseñas, datos bancarios, etc.).
De esta manera, secuestrarán la línea telefónica de la víctima y usarán toda su información, como solicitar una nueva contraseña y obtener un código de verificación para acceder a su banca en línea.
Parece insólito, pero los operadores de las telefónicas a veces ni siquiera están en el país, son abrumados empleados de call centers que se aferran a las instrucciones como un robot y, si la llamada cumple los requisitos, hacen el cambio.
Por ejemplo, un operador típico va a solicitar el número de DNI y una fe de identidad, que puede ser el domicilio, el segundo nombre, o bien alguna otra información que se puede encontrar en redes sociales.

La primera alarma
La primera alarma de que alguien está intentando apoderarse de la identidad telefónica es una llamada que aparenta ser del Ministerio de Salud, o del operador de la empresa, o de cualquier organismo que despierte confianza.
Esa llamada nos tranquiliza diciendo que no se trata de una estafa y que no nos van a mandar ningún código sospechoso. Acto seguido, constatan que lo poco que averiguaron en redes sociales sea verdad y piden el nombre completo tal como figura en su DNI. A veces preguntan si el DNI es el correcto y, si no es así, piden el verdadero para "agendar en el sistema". Así, van consiguiendo lo necesario para llamar a la empresa telefónica y hacerse pasar por la víctima. Suena algo ingenuo, pero en decenas de intentos pueden conseguir que alguien caiga en la trampa.
Una vez que el usurpador de identidad tiene acceso a una SIM asociada al teléfono móvil, y ya conoce nuestro DNI, tiene vía libre para acceder a la banca digital pidiendo el restablecimiento de la contraseña, vía SMS.
Se cuentan por decenas los casos de personas que no entienden cómo se quedaron sin línea y de repente perdieron gran parte de sus ahorros.
El auge del SIM swapping en los últimos años debería haber servido para empezar a requerir protocolos de seguridad mucho más fuertes a la hora de duplicar tarjetas SIM, pero para los bancos y las telefónicas significa una inversión que no están dispuestas a encarar; al fin y al cabo, nadie les exige que devuelvan la plata a la víctima.
La sanción de la ley que obliga a las empresas a implementar sistemas de reconocimiento facial que debía comenzar a instrumentarse en febrero puede cambiar en gran medida el riesgo que hoy enfrentan quienes no soy muy duchos en el manejo de las nuevas tecnologías.












