"El arte es un motor para estimular la imaginación y empujar interpretaciones"
"Flujo sumergido" es el nombre de la muestra que trajo el artista a Resistencia, su ciudad adoptiva. La colección se compone de veintiocho piezas.
Afuera el tiempo estaba encapotado, nubes grises y una leve brisa hacían cambiar la temperatura del ambiente. El artista José Zavala bullía de energía, caminaba de un lugar a otro mientras recorría los paneles que exhibían sus obras en el museo de Medios. Hace años vive en Hemel Hampstead, Reino Unido, y este viaje lo realizó para presentar su obra en Resistencia, de cuya curaduría se ocuparon dos de sus hijos.

Era diciembre en Europa y hacía frío. Iban ya tres meses de lluvia. Era la mitad del invierno y todavía restaban tres meses más bajo tiempo gélido. En ese contexto, José Zavala comenzó a trabajar en un gran proyecto. ‘Las obras nacen para salir de un estado de depresión. Estos papeles los rescaté de una imprenta, es por eso que vinimos a exponer en el Museo de Medios. Estos rollos de papeles pertenecían a un libro que no se hizo pero estaban cortadas las piezas. Recuperé estas hojas y las usé para este gran proyecto‘, relata el artista en un tono entusiasta, alegre y desbordante.
Para salir de ese estado de desánimo pintó setenta piezas. Al museo trajo veintiocho. Hubo días en los que produjo hasta seis piezas, a veces dos y en otros, no produjo nada. Su trabajo fue fluctuante pero constante. ‘El trabajo también es una extensión de estados de ánimos, refleja energías que vivía cada día y se muestran gestos, energías y rastros del paso del tiempo‘, explica.
Todo principio no es más que una continuación
Hace bastante tiempo, una poeta polaca -Wislawa Szymborska- escribió que ‘todo principio no es más que una continuación, / y el libro de los acontecimientos se encuentra siempre abierto a la mitad‘. Olvidé preguntarle a José si conoce este poema pero lo cierto es que él con su accionar no tiene dudas de que estas palabras son verdaderas.
‘Una de las cosas que me fascinan del arte es que siempre hay un precedente. Una persona no inventa absolutamente nada nuevo, sino que hay algo que se produjo antes y que sirve como inspiración o disparador. Esa idea del artista que está creando solo desde la nada no existe. Siempre estamos creando sobre presentes‘, describe ante la pregunta de dónde nacen sus trabajos.
‘Ahora bien -agrega y se vuelve más reflexivo, suelta las palabras un poco más lentas como si pudiera acentuarlas-, como artista no puedo hacer lo que hicieron quienes me precedieron. Mi propuesta está inspirada en el ’arte povera italiano’ (‘arte pobre italiano‘), que fue un movimiento de mediados de los 60 que buscó salir de la academia y de las galerías.
Este movimiento empezó a usar piedras, sillas, cualquier cosa que encontraban a mano. Empezaron a hacer el antiarte.
Si bien pusieron mucha energía en esculturas, se salieron del mármol y del acero, de todo lo que significa infraestructura y capital económico‘.
-Eso también tuvo su correlato en Nueva York.
-Así es, hay una rama del arte povera en los 70 neoyorquinos de artistas hambrientos, donde la única forma de hacer arte era salir, levantar basureros y encontrar cartón y pintura. Hacer arte con lo que sea y producir con lo que sea. Mi inspiración viene de ese lugar. Tomo de varios artistas. Tengo ese impulso de la búsqueda que ellos han tenido y que yo reinterpreto en este momento. No es el individuo creando por sí mismo sino que hay una continuidad con lo que pasó, esto me saca del lugar de artistas burgués que crea de la nada. Mi energía está ahí en la continuidad. Su búsqueda es mi búsqueda pero resignificada en otro tiempo y con otros recursos.
-Tus obras nacieron de un invierno, pero aquí también veo emociones, alegrías, tristezas, enojos.
-Totalmente. Hay muchas emociones. Soy misionero de origen y chaqueño por adopción, aparece aquí la selva y el agua por todos lados. Hay mucho cielo. Para mí la provincia del Chaco tiene una potencia en sus amaneceres y en sus atardeceres. Son gloriosos y únicos. Acá hay obras que dan cuenta de toda esa potencia.

-¿Hay silencio en la obra?
-Hay silencio. Tengo el privilegio de trabajar con tiempo. Es un privilegio cómo usas tu tiempo. En este contexto se me mezcló algo que leí de los budistas que dicen: ‘Cuidado. Pensamos que siempre tenemos tiempo, que el tiempo es infinito. Eso es mentira‘. Entonces trabajo con muchas ganas donde me quedo enganchado con ciertos temas, ciertos colores y ciertos trazos, que en ocasiones puedo producir tres obras de una misma familia. Ahí me doy cuenta de que me estoy repitiendo, tengo que parar, descansar o hacer otra cosa y volver a empezar de cero con otra obra. Cada página de una obra es un nacimiento. Comienza una historia, un fondo, después aparecen las distintas capas que irán armando distintas lecturas hasta llegar al contraste final. Somos animales de contraste.
-¿El arte finalmente te sirvió para salir del invierno o no? ¿Cómo?
-El arte sirvió para saber que el invierno puede ser utilizado de otra manera. También con las otras estaciones del año. Ahora voy a buscar elementos para cada temporada. Entonces voy creando mi propio plan de trabajo. Después viene el desafió de no repetirme. Porque la idea de armar series es producir con la intención de que esta intencionalidad tenga un ciclo. La dinámica es la que te saca de la pasividad que te da la depresión. La depresión es la falta de acción. Estás triste porque no estás accionando. Te quedás pensando, pensando, pensando y no accionás.
-Como un trompo, dando vueltas...
-Claro, pensando, pensando, sin accionar. Sucede que uno está a la búsqueda de aprobación para hacer cosas. Por esta cuestión de vivir en sociedad y de buscar aprobación. Está bien en términos de aliciente pero eso no trabaja de una sola manera, tenés aprobación de alguien que te dice que está bien porque eso vos lo laburas.
-¿Qué buscas o qué esperas que le provoque a la gente estas obras?
-Hace diez años hice una escultura urbana. Cuarenta toneladas de acero. Hice pequeños modelos de eso y busqué gente que me dé su opinión para ver cómo llegaba la obra. Para estas obras volví a esa misma gente. A muchos les mostré esto y se mostraron enganchados. Así que el efecto está chequeado. La gente va inmediatamente a lo que tiene en la cabeza, uno no inventa cosas, el significante sigue siendo el mismo.
Había un artista francés que decía que la importancia del arte es motivar la mente de la persona. Porque es la mente de las personas la que lleva a imaginar y la que empuja interpretaciones, ahí se produce la conexión con el arte. Entonces, el arte es un motor para estimular la imaginación y empujar interpretaciones.
-¿Por qué "Flujo sumergido"?
-El flujo está representado por esa energía que tenía y que necesitaba generar para salir de la pasividad de la depresión. Fue volver a concentrar la energía en trabajar y producir para generar algo que pueda compartir después. Uno hace arte para compartir.
Elementos de la cocina artísticas
A veces un no por un sí cambia el destino de las personas y del arte en general. Habían cortado ya el papel de un libro pero ese proyecto se truncó. José Zavala tomó ese material con el cual nunca había trabajado. ‘Empecé a trabajar con entusiasmo‘, cuenta, mientras hace gestos con la mano abierta sobre sus pinturas.

Primero selló cada pieza y después empezó a usar un montón de pintura que tenía en su casa. La primera máxima fue no comprar pinturas nuevas sino rescatar las que tenía esparcidas en su taller. ‘Fui salvando todo lo que tenía y agregando, saturando, poniendo y sacando yeso sobre cuatro latas de pintura. A lo largo del proyecto predominan cuatro pinturas que tienen distintos grados de tratamiento, para saturar y des-saturar. Trabajé mucho en probar cada cosa‘.
En las pinturas que estuvieron expuestas en distintos paneles en el Museo de Medios se pueden apreciar las texturas, otras están más elaboradas o más difusas porque van reflejando el estado anímico que tenía el artista al momento de crear cada pieza. En cuarenta y cinco días produjo setenta piezas. De ese total trajo a Resistencia veintiocho.
‘Algunos días producía seis piezas y en otros días producía nada. A veces hacía dos. Era muy fluctuando pero el trabajo en sí refleja momentos y la energía con la que trabajada cada día. En dos o tres obras usé pinceles. Todo lo demás está hecho con espátula. La espátula me permitía esparcir el yeso. Después tiraba la pintura y la esparcía. Usé distintas espátulas, elementos de la cocina, cuchillos y aceite de cocina‘.
Tonalidades y texturas diferentes en más de veinte piezas desplegadas
La muestra de José Zavala lleva por título "Flujo sumergido". Es una colección de pinturas gestual, dinámica, intuitiva, utilizada como medio para desvirtuar los efectos del invierno, la soledad y depresión. Estuvo cuarenta y cinco días sumergido en un trabajo ininterrumpido para traer a conciencia que otra realidad es posible de ser vivida. Zavala abreva en el ’arte povera’, que rescata elementos de descarte, inusuales, insignificantemente inútiles, para generar una nueva instancia de atraer la atención de otros.

La disposición de las obras en el Museo de Medios de la ciudad de Resistencia, fue curada por dos de sus hijos. ‘Los dos son artistas‘, describe y se ensancha de felicidad. ‘Uno es artista plástico y el otro compone música para películas. Buscaron aquí plasmar tonalidades y texturas, las más frías están adelante y en el fondo las más cálidas. El verde ligado con otro verde del fondo que tiene continuidad, el celeste azul contraste con el amarillo, hay un giro en ‘u‘.
La colección está basada en el rescate de rezago de papel de imprenta, de allí la intencionalidad de mantener sus dimensiones y ajustar las acciones sobre esa limitado y predominante longitudinalidad. Lo que siguió fue una restringida paleta de colores, acrílicos, tintas, pintura para edificios, diluidos con agua o aceite, redensificados con yeso, borra de café y viruta de madera. Los gestos están deliberadamente expuestos en forma plena, para alimentar la idea de lo inconcluso. Hay particularidades de trazos delicados que refuerzan la idea de un borrador, de una versión inconclusa, subsumible, abierta a ser modificada, borrada, alterada, como la vida misma.
Vida repartida por el Litoral antes de despegar a Europa
José Zavala es de Misiones, 1960. Reside en Hemel Hampstead, Reino Unido desde 1996. En los pasados quince años estuvo dedicado al desarrollo de productos sustentables para construcción, generando tres patentes. Su actividad como arquitecto la alterna con sus intereses en el plano artístico, al diseñar y construir una escultura urbana de 40 toneladas y también con su pasión por la pintura. Recientemente culminó sus estudios de pintura en la escuela de Newlyn School of Art.

Estuvo un tercio de su vida en Misiones. Otro tercio en el Chaco, tiene tres hijos chaqueños. Hace años se trasladó a Londres a estudiar. Cuando estaba regresando fue la crisis de 2001, recibió una carta de presidencia de la Nación -era becario del Conicet- en la que le comunicaban que quedaba sin efecto el contrato que tenía. ‘Ahí me quedé a la buena de Dios‘, rememora. ‘Tuvimos en ese momento que inventarnos la vida con la familia. Nos salvó que con mi mujer teníamos pasaporte italiano, eso nos facilitó las cosas. Después hubo posibilidades de volver al país, pero ya estábamos en otra cosa‘.
El es arquitecto, FAU UNNE. Obtuvo un Master en Vivienda y Urbanismo.












