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Aprender en el siglo XXI

Los analfabetos del siglo XXI no serán los que no saben leer y escribir, sino los que no pueden aprender, desaprender y reaprender. La frase, que pertenece al sociólogo Alvin Toffler, figura en la primera página del informe "Adoptar una cultura de aprendizaje a lo largo de la vida" publicado por la Unesco, donde se plantea que para hacer frente a desafíos globales como la crisis climática, los cambios tecnológicos y demográficos, será fundamental estar preparados para acceder a nuevos conocimientos en todas las edades.

La citada publicación de la Unesco sostiene que es necesario generar un entorno propicio y una educación más inclusiva para que las personas adquieran nuevos conocimientos en todas las edades. Dicho de otro modo, el aprendizaje a lo largo de todo el ciclo vital de una persona tendrá que estar entre las prioridades de las agendas políticas e ir más allá de los ámbitos de la educación. La Unesco sostiene que los procesos formales de aprendizaje en la edad adulta benefician a las personas mayores que deciden continuar sus estudios. Según el organismo internacional, de esa manera acceden conocimientos y competencias que, de un modo u otro, contribuyen a mejorar sus vidas y también las de sus familias, comunidades y sociedades.

El informe "Adoptar una cultura de aprendizaje a lo largo de la vida", fue publicado por el Instituto de la Unesco para el Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida (UIL, por sus siglas en inglés), cuya sede principal funciona en la ciudad de Hamburgo, Alemania. Este trabajo propone ubicar a los grupos vulnerables de la población en el centro de la agenda del aprendizaje, garantizar un acceso mayor y equitativo a las tecnologías que facilitan la adquisición de nuevos conocimientos, alentar a las escuelas y universidades a que se transformen en instituciones de aprendizaje que abran las puertas de sus aulas a personas de todas las edades y reconocer el aprendizaje a lo largo de toda la vida como un derecho humano.

Para la Unesco, la educación para adultos desempeña un papel clave en la lucha contra las desigualdades en todos los países que ya sienten los efectos de los cambios demográficos y de la transformación que experimenta el mercado laboral debido a la digitalización y la revolución tecnológica. El informe remarca que una cultura de aprendizaje a lo largo de la vida debe apoyarse en un sólido tejido social que proteja a los más vulnerables contra la pobreza, la discriminación y otras formas de desigualdad. Sobre ese tema, observa que una cultura del aprendizaje a lo largo de la vida puede fortalecer el tejido social; y advierte que cuando no se satisfacen las necesidades básicas, como, por ejemplo, en los casos de violencia, pobreza extrema, trabajo infantil, falta de alimentos y agua potable o falta de electricidad y conectividad a Internet, existen obstáculos significativos al aprendizaje, que agravan aún más la desigualdad al ampliar las brechas en la educación. "Las brechas educativas persisten y aún no se han visto superadas por las tecnologías digitales y los recursos en línea de libre acceso; de hecho, estas ofertas tienden a privilegiar aún más a aquellos grupos que ya gozan de una ventaja educativa", agrega el documento de la agencia de la Organización de Naciones Unidas.

En el siglo pasado el éxito del proceso de enseñanza aprendizaje se basó en la memorización de contenidos. Pero en el siglo XXI las transformaciones impulsadas por las tecnologías disruptivas que aportan innovaciones en diferentes áreas del conocimiento humano obligan a repensar la manera de aprender y dejar de lado las limitaciones relacionadas con la edad de las personas.

El historiador israelí Yuval Noah Harari plantea que, a diferencia de las generaciones pasadas, hoy las personas no necesitan más información, sino aprender a evaluar y sintetizarla. En ese sentido, sostiene que las capacidades más valoradas serán el pensamiento crítico, la comunicación, la colaboración y la creatividad, además de la capacidad de adaptarse a los cambios. En este contexto, es necesario generar nuevas oportunidades de aprendizaje y formación para personas adultas con formatos más flexibles que, en la medida de lo posible, lleguen a amplios sectores de la población.

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