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Exposición de niños al marketing de alimentos

La ley nacional de Promoción de la Alimentación Saludable, que lleva el número 27.642 y que también es conocida como "Ley de etiquetado frontal", acaba de cumplir un año de vigencia. Por ese motivo, las obligaciones -que la norma impone- relacionadas con la información nutricional que deben recibir los consumidores volvieron a ocupar un lugar central en el debate público de los últimos días. En ese contexto es necesario detenerse también en el papel que desempeña la comercialización de alimentos y bebidas dentro de las causas de las crecientes tasas de obesidad infantil.

Hace ya bastante tiempo que nutricionistas vienen advirtiendo sobre el problema de los alimentos y bebidas que tienen un alto contenido en azúcares, grasas, sodio y calorías y que inundan, a través de sofisticadas campañas de marketing, las pantallas de computadoras, tablets y celulares, apuntando a un segmento bien definido de consumidores: los niños, las niñas y los adolescentes que buscan entretenimiento en esos dispositivos. En ese sentido, merece destacarse la investigación que, oportunamente, llevó a cabo Unicef Argentina con el objetivo de identificar y caracterizar las prácticas de marketing digital utilizadas por las principales empresas de alimentos y bebidas no saludables para dirigirse a ese sector de la población. Si bien el trabajo -que se volcó en el informe "Exposición de niños, niñas y adolescentes al marketing digital de alimentos y bebidas en Argentina"- se publicó en mayo de 2021, todo indica que la mayoría de los datos que aporta ese documento mantiene plena vigencia.

Volviendo a la ley de etiquetado frontal, que tiene estrecha relación con el tema investigado por Unicef, vale recordar que fue sancionada en octubre de 2021, es decir unos meses después de la publicación del citado informe difundido por la oficina local del organismo internacional. Hay que señalar, además, que la norma nacional ordena a las empresas de alimentos procesados que aquellos que contengan exceso en grasas, azúcares, sodio y calorías incluyan en sus envases información clara y precisa sobre ese contenido. Al momento de aprobarse la ley en el Congreso, los legisladores explicaron que las empresas fabricantes de alimentos y bebidas debían reformular la elaboración de sus productos para reducir el contenido que pueda resultar nocivo para la salud y, al mismo tiempo, revisar los contenidos de las publicidades dirigidas a niños y adolescentes. Y es aquí donde adquiere mayor importancia la recomendación de Unicef para que se discuta hasta qué punto niños, niñas y adolescentes están expuestos a alimentos poco saludables a través del marketing. Y para aportar a ese debate, el organismo hizo públicos los resultados de la investigación que llevó a cabo para dimensionar la exposición de los chicos a la comunicación de medios digitales de alimentos y bebidas de bajo valor nutricional, con exceso de sal, azúcar y grasas. Según esa investigación, ocho de cada diez chicos dijeron estar expuestos a publicidades de alimentos y bebidas vistos en línea y uno de cada dos reconoce haber pedido que compren un alimento específico en su hogar porque lo vio en una publicidad. En el capítulo dedicado a usos y hábitos digitales de los niños, el trabajo reveló que en promedio siete de cada diez veces que las marcas publican algún tipo de contenido en redes están mostrando explícitamente alguno de sus productos. Si eso en sí mismo no representa nada cuestionable, la opinión cambia cuando se observa que, según Unicef, todos los productos observados no estarían permitidos si se aplicaran los criterios de perfil nutricional que fija la Organización Mundial de la Salud (OMS) por tener exceso en algún nutriente crítico. La investigación concluye que es necesario establecer límites específicos para la comunicación de estos productos, que comienza con la claridad de la información nutricional que brindan a los consumidores.

Se trata de un asunto que no es menor en estos días en los que los hábitos alimentarios de amplios sectores de la población se vieron afectados por los aumentos de precios de alimentos frescos como frutas y verduras, que se vuelven productos inalcanzables para muchos hogares. Además, esa dificultad para acceder a productos con mayor valor nutricional se traduce, lamentablemente, en un aumento de la tendencia al consumo de alimentos poco saludables.

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