Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

La salud de la democracia

Cada vez que se celebran elecciones, se espera que el resultado de las urnas marque el comienzo de un nuevo período de progreso material para el conjunto de la sociedad.

Pero el aumento de la pobreza, la polarización que impulsan sectores minoritarios, la creciente desigualdad y la falta de una razonable estabilidad en la economía conspiran contra esa legítima esperanza de la ciudadanía.

Este año nuestro país celebrará 40 años de democracia ininterrumpida. Un repaso de las cuatro décadas permite comprobar que, efectivamente, se logró una serie de conquistas que hicieron de la Argentina un país con suficientes anticuerpos para rechazar la violencia política y consolidar el sistema democrático. En todo este tiempo, la sociedad aprendió superar tensiones y comprobó la importancia que tiene respetar el principio de mayoría, garantizar la transparencia en los procesos electorales y la sucesión pacífica del poder. Eso explica, en gran medida, la continuidad democrática y el respeto al orden constitucional. Sin embargo, hay muchas cosas que no están para nada bien.  Casi la mitad de la población vive en situación de pobreza, y casi seis de cada diez niñas, niños y adolescentes viven en hogares que no llegan a fin de mes. Eso no es todo. Según un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) advierte que, desde el regreso de la democracia en 1983 hasta el año 2020, el país padeció nueve crisis económicas, algunas de años de duración. Y hoy, como todos sabemos, la inflación vuelve a poner contra las cuerdas a muchas familias. El documento del CIPPEC señala, además, que hoy el país tiene el mismo PBI per cápita que hace 40 años, mientras que la desigualdad de ingreso sigue siendo la de 1986. En ese sentido, advierte que en 2018, es decir antes de la pandemia y de las tensiones internacionales por el conflicto en Europa del Este, la disconformidad con el funcionamiento democrático en nuestro país alcanzó al 65% de la población encuestada, el valor más alto desde que se inició la medición. ¿Existe acaso una erosión gradual de las instituciones representativas? ¿Podría el descontento abrir las puertas a una salida autoritaria? Son preguntas que invitan a la reflexión y que fueron oportunamente planteadas en el libro "¿Por qué tomarse la molestia de hacer elecciones? Pequeño manual para entender el funcionamiento de la democracia", cuyo autor es el politólogo Adam Przeworski y cuya lectura se recomienda. Vale aclarar que se trata de un trabajo que aborda la problemática a nivel global y en el que se observa, entre otras cosas, que los comicios que se celebran en las democracias actuales siguen siendo el menos malo de los mecanismos para elegir a quienes nos gobiernan. Pese a todo, avisa Przeworski, las elecciones y los procesos electorales son un método irrenunciable, entre otras razones porque apuntan a procesar de manera pacífica los conflictos en las sociedades con profundas divisiones. Respecto a esto último, hay que recordar que según una investigación realizada el año pasado por la organización de la sociedad civil Más Democracia, Argentina es el segundo país de Iberoamérica con mayor grado de polarización en el debate público. Así lo revela un documento titulado "La droga oculta", que advierte sobre el poder adictivo de los posicionamientos extremos en las conversaciones que tienen lugar a través de las redes sociales y que contribuyen a profundizar las divisiones en la sociedad.

"La Argentina pudo comprobar hasta qué punto el quebrantamiento de los derechos del pueblo a elegir sus gobernantes implicó siempre entrega de porciones de soberanía al extranjero, desocupación, miseria, inmoralidad, decadencia, improvisación, falta de libertades públicas, violencia y desorden. Mucha gente no sabe qué significa vivir bajo el imperio de la Constitución y la ley, pero ya todos saben qué significa vivir fuera del marco de la Constitución y la ley", dijo Raúl Alfonsín en su primer discurso como presidente ante el Congreso Nacional.

A pesar de todas las dificultades, hoy la ciudadanía debe seguir comprometida con la defensa de la democracia involucrándose en los asuntos que son de interés público. Por eso es importante promover el diálogo, mejorar la calidad de las instituciones representativas y garantizar una genuina división de poderes, tres pilares que son fundamentales para la buena salud de la democracia.

Te puede interesar