Colegio Nuestra Señora de Itatí
La providencia que se sirve de las almas apostólicas para la realización de sus grandes destinos sobre los pueblos dispuso que visitara Resistencia la Reverenda Madre María de los Ángeles Ferreira, superiora general de las hermanas Misioneras Franciscanas.

Un solo golpe de vista bastó a la inteligente superiora para prever los altos destinos a que llegaría este pueblo. Ideó un colegio para la educación de las niñas: "Será la simiente que producirá el buen fruto en esta población, cristianizando la familia". Animada de estos propósitos, el 4 de marzo de 1917, siendo el gobernador Dermidio Galíndez y cura vicario el padre Bernardino Marconetto, fundó el Colegio de Nuestra Señora de Itatí.
Cuenta la crónica que en una calurosa jornada de marzo de 1917, un grupo de religiosas de la congregación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, proveniente de Córdoba, ponía en marcha la primera escuela católica para mujeres en la joven comunidad de Resistencia. Nacía así un colegio pionero en la formación de varias generaciones de jóvenes chaqueñas.
Hoy el colegio continúa con una labor que —iniciada un siglo atrás— dejó su impronta en la historia de la educación provincial. En noviembre de 1912, el Ministerio de Educación de la Nación autorizó la creación de la escuela, que finalmente se puso en marcha cinco años después. Una reducida comunidad religiosa, a cargo de la superiora Soledad Bonadetti, llegó entonces a Resistencia para ponerse al frente del nuevo establecimiento escolar.
Según consta en los libros de actas que conserva el colegio, hasta 1935 las actividades se limitaron al nivel primario; a partir de 1937 comenzó a funcionar el ciclo medio. "El hecho conforma un hito fundamental en la historia de la educación chaqueña, por cuanto el colegio Nuestra Señora de Itatí y la Escuela Normal Sarmiento, creada en 1910, fueron los únicos establecimientos que formaron maestros en nuestra comunidad", destaca uno de los textos que testimonian los comienzos del colegio Itatí.
Las primeras clases del colegio Itatí se dictaron en el edificio ubicado en la esquina de Irigoyen y Pellegrini, actualmente ocupado por el Café de la Ciudad. Con el paso del tiempo y ante el sostenido aumento del número de alumnas, la escuela pronto necesitó de un espacio más amplio. Fue así como, después de intensas gestiones, obtuvo el terreno delimitado por las calles Marcelo T. de Alvear, Santa Fe, Posadas y la avenida Wilde, donde finalmente se construyó el edificio definitivo, que se fue ampliando en años siguientes.

La propiedad ocupada anteriormente por Don Luis Puppo y familia, su carpintería, estaban ubicadas en ese lugar que hoy ocupa el colegio en Avenida Wilde. Este pionero donó ese predio para la construcción. Decía Mila Dosso: "Hablar de los más de 100 años que el 4 de marzo cumple el Colegio Nuestra Señora de Itatí supone para muchas generaciones de "niñas" ya no tan niñas, desandar recuerdos profundamente arraigados en el corazón, que aunque no siempre bellos, han dejado su inexorable e implacable huella. Porque fueron los años de la infancia, los juegos, la inocencia... cobijándose en largas galerías e inmensos patios soleados; y fueron también los años más crudos de la temprana adolescencia. Aquellos en los que un fuerte sesgo místico estalla en el alma en un deseo irresistible de encontrarle un interés puro y trascendente a nuestras vidas, abrazadas a un Dios que muchas veces nos negaron, encerrándolo en rigorismos propios de la época -pero no por ello menos crueles- que nos atrapaban en la paradoja de negar nuestra más profunda y esencial naturaleza humana en el altar de dogmas que, más que un "re-ligarnos" con un Dios amoroso y dador de vida, nos ofrecía un código moral en el cual ese Dios que anhelábamos era solo un patrón".
"Transcurrieron los años, nuevos vientos soplaron en la Iglesia con el Concilio Vaticano II, y suaves brisas comenzaron a acariciar tímidamente los corazones de las nuevas generaciones que siguieron poblando los patios, las aulas y la hermosa capilla del colegio, donde tantas veces refugiamos nuestro desconcierto frente a ese Cristo que desde su cruz quería hablarnos de otro modo. 106 años no pasan en vano y -entre avances y retrocesos- si el Colegio Nuestra Señora de ltatí los cumple, ojalá signifiquen la promesa de los arrolladores vientos de un mensaje cristiano que edifique en cada niña, en cada adolescente, en cada joven, un altar donde se glorifique el gozo de la vida, del amor y la solidaridad comprometida con el prójimo".










