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El trabajo infantil hipoteca el futuro

El trabajo infantil hipoteca el futuro de los chicos y, por lo tanto, el porvenir de la sociedad misma. El ingreso de los niños al mundo laboral vulnera su derecho a disfrutar plenamente de la infancia y casi siempre los lleva a abandonar la escuela en forma prematura. Pero eso no es todo, también los expone a sufrir daños físicos y psicológicos que podrían resultar irreversibles.

Cuando se habla de trabajo infantil se hace referencia a toda actividad económica o estrategia de supervivencia, remunerada o no, realizada por niñas y niños, por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o trabajo, o que no han finalizado la escolaridad obligatoria. Es un drama que está presente en prácticamente todo el mundo y por eso la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas llama a poner fin al trabajo infantil en todas sus formas y propone adoptar medidas para llegar al año 2025 libres de ese flagelo.

En 2021, por primera vez después de dos décadas en todo el mundo se registró un aumento del número de niños, niñas y adolescentes que trabajan, debido fundamentalmente a la crisis sanitaria que desató el Covid-19. En esa oportunidad, un informe global sobre preparado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) con la colaboración de Unicef, alertó que pese a que muchas naciones prohíben las tareas remuneradas o no de menores que están por debajo de la edad mínima de admisión al empleo regulado en cada país, la cantidad de niños que trabajan se elevó ese año a 160 millones en todo el mundo. Ayer, ambas organizaciones internacionales anunciaron que el próximo miércoles 1 de marzo publicarán un nuevo documento con datos actualizados sobre los niveles de protección social de los niños en todo el mundo.

En nuestro país, el trabajo infantil está prohibido y constituye un delito penal: la ley castiga con penas de hasta cuatro años de cárcel a quienes son hallados culpables de cometer este delito, y también aplica sanciones administrativas a los infractores con multas de hasta el 2000 por ciento del salario mínimo vital y móvil por cada niño o niña que trabaje. Distintos estudios que se realizaron para poner en contexto los casos en los que se detecta trabajo infantil coinciden en señalar que existe una relación directa con las condiciones socioeconómicas desfavorables que sobrellevan las familias a la que pertenecen los chicos. En otras palabras, el drama afecta en todos los casos a grupos familiares en situación de vulnerabilidad y con notables desventajas sociales, culturales o económicas, donde los adultos responsables de su crianza entienden, por diversos motivos, el imperativo de incorporarlos en forma prematura al mundo laboral. La experiencia muestra que en estos contextos de desventaja muchas veces se tiende a considerar al trabajo prematuro como algo natural o una fatalidad inevitable. Todos los niños necesitan protección, aunque algunos requieren una mayor contención debido a la vulnerabilidad que viven por pertenecer a familias de bajos recursos. Por eso es importante velar permanentemente para que se cumplan los derechos de los niños y para que el trabajo infantil sea erradicado.

El trabajo en las edades no permitidas por la ley hace que los chicos abandonen en forma prematura sus estudios y los expone a sufrir serios daños físicos y psicológicos, que los acompañarán por el resto de sus vidas. Es por eso que ese ingreso temprano al mundo laboral debe ser considerado como un verdadero flagelo para la sociedad en su conjunto.

Los niños, niñas y adolescentes deben vivir su infancia en plenitud y por eso se debe garantizar su educación, evitando que se vean perjudicados en su desarrollo físico y psicológico por el ingreso temprano al mundo laboral. El compromiso de todos los sectores de la sociedad es fundamental para luchar contra este flagelo. Los organismos estatales con competencia en la materia, en tanto, deben continuar con su labor para prevenir o poner fin a situaciones que están en conflicto con las leyes vigentes. Los esfuerzos deben estar orientados a prestar especial atención a los sectores más vulnerables de la población, que es donde existen mayores índices de abandono escolar por el ingreso temprano al mercado laboral.

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