La vulneración de una familia aumenta si, por ejemplo, reside en una zona inundable
Dos de cada tres niñas y niños en Argentina son pobres o están privados de derechos básicos como habitar una vivienda en condiciones seguras o con cloacas.

El 66% de niñas y niños de la Argentina son pobres por ingresos o están privados de derechos básicos, como el acceso a la escuela, protección social, una vivienda o un baño adecuado.
Este miércoles Unicef presentó un informe que recordó datos del Indec: el 51% de chicos y chicas vive en la pobreza monetaria, unos 6,8 millones y que otros 1,7 lo hacen en la pobreza extrema.
El trabajo se construyó a partir de datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.
Otros elementos
El aumento constante de la canasta básica incide y también factores como el hecho de que se trate de un hogar monoparental, o que la sostén sea una mujer, o que se ubique en un barrio popular.
La pobreza no monetaria, por incumplimiento de derechos, alcanza al 42,5% de las infancias, es decir a unos dos millones de chicos y chicas.

Las vulneraciones se incrementan, por ejemplo, si se vive cerca de un basural o de una zona inundable, porque limitan aún más el acceso a derechos.
Y en una mirada más detenida pesan mucho algunas condiciones básicas de la vivienda, como tener un baño, o acceso al agua segura.
Con trabajo
En relación con la pobreza monetaria y las privaciones no monetarias se advierte que nueve de cada diez chicas y chicos en situación de pobreza monetaria viven en familias en las que el papá o la mamá trabaja.
Ese dato refleja que la creación de empleo, sin tomar en cuenta su calidad, no permite salir automáticamente de la pobreza.
Siete de diez (el 76%) de estas chicas y chicos pobres viven en hogares donde los adultos tienen trabajos informales o relaciones laborales precarias.


La diferencia
‘El tipo de empleo marca la diferencia‘, explicó Sebastián Waisgrais, especialista en Inclusión de Unicef Argentina.
Waisgrais guió su presentación apoyado en gráficos que expusieron cómo la tasa de pobreza de niñas y niños que residen con personas ocupadas formalmente disminuye al 32%, y aumenta al 60% cuando viven con adultos ocupados en tareas de la informalidad.
‘Este dato nos permite observar que no se sale de la pobreza creando cualquier tipo de empleo, sino creando empleo decente, es decir, protegido y de calidad‘, sostuvo el especialista.
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